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Tribuna
Las técnicas para mantenerse en el poder
Martes,  24 de Octubre, 2017

Ciertamente, las llamadas revoluciones, como la de Rusia en 1917, la cubana en 1959 y las denominadas revoluciones democráticas, de Venezuela en 1998 y la revolución “democrática y cultural” de Bolivia el 2005; han engendrado regímenes, en los cuales, de manera muy particular, se han desarrollado técnicas de sofisticación inigualable para mantenerse en el poder. Instaurados en el gobierno, ipso facto, emprenden la lucha “contrarrevolucionaria”, con la bandera de los postulados y las metas de la “revolución”. Al poco tiempo, sin embargo, esta lucha, se convierte, traicionando lo invocado, en la única y más poderosa obsesión.

Si bien estas revoluciones se inspiran en el pueblo, los campesinos y los obreros explotados; verdaderamente, los que toman el poder son grupos muy reducidos de políticos y dirigentes que hábilmente se encumbran en “la cresta de la ola” del descontento social.

La concentración y el poder total, para implementar y defender el proceso revolucionario, es crucial desde el inicio. Empero, a la postre, se convierte en la principal amenaza para los principios y la doctrina invocadas. El grupo minoritario que toma las riendas del régimen, inexorablemente, capitula ante las tentaciones que surgen de la concentración y el exceso de poder. El poder los intoxica, los enceguece y los endiosa. Pisoteando las leyes, la constitución y sus principios; se enriquecen cínicamente. Cambian las ideas de la revolución por el ideal del poder y los verdes billetes del imperio. En este desemboque, gobernando solo para ellos, comenten un sinfín de tropelías, atrocidades, crímenes e injusticias.  El poder ya no es un medio para transformar realidades en busca de la anhelada justicia social. El poder se convierte en el único fin. Conservarlo, entonces, por encima de todo, es el bien supremo. Esta deriva “totalitaria”, que es el denominador común de las llamadas revoluciones de “izquierdistas”, parece no tener excepción. La historia está ahí con su veredicto. Estos grupos, envilecidos, utilizan todos los instrumentos que les otorga la administración del estado para preservarse en el poder.

La revolución Rusa tuvo ese infeliz desenlace. La nomenclatura comunista, a la cabeza de Lenin y luego de Stalin, para imponer el régimen totalitario, asesinó a 2 millones de “contrarrevolucionarios” y confinó a más de cinco millones de “boicoteadores” a los campos de concentración en la Siberia, atrocidades estas que son narradas por Aleksandr Solzhenitsyn en su obra “Archipiélago Gulag”. Con “aires democráticos”, para mantenerse en el poder, establecieron el sistema de partido único. Solo entre ellos podría existir el relevo. Felizmente, la pesadilla acabó en 1989. Hoy, muchos se llenan de vergüenza el haberse fascinado con semejante locura. 

Con el mismo estilo, salvando las distancias, en Cuba gobierna la dinastía Castro desde 1959. Al resistir eficientemente los embates contrarrevolucionarios, debe ser el régimen que más ha sofisticado las técnicas para mantenerse en el poder: desde la dominación coercitiva legal, hasta los más variados mecanismos de control y represión. El “know how” desarrollado en la isla es exportado hoy a otros regímenes del mismo perfil, constituyéndose Venezuela en la mejor ilustración. Dicen que todo el diseño institucional, desde la convocatoria a la Asamblea Constituyente, el funcionamiento de la Corte Nacional Electoral, hasta los dispositivos de coerción y represión, provienen de la isla.

La nomenclatura masista, que comparte el mismo perfil de gobierno, comparte también la obsesión de “entornillarse” en el poder. Utiliza y utilizará eficientemente todas esas virtudes pedagógicas. Pero, como dijimos, no para defender el “proceso” sino para cuidar su pellejo. Cuando la dominación legal ya no funcione, dada su enorme pérdida de legitimidad y popularidad, estiman defender la “revolución” con violencia, con las milicias cocaleras a la vanguardia. El miedo los denuncia.

El autor es profesor de la carrera de Ciencia 
Política de la Universidad Mayor de San Simón.

Acerca del autor:
Rolando--Telleria-A.-
Rolando Tellería A.
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