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Encuentro
El tacú de papel
La memoria del fuego
Lunes,  8 de Agosto, 2011

Eran cerca de las ocho de la mañana del seis de agosto de 1945, cuando el Sol salió otra vez desde el cielo azul de la ciudad japonesa de Hiroshima. La cegadora luz que emitió ese sol fabricado por los seres humanos, iluminó en segundos un extenso área calculada en un radio de doce kilómetros, dejando tras de sí una estela quemante de destrucción, dejando el aire candente e irrespirable. Después, solo se oiría el gran lamento de miles de hombres, mujeres y niños quemados y ciegos, que pese a haber sobrevivido, todavía no se daban cuenta de los miles de muertos calcinados y dispersos por todas partes. Había estallado la primera bomba atómica lanzada por el hombre sobre otros hombres.

Eduardo Galeano, en su obra Memorias de Fuego, relata parte de las innúmeras veces que a lo largo de su historia el hombre sojuzgó al hombre, provocando dolor y exterminio en nombre de la dominación. ¿No se ha preguntado  acaso, amable lector, porqué ha desaparecido de Haití la etnia de los arahuacos, que entrenaron a los hombres llegados del África en la lucha por la libertad y la resistencia frente al invasor? ¿Qué fue de los tehuelches de la pampa argentina y de los mapuches de Chile? Simplemente trataron de exterminarlos por todos los medios. Otra cosa es que hubo sobrevivientes, igual que los hubo luego del bombardeo atómico sobre Japón en Hiroshima y Nagasaki.

He mencionado que la de Hiroshima fue la primera bomba atómica lanzada sobre humanos en la historia de la humanidad. Bien. Para ello me he ceñido a la historia oficial. Sin embargo, debo advertiros que los libros antiguos mencionan situaciones similares al momento de la explosión de la bomba atómica sobre las ciudades japonesas de 1945. Para muestra basta un botón: ¿Le dice algo la destrucción de Sodoma y Gomorra? Quienes se han atrevido a bucear en los océanos del pasado de los seres humanos han encontrado razones para pensar que varias civilizaciones avanzadas han sido destruidas por el insensato manejo de lo que se conoce como la amenaza invisible.

Albert Einstein, al conocer los trabajos de Enrico Fermi y Leo Szilard sobre el uranio como nueva e importante fuente de energía para construir bombas de nuevo tipo y extremadamente potentes, avizoró el futuro. Ni el manejo de la energía termonuclear con fines pacíficos nos libera de la amenaza fantasma. Chernobyl y Fukushima son ejemplos nítidos de lo terrible que puede ser la contaminación radiactiva. Una verdadera amenaza ambiental que precisa para su control de otra mentalidad humana, menos bélica y más científica. Quizás Engels tenía razón al afirmar que el hombre todavía transita por su etapa prehistórica y que la verdadera historia solo espera el amanecer.

El enigmático Gürdieff insistía al igual que Zaratustra, en que el hombre está dormido y debe despertar para encontrar la verdad que lo hará libre, cosa que los Esenios ya enseñaban a sus místicos miembros. El Sol nace cada día por el oriente para dar  vida a los hombres y seres que pueblan la Tierra. Así debe ser hasta que el hombre encuentre la felicidad en armoniosa comunidad. Mientras tanto, habrá que seguir alertando sobre la amenaza silenciosa que hizo “salir al Sol dos veces en el día” para sembrar la muerte y la destrucción con su calor abrasador, como ocurrió en días de agosto en Hiroshima y Nagasaki, en 1945, para marcar con dolor la memoria del fuego y la desolación.

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Fernando-Luis--Arancibia-Ulloa-
Fernando Luis Arancibia Ulloa
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