Siguenos en:
Miércoles
 19 de Septiembre de 2018
Encuentro
El Punto
Hanna Arendt y los orígenes del totalitarismo
Martes,  22 de Agosto, 2017

Es uno de los libros más importantes de teoría política de nuestro tiempo. Escrito “después de decenios de tumulto, confusión y horror”, afirma Hanna Arendt en la introducción de Los orígenes del totalitarismo.

Hanna Arendt, una de las mentes más brillantes, nació el 14 de octubre de 1906 a Hannover de padres hebreos. Morirá improvisadamente en 1975, sin haber visto la otra Shoa: la de América Latina, provocada por las dictaduras milìtares. El holocausto latinoamericano es descrito en la película El botón de nácar (2016), del cineasta chileno Patricio Guzmán.

Fue una filósofa que se preocupó profundamente por la libertad humana y el poder en un mundo en que se predicaba una libertad “negativa”, es decir, con la interferencia de la autoridad pública y del Estado sobre cada elección personal.

Cuando escribió Eichmann en Jerusalén, un espectacular proceso solicitado por Ben Gurion, Arendt sufrió por casi dos años en Israel, Alemania y Estados Unidos una intensa campaña difamatoria que la turbó profundamente. Hanna Arendt fue consolada por su amigo, el filósofo Karls Jasper, que junto a Edmund Husserl y Martin Heidegger fueron sus maestros cuando el existencialismo comenzaba a dar sus primeros pasos y cuya corriente filosófica nos enseñó con “sangre” un religioso español, nuestro profesor de filosofía durante años de colegio. Mucho después se reconciliaría con Israel, pero manteniendo una actitud crítica respecto al nacionalismo judío.

Con Heidegger, casado y con dos hijos, mantendrá una apasionada relación. Hanna Arendt tenia 18 años.
Al finalizar la grande guerra ayudará a Heidegger, con un pasado nazista, a reintegrarse en el panorama de la filosofía occidental.

Cuando deja Marburg, Hanna Arendt se casa con Gunther Anders, su primer marido.

Fue hecha prisionera por la Gestapo en 1933. Escapó hasta llegar a París. Allí será detenida e internada en el campo de prisioneros francés de Gurs. Atravesando España y Portugal logrará escapar, junto a su madre y Heinrich Bucher, con quién vivirá por 43 años. En Nueva York vivirá su “segundo nacimiento”.

La figura de Eichmann será para Arendt la expresión más inquietante del totalitarismo como forma política moderna. Son éste tipo de individuos - “atomizado de la sociedad de masa, incapaz de participación civil, que encuentran su realización en una organización que anula la razón” - los que se convierten “en engranajes de una máquina de exterminio”. ”No matarás” fue cambiado por “matarás” porque el jefe o el califo así lo quiere.

Los orígenes del totalitarismo, publicado por primera vez en 1951, inspiraría al gobierno de Michail Gorvaciov en la Rusia de la Glasnost (Transparencia) a efectuar un análisis no falsificado de la historia y de aclarar hechos del totalitarismo estaliniano.

Con su obra, Arendt intenta reconstruir el proceso de génesis del totalitarismo.

El concepto de totalitarismo – palabra muy usada en Italia por parte de los antifacistas pero también durante la guerra fría - comprende una serie de regímenes: nazismo, estalinismo, el fascismo de Mussolini y el comunismo de China y países de la Europa del Este. Sin embargo, Arendt se concentra conceptualmente - provocando profunda polémica - sólo en el nazismo y el estalinismo.

El totalitarismo, para Arendt, es diferente de otras formas autoritarias de gobierno como el despotismo, la tiranía o la dictadura. Hoy, me pregunto, que pensaría del califato y del estado islámico, determinados a destruir el Occidente con un terrorismo líquido que no da tiempo a ninguna forma de prevención.

La primera aparición del régimen totalitario se produce el 1929 en la Rusia soviética. En Alemania, la formación de un “Estado Autoritario” con una “personalidad autoritaria” vendría cinco años después. No existiendo ninguna similitud entre la sociedad alemana y la soviética, sin embargo, existe una gran afinidad como demuestra Arendt, que es la de formar al “hombre nuevo” y al uso de un ”terrorismo policiesco” o terrorismo de lobos solitarios, enamorados de la muerte.

Un aspecto fundamental de su análisis es la relación entre el jefe y la masa, la estructura del movimiento a la formación más intima de una reducida élite. De esas criaturas monstruosas que fueron ambos regímenes totalitarios, la de Alemania fue particularmente sorprendente, pues nació en el seno de la democracia occidental. Hitler, el jefe (Führer) se convirtió en seductor (Verführer) y la consecuente barbarie nacionalsocialista.

Pero el objetivo principal del totalitarismo es destruir las tradiciones sociales, político-jurídico del país y el sistema de partidos políticos, que es sustituido con un movimiento de masas o partido único, la creación de una policía secreta, adoctrinamiento de “soldados políticos”, el confinamiento de personas y el control total de los medios de información y la propaganda totalitaria, cuyo fin “no es la persuasión” sino la “organización”. “El arte de acumular el poder sin poseer los instrumentos del poder (...) No son los efímeros sucesos de la demagogia que conquistan las masas, sino la realidad y la fuerza visible de una organización viviente”.

“La política totalitaria – afirma - no sustituye un cuerpo de leyes con otro, no instaura un propio consensus iuris, no crea con una revolución una nueva forma de legalidad. El desinterés por todas las leyes positivas, incluso por las propias, implica la convicción de poder hacer de menos de cualquier consensus iuris, sin resignarse al estado tiránico de falta de cada ley. Esa puede hacer de menos porque promete de liberar el cumplimiento de la ley de la acción y de la voluntad del hombre; y promete justicia sobre la tierra porque pretende hacer de la propia humanidad la encarnación del derecho”.

Para Arendt, el campo de exterminio de Auschwitz es la culminación del totalitarismo: aniquilamiento de la persona jurídica, moral y existencial, cancelando el valor más profundo e íntimo de cada ser humano: la libertad. La figura del mal como esencia del poder totalitario, que hace de la persona una no persona. En lenguaje de los terroristas: “cruzados y judíos” que deben morir.

La banalidad del mal, como decía Arendt, que con motivaciones irracionales asesinan a gente que vive la normalidad de la vida cotidiana.

Y cuando se refiere a los bienes de una nación (lease también ei) afirma que “el dictador totalitario considera las riquezas naturales e industriales de su país como una forma de botín y un medio para preparar el paso sucesivo de expansión agresiva”.

Acerca del autor:
Marcel-Gonzalo--Unzueta-E.-
Marcel Gonzalo Unzueta E.
Notas Relacionadas
©2016 Diario El Día Santa Cruz - Bolivia, Dirección: Av. Cristo Redentor, KM 7 zona ”El Remanso” - Teléfono piloto: 3-434040 Fax Comercial y Publicidad. 3-434781 - Fax Redacción 3-434041 - email: eldia@eldia.com.bo  |  Acerca de El Día