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Editorial
El alza salarial
Lunes,  20 de Marzo, 2017

Las iniciales negociaciones para el incremento salarial de los trabajadores del país han comenzado con más sombras que luces. Sombras, en primer lugar, porque se ha marginado a la empresa privada en la discusión de un tema crucial. En segundo lugar, porque se han puesto encima de la mesa de debate los referentes de un alza salarial calculado sobre la base de la canasta familiar, por un lado. Y enfrente de este, el de los porcentajes de la inflación, a sabiendas que son extremos que no concilian. Las luces provienen de la instauración de mesas técnicas de trabajo, donde funcionarios del Gobierno dialogarán con representantes de los trabajadores en procura de soluciones.

Sin embargo, los representantes de la Central Obrera de Bolivia, ente matriz que congrega a la masa trabajadora, han solicitado que en la discusión de los temas de las mesas de trabajo se designen a funcionarios gubernamentales con capacidad de decisión. Esto significa que se está solicitando personal ministerial de nivel capaz de alcanzar soluciones de consenso sin necesidad de someter los resultados a la aprobación de otra jerarquía. En el mismo tono, se ha solicitado que los empresarios privados no participen de las mesas de negociación, con el argumento que no respetan los derechos de los trabajadores. El Gobierno ha aceptado ese extremo para evitar la confrontación.

Resulta lamentable que, pese a los acuerdos previos sobre el tema salarial, se deje a un lado a los empresarios privados. Conviene recordar que se había establecido, en aras de la convivencia social, que se debería encontrar el consenso sobre temas álgidos como es el incremento salarial para los trabajadores, a través de una tríada conformada por personeros del Gobierno, de la Central Obrera y la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia. Este acuerdo no se está cumpliendo. El hecho de marginar a un sector, con el solo argumento del no respeto a los derechos de trabajadores, enturbia un ambiente que se presentaba propicio para limar asperezas entre sectores contrapuestos.

De esta manera, las negociaciones se realizarán solo entre el Gobierno y la Central Obrera Boliviana, sobre cuatro ejes temáticos: social, económico, normativo y productivo. Para ello, las mesas de trabajo abordarán las demandas de los trabajadores inscritas en el Pliego Petitorio del sector, en un clima en apariencia conciliador pero que deja espacios para la susceptibilidad de los empresarios. En el terreno de los hechos, la empresa privada estará impedida de exponer sus argumentos, de suyos importantes, que podían servir para arribar a soluciones de consenso. Además, impresiona como aberrante para la democracia, que un sector productivo privado no pueda expresarse.

Todo indica que el alza salarial será revisado y aprobado desde las ópticas gubernamental y trabajadora, con todo lo que ello significa. Si las soluciones se decantan hacia el referente de la canasta familiar, o sobre los porcentajes de la inflación, el sector empresarial puede considerar que se lo perjudica a sabiendas, lo cual no es precisamente un estímulo para ofrecer el hombro a las iniciativas que conduzcan al desarrollo del país. Si el segundo aguinaldo resulta una cruz, un alza salarial incoherente con la situación y salud económica de la empresa privada, puede ser lapidario para mantener firmes los promisorios compromisos asumidos por el sector con el Gobierno.

Si el segundo aguinaldo resulta una cruz, un alza salarial incoherente con la situación y salud económica de la empresa privada, puede ser lapidario para mantener los promisorios compromisos asumidos por el sector con el Gobierno.