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¿Nada que exponer?
Miércoles,  13  de Diciembre, 2017

Cuando el mundo parece decir, como en la década del sesenta, que “no hay nada que exponer”, por efecto de una ola de desencantos; surge con fuerza el paradigma de la tecnología inundando claustros universitarios, medios de información e instituciones, provocando nuevas expectativas casi como si se tratara de una panacea definitiva para enfrentar los desafíos de la sociedad contemporánea. El discurso político y la acción económica, “per se”, parecen haber quedado atrás.

Mauricio Bouskela del BID, entrevistado por la revista ENERGÍABolivia señalaba, por ejemplo, que las tecnologías han llegado para quedarse y que son “mandatorias” para alcanzar una vida más eficiente, productiva y de calidad, aludiendo a la urgencia de contar con fuentes primarias de energía, cada vez menos contaminantes, en función de la tecnología. Ergo, la tecnología parece ser hoy la alternativa fáctica para la construcción del presente y el futuro.

La propia industria de los hidrocarburos ha señalado que el sector se encuentra en una etapa de transición, por efecto precisamente de la incursión de la tecnología. Marta Jara, presidente de la Administración Nacional de Combustibles Alcohol y Portland (ANCAP) del Uruguay, sostuvo, en esta línea, que era urgente mirar el sector más allá de la energía. Es decir, reflexionando sobre la revolución tecnológica y sus impactos en esta industria.

Ella dijo que estos avances afectarán no sólo el desarrollo sino también en la fuerza laboral del sector, graficando nuevos tiempos y nuevas convenciones para hacer las cosas. Hizo ver que las empresas “deberán encontrar las formas” de no quedarse atrás frente a esta ola de innovaciones y adelantos tecnológicos que han cambiado muchas cosas en muy poco tiempo.

La eficiencia energética se ha convertido, en esta línea, en un discurso permanente y, al mismo tiempo, en un desafío a enfrentar a partir de los adelantos tecnológicos. Muchas empresas han reconocido que la innovación debe ser parte de sus potencialidades, sin dejar de reconocer que el factor costo sigue siendo una limitación. Un ejemplo de ello es el proyecto Vaca Muerta en la Argentina que para ingresar a la era de los shales, debe apostar a inversiones mayores, fundamentalmente por el tipo de tecnología requerida .

Claudia Cronenbold, en su evaluación sobre la situación del sector en la gestión que concluye, dijo, precisamente, que ésta era parte de lo que el Consejo Mundial de Energía denomina como “la Gran Transición” en la que hay una reconfiguración del sector de la energía tanto por el ingreso de nuevas tecnologías como por la digitalización y optimización de los procesos, aunque también por la incertidumbre en los precios y el mayor poder del consumidor.

Como telón de fondo, hizo notar que en América Latina y el Caribe, los aspectos más críticos que han mantenido la atención de los líderes del sector energético, este año, han sido la desaceleración económica regional que, desde mi punto de vista, dificulta una mayor aproximación al desarrollo tecnológico; el precio de las materia primas y los eventos climáticos extremos. Por tanto, no es mentira que la innovación tecnológica se ha convertido en algo transversal que está permeando la sensibilidad de la gente, y las miradas entre unos y otros, pero, sobre todo, está afectando los patrones de producir, incorporando nuevas perspectivas de vida y nuevos desafíos.

Pienso que, en efecto, son nuevos signos los que están llegando vía la tecnología. Sin embargo, lo que en verdad debería preocuparnos, es cómo es que estos nuevos signos se irán relacionando entre sí para reinventar el presente y el futuro, en medio de una entropía que no ha encontrado aun su propia medida de orden. Es probable que en este contexto, muchos como yo, sientan precisamente que, por el momento, “no hay nada que exponer”...