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Rápidos y furiosos
Sábado,  4 de Abril, 2015

E s bastante común ver a gente acelerada y colérica transitando por las calles y avenidas de nuestra ciudad. No muestran vergüenza alguna por pisar con sus vehículos el paso de cebra, por botar basura por la ventana de sus vehículos y cuando ni bien cambia de color el semáforo empiezan a tocar las bocinas de sus vehículos con bastante insistencia y desesperación acompañado de insultos para avanzar lo más pronto posible y ante el mínimo estimulo, los conductores están predispuestos a denigrar a la madre del otro y agarrarse a golpes.  

Recientemente ocurrió un hecho trágico relacionado con carreras de autos y consumo de bebidas alcohólicas cuyo resultado fue un grave accidente  ocasionando varias víctimas adolescentes al extremo que una de ellas quedó en coma profundo y muerte cerebral.

Estas carreras clandestinas no constituyen novedad alguna puesto que en el mes de mayo del año pasado la Unidad Operativa de Tránsito realizó batidas en ese mismo lugar, en virtud a las denuncias de vecinos que escuchaban los ruidos de los motores y las carreras llevadas a cabo por adolescentes quienes conducían motos, vehículos lujosos, vehículos tuneados y para el colmo de males, se evidenció la participación de algunas personas mayores, que a pesar de su avanzada edad, aún continúan en el trance de llegar a ser adulto.

Ante este hecho no podemos abstraernos del mismo y debiera llamarnos la atención que la conducta social denota ausencia de sentido común.

La solución a estos problemas no pasa únicamente por promulgar leyes que por ejemplo reduzcan la velocidad en el radio urbano, elimine la categoría especial en la emisión de permisos de conducir a temprana edad o andar de niñera y de policía detrás de los muchachos haciéndoles batidas de forma continua pues es ingenuo pensar que por el solo hecho de efectuar dichas batidas aquellas malas conductas desaparecerán.

Como bien sabemos, el comportamiento de los hijos es un reflejo o una ausencia de nosotros los padres. La conducta es aquella manifestación de voluntad que da a conocer la mentalidad y el estilo de vida de la persona y estructuran su plan de vida.

Si vemos que el actual estilo de vida no está dando buenos resultados es hora de cuestionarlos con valentía y para ello amerita un cambio de mentalidad en los ciudadanos.

Son nuestro sistema de creencias los que proveen los cimientos de nuestro plan maestro de vida, y ese plan es una fotografía de la visión de realidades en el futuro.

Entonces, debemos preguntarnos si nuestras creencias son las adecuadas y por consecuencia saber qué es lo que estamos haciendo en realidad.

Las falsas creencias causan daño, por ejemplo: nuestra idea sesgada de la prosperidad.

Cuando la gente cree que una persona es próspera únicamente por la cantidad de dinero que ostenta y lo mucho que puede farsantearlo convirtiendo al vehículo en un símbolo de madurez, prosperidad y libertad, eso debiera preocuparnos por la falta de sentido común que eso representa, puesto que se olvida que la prosperidad debe ser integral porque resulta que también el delincuente, el narcotraficante, el evasor fiscal, el lavador de dinero, el que contrabandea, el que mata, el corrupto, etc., posee mucho dinero en los bolsillos y alardea con autos lujosos, por lo tanto, sería un total despropósito considerarlos a estos como personas prósperas y de ejemplo para la humanidad.

Del mismo modo, existen tres mentiras que destruyen el sentido común y construyen los siguientes mitos populares: 1) tener más cosas me hará más feliz; 2) tener más cosas me hará más importante; y, 3) tener más cosas me dará más seguridad.

La felicidad es un asunto de decisión, de actitud, nada tiene que ver con tener cosas y/o acumularlas. Es menester quitarse la idea de que “yo soy lo que poseo” debido a que bajo esa perspectiva, hay quienes demuestran tener una baja autoestima, porque creen que: “si tengo poco, soy poco importante”.  No debemos confundir valor patrimonial con valor humano.

