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Editorial
Inestabilidad en puertas
Viernes,  20 de Abril, 2018
Inestabilidad-en-puertas

Los obispos de Bolivia han pronunciado la palabra clave en la advertencia que hicieron en caso de que el Gobierno se empecine en no respetar los resultados del referéndum del 21 de febrero de 2016. Al cabo de la asamblea anual celebrada en Cochabamba, la Conferencia Episcopal (CEB) afirma que Bolivia corre el peligro de volver a la inestabilidad del pasado, si es que se violan la constitución y los principios de la democracia.

“Apoyamos el Estado de derecho, que se respeten los derechos humanos, que se respete nuestro país, la Constitución Política del Estado, porque si no, entramos en una ilegalidad, en una desestabilidad de las instituciones del país; respetemos las leyes que tenemos”, fueron las palabras del presidente de la CEB y obispo de Potosí, Ricardo Centellas al concluir el encuentro de análisis de la realidad nacional que periódicamente realizan los líderes de la Iglesia Católica.

La exhortación alude al problema más grave que ha tenido la política boliviana desde el nacimiento de la república y que le han dado al país la fama de ingobernable. Pese a que el presidente Morales ha roto todos los récords de permanencia en el poder y su mandato ha sido caracterizado por la estabilidad, Bolivia aún tiene una marca mundial por el bajísimo promedio de duración de periodos presidenciales, el abultado número de golpes de estado, ya sea por obra de asonadas militares o por maniobras ilegales que permitieron el ascenso al poder de individuos sin legitimidad ni respaldo popular.

Bolivia siempre ha tenido problemas estructurales como la pobreza, la falta de servicios, la ausencia de vías de comunicación y la carencia de un modelo productivo sostenible, pero su drama esencial ha sido la imposibilidad de conformar un Estado basado en leyes, en instituciones y en procesos políticos con la autoridad moral, jurídica y la legitimidad indispensables para enfrentar los desafíos que están pendientes desde 1825.

Muchos están convencidos de que en Bolivia nunca sucederá lo mismo que está ocurriendo en Venezuela. Eso es cierto en parte, pues nuestro país ha vivido dramas económicos tan graves y procesos hiperinflacionarios tal vez peores, aunque en el periodo contemporáneo nunca hemos tenido que atravesar un deterioro tan pronunciado del estado de derecho y los derechos humanos. La situación venezolana de escasez y precariedad no es nueva. Ya en tiempos de Hugo Chávez se les pedía a los ciudadanos que se bañen en cinco minutos y los supermercados lucían vacíos, sin leche ni papel higiénico. Sin embargo, todo se descontroló cuando Nicolás Maduro asumió la presidencia en medio del fraude, cuando desconoció los resultados de las elecciones legislativas y de otros comicios y cuando montó una constituyente para aprobar leyes a la medida de una dictadura.

Es obvio que lo mismo puede pasar en Bolivia si se mantiene la tozudez de pasar por encima de la voluntad del soberano, de inventarse una interpretación absurda para falsear la constitución y se insiste en hablar de la decisión del pueblo, cuando en realidad estamos hablando de las elucubraciones de un grupo que se niega a abandonar el poder por miedo a las consecuencias.

El mayor drama de Bolivia ha sido su inestabilidad, la imposibilidad de conformar un Estado basado en leyes, en instituciones y en procesos políticos con la autoridad moral, jurídica y la legitimidad indispensables para enfrentar los desafíos que están pendientes desde 1825. 

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