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Puentes, no muros
Martes,  18  de Noviembre, 2014

El Papa Francisco ha pronunciado hace muy poco una frase de la más grande inspiración para la humanidad: Que se construyan puentes, no muros...

Esta hermosa frase no solo vino bien para acompañar los 25 años de celebración de la caída del Muro de Berlín, sino también para recordar la infamia de los muros de hoy, todavía en pie y muy firmes. Estos muros son los construidos por los norteamericanos en su frontera con México, por los israelitas en Jerusalén y por los españoles en Melilla. Es posible que exista un par más de vergonzosos ejemplos. Cuesta creer cómo es posible que en pleno Siglo XXI existan países que todavía construyen murallas, vallas o trincheras para evitar el ingreso de sus propios vecinos. No debe sorprender tampoco que estos se proclamen muy demócratas y respetuosos de los Derechos Humanos, pero en realidad están rodeados de ladrillos, concreto y alambre que los desmienten a diario. Los muros son también los campos minados.

La idea de los muros es muy antigua, los imperios de toda laya y en todo tiempo fortalecían sus capitales, ciudades y puertos con grandes murallas. Con el tiempo se volvieron reliquias pero no dejaron de levantarse más y más muros, pero también de caer. Hace tan solo 25 años cayó uno de los más absurdos productos de las grandes guerras y de la guerra fría en Berlín.

Hay tantos otros “muros” que aunque no tengan los cimientos, paredes o vallas de alambres, se erigen impenetrables a lo largo de las fronteras trazadas por las naciones vencedoras, con el sólo derecho que les da la victoria bélica. La humanidad testimonió cómo esta práctica de dibujar mapas por los grandes imperios o potencias ganadoras desmembró pueblos de sus territorios y privó a otros tantos de su acceso al mar. La geopolítica de los grandes o de los intereses del capital y el mercado dirigieron el curso de los nuevos “muros” de la humanidad.

El mensaje del Papa viene bien a los líderes de la APEC, del Acuerdo de Países Asia-Pacífico congregados en la China, el país de la gran muralla que hoy hace grandes despliegues para mostrar que tiende puentes con sus grandes aliados, los rusos, los japoneses o los norteamericanos, pero también conserva cerradas las puertas hacia mayores libertades democráticas, y lo hace saber con violencia, como ocurrió hace poco con las protestas de los estudiantes de Hong Kong.

Tampoco puede pasar desapercibido por los socios latinoamericanos del esquema Asia Pacífico: Chile, Colombia, Perú y México. Más concretamente para Chile y Perú, los países de tránsito para el comercio boliviano al Pacífico y el Asia. El muro natural es la cordillera de los Andes, pero no es infranqueable ni representa un verdadero obstáculo, el problema está en la voluntad política y empresarial chilena y peruana para con Bolivia. Por el estado de situación en las relaciones bilaterales entre Bolivia y sus vecinos, el muro sigue en pie y creciendo, las animosidades políticas, los intereses comerciales y la falta decisión política siguen afectando la integración en la zona.

Construir puentes, ¡que gran idea la del Papa! Ojalá inspire a nuestros líderes, sobre todo a los chilenos, peruanos y a nuestro propio presidente Evo.

Los puentes unen, conectan, abren vías, dan acceso y eso es lo que Bolivia necesita para llegar al Pacífico o al Atlántico, puentes de acceso libre y soberano, con el beneplácito de los vecinos a quienes también favorecen, puentes aéreos o subterráneos que superan los obstáculos y nos permiten avanzar. ¡Gran idea!

El autor es abogado internacionalista.