Cuando por motivos de apariencia o por cumplir el capricho de un hijo adolescente entregamos un vehículo a su libre disposición sin que estos entiendan la importancia del trabajo y responsabilidad para obtener las cosas, además del verdadero sentido de utilidad del vehículo para transportarse y no como un objeto que alimente el egocentrismo (estamos nosotros mismos boicoteando el sentido común), porque ese muchacho usualmente no valorará lo que tiene, mal usará lo que posee y de paso considera que sus padres están en la obligación de darle todo según sus caprichosos (tratan a sus padres con desprecio como si fuesen esclavos suyos) tampoco valoran la vida humana del prójimo y lo peor de todo, hay quienes se atreven a manipular, a conflictuar el matrimonio de sus padres, se creen con más conocimiento y experiencia que sus progenitores e incluso los chantajean con sus buenas calificaciones obtenidas y confunden amor con dar cosas o viajes.

Adviértase que los muchachos comúnmente son imitadores de los estereotipos del celuloide (películas cinematográficas y actores) que exaltan aquellas tres mentiras antes mencionadas, como ocurre con la célebre película: “Rápidos y Furiosos”, donde se mezcla: carreras de autos, motos, bebidas alcohólicas, negocios ilegales, sensualidad y sexualidad. Aquel mancebo, tarde o temprano hará exactamente lo mismo que sus ojos vieron en la película, como si fuese un nene que por mirar Superman desea volar, siendo que ya es un adolescente. La vida es tan frágil que no tiene sentido perderla por un momento de diversión peligrosa o vivir tan solo por imitación.

Con todo ello, queda claro que la ausencia de sentido común y la falta de ética del carácter ocasiona serios problemas pues ante cualquier actuación voluntaria en alguien carente de sentido común se desarrolla una sinapsis neuronal involuntaria que determina al sujeto a comportarse en uno u otro sentido, pudiendo ser fácilmente manipulado por aquellas falsas creencias, por la idea de ser popular (en vez de ser extraordinario) y una vez expuesto a diferentes estímulos (Ej.: películas, videojuegos, propagandas televisivas, etc.) y sometidos a la repetición son luego tenidas como verdades, ocasionando un determinismo sobre la persona por cuanto su libre acción y decisión se encuentra viciada o distorsionada por el grado de influencia de aquellas creencias falaces.

Ya es hora que los jóvenes rompan esa absurda cadena del autoengaño y adopten el sentido común en sus vidas, llegando a comprender que ser útil es mejor que creerse ser importante y que el propósito de vida es llegar a ser servicial.

Un buen inversionista y emprendedor sabe que lo importante no es el dinero sino un buen capital humano capaz de hacer crecer la inversión. Entonces, es menester derrumbar aquellas falsas creencias y entender que la mejor inversión es en el CAPITAL HUMANO (en nosotros mismos y en nuestros hijos) puesto que constituye una estrategia imprescindible si se pretende implementar cambios verdaderamente profundos y duraderos en una sociedad.

Si realmente nos interesan nuestros hijos debiera importarnos su futuro. Para ello, es importante arrancar aquellos malos hábitos que vienen arrastrándose por generaciones e inculcar la ética del carácter en sus vidas.

Es responsabilidad de los padres involucrarse en la vida de los hijos y por lo tanto, la prioridad debe enfocarse en la educación y en la salud; este último, entendido como un estado de completo bienestar: físico, mental y social.

Los padres finalmente debemos asumir la responsabilidad por lo que pasa en la sociedad; por ende amerita un cambio de mentalidad, desechando aquel estilo de vida de andar apresurados, deseosos de tenerlo todo a la vez con el mínimo esfuerzo posible, dotados de un temperamento furioso y con un total desprecio hacia los derechos de los demás.

No porque se diga que el sentido común es el menos común de los sentidos no vamos a conseguirlo máxime si por deambular rápidos y furiosos por este mundo estamos provocando el cercenamiento prematuro de vidas humanas.

Acerca del autor:
Ciro-Anez-Nunez-
Ciro Añez Núñez
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