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Editorial
Universidad y mercado laboral
Lunes,  19  de Febrero, 2018

La marcada tendencia de los bachilleres cruceños por escoger las carreras tradicionales antes que las técnicas, ha vuelto a colocar sobre la mesa del debate no solo la necesidad de reforzar la orientación vocacional de los estudiantes en el ciclo secundario, sino también la de redefinir la oferta de la matrícula universitaria de acuerdo a las necesidades de la región y el país. La última prueba de suficiencia académica para ingresar a la universidad estatal cruceña “Gabriel René Moreno” ha sido una nueva constatación de este fenómeno. De hecho, no solo se ha superado con amplitud la cantidad de aspirantes, sino que la mayoría se ha inclinado por las carreras tradicionales.
 
Resulta un contrasentido que ante una sobreoferta de profesiones tradicionales como Contaduría, Medicina y Derecho en un mercado laboral cada vez más reducido para el ejercicio de estas carreras, los bachilleres cruceños sigan engrosando las filas de los futuros egresados sin trabajo ni perspectivas. Se ignora de manera tozuda que las necesidades del mercado laboral giran en torno a las carreras técnicas en diversas ramas de la actividad empresarial, la cadena productiva y la de servicios. Existe una sentida necesidad de técnicos para los sectores industrial, financiero, manufacturero, energético, comunicación, minero, salud, público y gastronómico, antes que cualquier licenciatura.
 
Esto quiere decir que los egresados de carreras técnicas encuentran trabajo con mayor facilidad y en menor tiempo, siendo beneficiados además, por lo general, con remuneraciones que ya envidiaría un profesional de carrera tradicional. Sin embargo, los egresados como abogados, médicos y contadores engrosan cada año la población desocupada y obligada a dedicarse a otras actividades para vivir que nada tienen que ver con las profesiones que han escogido. Esta realidad ha sido puesta en evidencia repetidas veces sin que la tendencia por las carreras tradicionales haya cambiado de manera sustancial. Sin duda, resulta una prueba más de la obsolescencia del sistema educativo.
 
En este contexto, todo indica que la orientación vocacional en el ciclo secundario es una especie de saludo a la bandera. Ni la toman en serio los educadores y menos la aceptan los educandos. Hasta es probable que esta orientación vocacional esté orientada a las carreras tradicionales y no precisamente a carreras técnicas. Esta suerte de menosprecio por lo técnico puede estar reflejando una visión elitista de la educación, a contramano de los tiempos que corren, tan urgido de trabajadores capaces de utilizar la tecnología pujante y boyante que se ha apoderado de la mayor parte de las actividades humanas, y en especial de la actividad productiva y la de servicios. Toda una clara transformación.
 
Por otra parte, cada vez se pone en duda el rol transformador de la educación superior, al menos bajo los actuales cánones. La oferta de carreras incide sobre las tradicionales antes que las técnicas, y no resulta extraño que la mayor parte de la matrícula universitaria se incline por las primeras. Los bachilleres y sus familiares parecen no haber advertido que el mundo está cambiando y que las necesidades del país y el departamento van por otro camino. Las universidades siguen expulsando profesionales que no encuentran trabajo ni son necesarios en esta coyuntura histórica, social y económica. No es posible seguir frustrando a la juventud. Es hora de un golpe de timón.

Las universidades siguen expulsando profesionales que no encuentran trabajo ni son tan necesarios en esta coyuntura histórica, social y económica. No es posible seguir frustrando a la juventud. Es hora de un golpe de timón.