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Encuentro
Cat?strofes ?naturales?
?Es o no es verdad?
Domingo,  31  de Enero, 2010

José Gramunt de Moragas • s.j. - Aunque el inmenso desastre que sufre el pequeño y caótico país de Haití conmueve al mundo entero, otros desastres afectan a Bolivia y reclaman nuestra solidaridad pero también nuestra reflexión. Llamar país caótico a Haití no es tan sólo por el horroroso desorden que reina después de los sucesivos  terremotos sino porque, ya antes, era uno de los países más atrasados y pobres del mundo. La causa principal es la propia incapacidad y falta de voluntad de sus autoridades y de la mayoría de sus habitantes. Duele hablar tan duro, pero es así. “Estado fallido” dicen los expertos. Lo cual no exime al mundo de prestar los auxilios que requieren de urgencia los que sufren las penosas consecuencias de un fenómeno natural como fueron los terremotos en los que ellos no tuvieron culpa alguna.  El Gobierno boliviano entregó su cuota parte y esto está muy bien. Pero que no diga, como el gárrulo Hugo Chávez, que ésta es la oportunidad buscada por el imperialismo yanqui para ocupar militarmente Haití.
Vengamos ahora a las catástrofes naturales que se registran en varias partes de nuestro país. 
Antes de entrar en otras consideraciones, quiero manifestar mis sentimientos de compasión y mis deseos de que se movilicen efectivamente las soluciones. Decimos, y es en parte verdad, que las lluvias torrenciales están provocando las actuales desgracias. Pero sigo creyendo que las causas no son todas tan “naturales” como se dice. Muchas de esas calamidades tienen sus causas en los propios habitantes y en sus correspondientes autoridades, especialmente las municipales. Más en concreto: la presión demográfica sobre zonas que no reúnen las condiciones para soportar edificaciones habitables, los permisos de construcción que las alcaldías otorgan con facilidad (las mayores dificultades para esos permisos son los trámites burocráticos que multiplican papeleo inútil y, en cambio, no verifican las condiciones técnicas para construir), las insuficientes exigencias arquitectónicas de las edificaciones, la falta de los servicios básicos que deben preceder a las nuevas zonas urbanas, y mantenerlos útiles y ampliarlos a medida que aumenta la población, etcétera. En otras palabras: las alcaldías son, en gran parte, responsables.
Hace algunos años, el entonces director del Observatorio San Calixto, especializado en sismología y, por extensión, en todo aquello que se refiera la naturaleza y a la utilización de los terrenos, me expresaba sus temores sobre un posible cataclismo en la ciudad de La Paz. Al geólogo le aterrorizaba la insuficiencia de basamentos sobre los que se levantaban edificios de muchos pisos, temía que, cualquier movimiento sísmico derribara tantas construcciones inseguras. Vinieron las lluvias y ellas sustituyeron a los sismos imaginarios. Conservo en la memoria la destructora riada que acabó con todo un barrio en Achumani. Más recientemente, en los dos últimos años, zonas como Villa Salomé, Retamani y una zona próxima a la Ciudad del Niño, y otras áreas, fueron arrasadas por movimientos geológicas. No menciono las torrenteras, desbordes e inundaciones que están afectando a otras zonas del país, porque sólo los conozco por los dramáticos relatos y las fotos de la prensa. Y repito: gran parte de las desgracias son por imprevisión, especialmente de las autoridades.

autor : Jos?-Gramunt-de-Moragas-?-S.J.
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