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‘¡Aquí mando yo!’
¿Es o no es verdad?
Miércoles,  21 de Julio, 2010

José Gramunt de Moragas • S.J. - La liberación de ocho cubanos presos políticos lograda por el cardenal Jorge Ortega y el apoyo del Gobierno español, sorprendió al mundo entero. Muchos creyeron que ésta fue una señal inequívoca de cambio a favor de la apertura democrática del régimen comunista que ha reinado en la isla durante medio siglo. Personalmente preferiría que fuera así. Pero desconfío de los hermanos Castro. Y me temo que la liberación los presos que han ido a España y la promesa de excarcelar a otros 52 en el plazo de cuatro meses, merece aplauso aunque no  pueda interpretarse como un paso firme y real del régimen cubano a las implantación de las libertades democráticas. Una cosa es liberar a unos presos y otra, dar el salto de un sistema comunista a otro democrático.
Un poco de historia. En 1980 miles de cubanos asaltaron virtualmente varias embajadas con el fin de salir de Cuba y acogerse al beneficio de asilo político en el país receptor. Después de arduas negociaciones, Fidel Castro permitió la salida de muchos, incluyendo a delincuentes y otra gente desplazada.  Fue una especie de “limpieza étnica” de sus propios compatriotas que no eran del gusto de Fidel. Les llamaron “marielitos” que es el nombre del puerto donde embarcaron. No me extrañaría pues que ahora el Gobierno de La Habana quisiera deshacerse de unos cuantos presos como se aleja de un manotazo a un moscón que nos molesta y, de inmediato, cierra puertas y ventanas  para que los insectos no vuelvan a incordiar.
 Después del exilio de los “marielitos, en la isla, todo siguió igual, hasta la enfermedad de Fidel y la transmisión hereditaria del mando a su hermano Raúl. Continuó vigente el régimen policial, la economía misérrima, la agricultura y la industria reducidas a una medida microscópica, la escasez extrema de productos de primera necesidad, la prohibición de viajar al exterior, además de todas aquellas otras privaciones que vienen en el mismo paquete del régimen comunista: nada de libertad de asociación, libertad de prensa, libertad de movimiento…  Hasta que llegó el momento en que murió en huelga de hambre Orlando Zapata, y Guillermo Fariñas agonizaba en la prisión por la misma causa. Enseguida se sumaron las manifestaciones de las damas de blanco, duramente reprimidas por milicianos castristas.
La prensa internacional que daba como normal los sufrimientos del pueblo cubano, se hizo eco de estas y otras protestas. La Iglesia Católica, en la persona del cardenal Jorge Ortega y la colaboración del Gobierno español lograron que el Gobierno de La Habana diera el paso humanitario de trasladar a penitenciarías más cercanas a sus familias a 52 “presos de conciencia”, de un total de 75 con penas de hasta 25 años de reclusión. Después del compromiso del Gobierno, nada más. O sí: La reaparición de Fidel con un relativo buen semblante, si se lo compara con el que aparecía hace pocos meses. El viejo dictador se presentó como si dijera algo así como: “Mi hermano Raúl tiene sus genialidades, pero la verdad es que ¡aquí mando yo!”. Esta es mi sospecha. Ojalá me equivoque.

autor : José-Gramunt-de-Moragas-•-S.J.
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