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Millones en viajes y muerte en hospitales
Viernes,  15 de Junio, 2018

Me pregunto cuántos mandatarios de países colindantes de Bolivia y otros vecinos del continente con selecciones nacionales clasificadas, y de presidentes de países que no lograron el objetivo, viajarán al Campeonato Mundial de Fútbol a realizarse en la inmensa Rusia. Irónicamente, es sugestivo que Colombia, Brasil, Venezuela, Argentina, Chile, Ecuador, Perú, Paraguay, Uruguay, en ése orden, destacan en el medallero de los recientes Juegos Deportivos Suramericanos realizados en Cochabamba; menos mal que potencias mundiales deportivas como Panamá, Surinam, Aruba y Guyana están detrás del modesto décimo puesto alcanzado por nuestro país.

Dos hechos me consuelan. Uno, ya no voy al estadio, pero soy hincha de Wilstermann desde que se llamaba San José de la Banda, y saco pecho de que salió Campeón del primer torneo Apertura de la División Profesional del Fútbol boliviano. Dos, llegamos a casi nada en las Eliminatorias del Mundial, pero el hincha número uno, campeón de rodillazos a “k’orotas” de adversarios viajará casi 20.000 Km a Rusia, en el cuarto Campeonato Mundial al que asistirá. No es la cuenta bancaria (o el colchón) de Evo Morales de donde saldrá la plata. Es del bolsillo de electores bolivianos que mermará 1,5 millones de bolivianos solo en combustible. ¿Serán gratis sueldos de tripulantes y “tripulantas”, asistentes y “asistentas”, acólitos y “acólitas”? ¿Y los hoteles, entradas preferenciales y las comidas? 

Bueno, se hace fortuna con el poder, dirá algún cínico gobiernista. Al fin de cuentas, sin que hasta ahora revelen quiénes son “Alvarín” y “Cotapati” o “Paty” de emails que repartían “coimisiones” en la construcción de caminos, ¿acaso hoy no combate la corrupción que husmeen hediondeces en la gestión de cinco ex presidentes: Patricia Ballivián, Luis Sánchez, Antonio Mullisaca, Noemí Villegas y Marcos Loayza? 

Todavía me suncha el corazón la triste suerte de mi hermano Luis Eduardo Dorado Erdland. Murió en un pasillo atosigado de Emergencias porque no había camas y menos habitaciones en el nosocomio departamental. En la madrugada le habían llevado enmanillado en un taxi, de la cárcel adonde le había recluido una que otrora le abrió las columnas del placer y engendró un hijo tal vez inesperado para ella y descuidado por él. No debería extrañar, mi amigo estaba entre los mil bolivianos para los cuales hay solo 1,1 camas, un índice que sitúa el país en el penúltimo lugar de Latinoamérica. 

Y es que las estadísticas de salud en Bolivia son un calvario doloroso. El presupuesto de salud es el menor según el Banco Mundial: en 2015 solo $92 dólares por cabeza comparado con promedio de $715 dólares en Suramérica; ¡pucha!, hasta Paraguay gasta $126 verdes. Los países platenses, (Argentina y Uruguay), Chile y Costa Rica superan los mil dólares anuales; ni qué hablar de inversión de entre $3.000 y $4.000 dólares de países “desarrollados”. Bolivia es el peor en personal de salud (médicos, enfermeras, salubristas, etc.): 14,1 muertos de hambre versus los 25 por cada 10.000 habitantes recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS); ¡ah, si tuviéramos los 134,6 de Cuba, cuyo ejemplo político emula este Gobierno! La ONU denuncia que uno de cada cinco bolivianos sufre hambre, mientras su mandamás quizá comerá platos de chef en el avión presidencial, caviar de huevecillos de esturión en Rusia, y delicias perrunas o de especies en extinción en China. ¡Ah!, pero punteamos en mortalidad infantil, dirá algún ignorante: se mueren 43,1 niños menores de 5 años por cada mil bebés nacidos vivos. 

A las falencias del sistema de salud en Bolivia –calidad y cantidad de centros médicos, los esforzados que los atienden, el equipamiento y otros, se suman los conflictos sociales siendo que las dolencias no saben de paros ni huelgas. Tal vez no ubican tumores a extirparse porque los equipos no funcionan bien desde hace más de 10 años, dice una aquejada de cáncer; lo ratifica una abrumada profesional que afirma que tienen un solo equipo en la Unidad de Radioterapia. Y esto es en la sede de gobierno con lujoso Palacio de 20 y tantos pisos: ¡imaginen qué pasa en el resto del país! 

Mi amigo fue solo un caso doloroso de muchas tragedias que sufrimos con la distorsión de prioridades del Gobierno. Toleramos un viaje vanidoso a un costo de miles de morlacos que salen del bolsillo de los bolivianos, siendo que Bolivia sigue a la cola en la región con el menor gasto en salud. Debería avergonzarnos que una decena de países africanos inviertan más en salud que nuestro país, y que según un informe del IDH, quizá algo tengan que ver los derechos humanos, ya que “potencias” africanas de Cabo Verde, Zambia y Namibia exhiben datos similares a los de Bolivia.