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El tacú de papel
'Yo soy de Aquí'
Lunes,  23 de Marzo, 2015

S aber de dónde somos ha sido una de las más grandes preocupaciones de los pensadores de la humanidad. De hecho, esta preocupación ha llevado a elaborar una serie de teorías. Mientras unos creen que somos producto de una creación divina, otros piensan que nuestro origen es extraterrestre. Otros, sin embargo, se han atrincherado en los avances de la ciencia. Charles Darwin ha propuesto la evolución natural de las especies basado en concienzudos estudios que han dado un tremendo impulso al conocimiento del origen de la especie humana. Pero debemos convenir en que el descubrimiento del ADN humano y luego la construcción del mapa genético nos ha acercado más a la verdad.

Desde ese conocimiento, todos somos africanos, en el sentido que ahí está nuestro origen. La diáspora humana hacia otros lugares del planeta nos ha hecho diversos. En el fondo, todos estamos hermanados por el código genético. De ahí que resulta absurdo pretender la supuesta superioridad de alguna raza sobre otra. Mientras más se sabe sobre el ser humano más absurdas parecen algunas discriminaciones actuales. Un ejemplo a vuelo de pájaro es el tema polémico de la homosexualidad. Hoy se sabe que la homosexualidad tiene un trasfondo genético natural que invita a ver ese tema desde otro ángulo y con mente más abierta. También es cierto que somos según donde estamos.
 
Soy de donde estoy. Esta es una verdad que conviene reflexionar, estimado (a) lector (a). Así, aparecen aberrantes los sentimientos de xenofobia, que no es otra cosa que el odio a los foráneos. Pero debo advertirle que nunca el “Aquí” fue tan determinante para la vida de muchas personas como lo fue para el sacerdote jesuita español Luis Espinal. Como debe recordar, “Aquí” era el nombre del semanario contestatario a los abusos de los regímenes de fuerza imperantes en la década de los años setenta y ochenta en el país. Aún así, Luis Espinal no creía que fuera tan importante para los agentes represores porque solo decía la verdad. No olvide que un 21 de marzo fue torturado y asesinado.
 
Según las crónicas terrestres que relatan su existencia en la ciudad de La Paz, una noche Luis Espinal fue abordado por los “tiras” (léase agentes del control político y paramilitares). Como le vieron la cara de extranjero -que lo era- le preguntaron: “Usted, ¿De dónde es?” Lucho, sacerdote comprometido con la verdad, dijo la suya: “Yo soy de Aquí”. Claro, era el director del semanario Aquí, sin dudas. Pero como los paramilitares son duros de entendederas, no captaron el mensaje, porque solo buscaban extranjeros. Esa noche, Luis Espinal salvo la vida. Meses más tarde, los cobardes testaferros y agentes de inteligencia acorralaron al sacerdote español y se lo llevaron para matarlo.
 
No puede entenderse la democracia boliviana sin comprender la esencia de la lucha por la verdad impulsada por Luis Espinal desde su labor sacerdotal hasta su imbricación con la clase trabajadora que luchaba por la libertad y sus derechos. Tampoco puede ignorarse que impulsó la crítica de la cinematografía nacional desde el punto de vista del debate para entender los mensajes de los filmes, como lo hacía una vez a la semana. Espinal era de Aquí. Más boliviano que muchos. Quienes gozamos de la democracia, así sea imperfecta, debemos a este sacerdote español su vigencia. Él siendo de allá, se sentía de aquí, donde como ejemplar soldado de Jesús, dio su vida por sus semejantes.

(*) El autor es periodista. Médico pediatra. Magister en Educación Superior y en Salud Pública.

Acerca del autor:
Fernando-Luis--Arancibia-Ulloa-
Fernando Luis Arancibia Ulloa
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