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Control del agua, riego y energía
Viernes,  29 de Abril, 2016

Rehúso meterme en la arena movediza de los elementos de la materia según chinos, japoneses e indios, limitándome a los cuatro de los griegos: aire, agua, fuego y tierra. La semana pasada fue turno de la sopa que respiramos: el aire. Es platillo que comemos todos, con aderezos de heces humanas y perrunas, humos de ladrilleras, polvillo de yeso, dióxido de carbono del escape de vehículos y humaredas tóxicas de llantas en bloqueos e incendios provocados, como el del botadero municipal que hasta lluvia ácida dicen que trajo. 

Hoy le toca al agua. El planeta puede estar inundado de océanos, pero es agua salada. La dulce será motivo de futuras guerras, ya lo he advertido. Bolivia es una potencia mundial en ríos, arroyos, lagos y lagunas de agua dulce. Pero como en todos los recursos que la bendicen, la ignorancia de la gente o la estupidez de sus gobernantes, o ambos, están postergando la oportunidad que representan.

El control del agua es una prioridad. El espejo nuestro debe ser la represa Renacimiento de Etiopía, país africano con el que compartimos hasta los colores al revés de la tricolor, amén de una mediterraneidad impuesta hace poco. La gran represa producirá 6.000 megavatios de electricidad, que servirá a una Etiopía paupérrima y también a los pobres de Sudán y Egipto (para no hablar de Somalia). Programada para terminar en 2017, los recelos vienen del control del agua en el río Nilo Azul, que discurre por Katmandú, capital de Sudán, y nutre el gran Nilo egipcio hasta su faraónica represa de Asuán y su inmenso lago Nasser. 

Pasa lo mismo con las aguas arriba de manantiales de Silala, desviadas de inicio para enfriar locomotoras del tren Uyuni-Antofagasta y que hoy atienden la demanda de minas y ciudades chilenas, El dueño de los fierros bélicos hizo aguantar el abuso del desvío en territorio chileno de las aguas del río Lauca; ¿aguantaría el dogo mapuchino si se desviaran aguas bolivianas de Silala? 

No pasaría lo mismo con las represas del Bala y de Rositas, ubicadas ambas en territorio nuestro y con mercado en Perú, Brasil y Argentina, respectivamente. Otra, aguas arriba del río Sajta; la energía de su represa y el agua de su reservorio alimentarían a una nueva capital de Bolivia en algún valle subandino del Parque Carrasco. Imaginen, cercana a un Puerto Villarroel con acceso al río Amazonas y al Atlántico por las esclusas de represas hidroeléctricas; a un salto y una carrera del corredor bioceánico Santos-Ilo, de Santa Cruz y Cochabamba, y que los ariqueños se metan donde les plazca sus 10 km de mar del corredor para Bolivia, que ojalá sea socio del proyecto peruano de un megapuerto en Tacna para terminar el lío.

El riego es una prioridad nacional, por lo menos al nivel tecnológico que los Incas lograron, ahora más que nunca que la agricultura está sujeta a los caprichos de la naturaleza con el calentamiento global. Alguna vez observé desde el avión que la parte cruceña estaba moteada de atajados que brillaban al sol con el agua que almacenaban, hoy tanto más fáciles de construir con palas mecánicas. Descentralización administrativa y recursos del IDH hubiesen hecho cundir el ejemplo en el resto del país, de no ser que el Jefazo prefería canchas de césped sintético, más politiqueras. Hoy planean llevar agua mediante cañerías a la Laguna Colorada: ¿no están más cerca los bofedales de Silala?  

El control del agua, el riego y la energía se juntan en el altiplano boliviano. No es necesario importar tecnología, sino utilizar la que los puquios de Nazca han revelado a los arqueólogos. En efecto, fotos de satélite revelaron que las espirales en el desierto peruano eran un “sofisticado sistema hidráulico”...para “recuperar agua de acuíferos subterráneos”, según la italiana Rosa Lasaponara. Sabido es que el altiplano es un antiguo mar levantado por placas tectónicas. Es una inmensa reserva de agua subterránea, que el viento levantaría en puquios con espirales, para convertir el altiplano en un vergel con abundante agua para riego, rellenar el lago Poopó y otras lagunas. Sumen a ello la energía eléctrica de parques eólicos no reñidos con auquénidos para carne sin colesterol, o cultivos orgánicos de quinua y otros rubros andinos que ya se industrializan en Bolivia. Cultivar hortalizas y verduras orgánicas bajo carpas alternadas de placas solares que energicen. Exportar agua y energía eléctrica al norte chileno, ¿por qué no?, mientras ajusten cuentas por lo adeudado de Silala.

El problema radica en que agua, riego, viento y energía no acarrean tantos réditos electorales como las canchitas de fútbol de pasto sintético en un país regido por demagogos y populistas. Miren nomás al deprimente panorama del agro boliviano. La quinua ha bajado de precio y, sin subvención, los campesinos reducirán cultivos. La gente prefiere gaseosas en vez de refrescos y jugos caseros de frutas de estación. El arroz es atacado por plagas. La soya ya no es rentable. ¿Para qué producir trigo, si el contrabando trae harina extranjera más barata? Perderemos la seguridad alimentaria a la importación matutera. El control del agua, el riego y la energía serán sueño de días de calor, frío y sequía. 

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Winston--Estremadoiro-
Winston Estremadoiro
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