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Encuentro
El tacú de papel
Elogio de la memoria
Domingo,  3 de Marzo, 2013

Me rindo ante las palabras del escritor Milan Kundera cuando expresa: “La vida es la memoria del pueblo, la conciencia colectiva de la continuidad histórica, el modo de pensar y de vivir”. Desde esa perspectiva, el pueblo que no tiene memoria está condenado a repetir su historia, repetir sus errores, volver una y otra vez al punto de partida, como hacen las personas que sufren daños cerebrales que les afectan la memoria. Las naciones que olvidan a los suyos, a sus benefactores y a sus enemigos, pierden su esencia y su sentido histórico, su destino. Por eso es importante recordar a nuestros héroes, nuestros triunfos y nuestros fracasos, para aprender a mirar el futuro.
 
Los que saben afirman que la memoria es una importante función cerebral que nos permite codificar, almacenar y evocar la información del pasado. No extraña entonces que como fenómeno mental sea también resultado del complejo funcionamiento de la red de células especializadas llamadas neuronas, alojadas en el hipocampo. Los médicos saben que la enfermedad de Alzheimer ataca el hipocampo y destruye la memoria, por eso la temen. La memoria nos permite retener las experiencias. Según su alcance temporal la memoria puede ser de corto plazo o de largo plazo. Los estudiosos del cerebro humano señalan que la memoria funciona junto al aprendizaje. Una belleza.
 
Por eso Jean Paul decía que la memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados. El hombre que recuerda es el hombre que aprende. Con razón cuando no sabíamos las respuestas, un recordado profesor de Filosofía en colegio nos decía: “El hombre solo sabe lo que se acuerda”. En el terreno de las sociedades, Georg Wilheim Friedrich Hegel expresaba que el pueblo es aquella parte del Estado que no sabe lo que quiere. Quizás por ello resulta tan importante construir la memoria colectiva, la que permite a las sociedades humanas trazar una hoja de ruta hacia el progreso, la libertad y la edificación de una cultura propia, capaz de diferenciar unos pueblos de otros.
 
Se dice que no resulta ético designar calles, plazas, edificios y otros lugares públicos con nombres de personajes todavía con vida. Lo correcto es rendir un homenaje de recuerdo perenne a los que en vida hicieron méritos que la sociedad reconoce “post mortem”. Hasta ahora me pregunto por qué el estadio de fútbol cruceño “Willy Bendeck” fue cambiado de pronto por el de “Tahuichi” Aguilera. No es que se desconozcan méritos de unos y otros, pero de algún modo se ha herido la memoria cruceña. También ha sido chocante denominar una importante vía al Norte con el nombre de un expresidente de facto. Menos mal que ahora es avenida Cristo Redentor.
 
Entonces, ¿por qué lastimar la historia de Oruro cambiando el nombre de su aeropuerto, ahora internacional? ¿Los asambleístas orureños querían expresar su agradecimiento al presidente Evo Morales por tal gran obra? Pero al pasar por encima del recuerdo de Juan Mendoza y Nernuldes, primer piloto boliviano con brevé internacional, tales asambleístas han sido presas de un Alzheimer colectivo y un error ético de magnitud. La historia de la aviación boliviana está representada por ese valeroso piloto pionero, algo que no podemos olvidar y menos dejar de aprender. Quizás el propio Presidente decida cuidar su imagen e instruya hacer respetar la memoria colectiva del pueblo orureño.

*El autor es Periodista, Médico Pediatra, Magíster en Educación Superior
y en Salud Pública.

Acerca del autor:
Fernando-Luis--Arancibia-Ulloa-
Fernando Luis Arancibia Ulloa
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