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Bajo el Penoco
Editorial
Amenazas a la economía
Domingo,  15 de Julio, 2012

La situación económica mundial explica perfectamente por qué actualmente nos gobierna un régimen que no entiende nada de economía, que hace las cosas de forma descabellada y aun así le ha ido muy bien durante los últimos siete años.

La bonanza ocasionada por los precios internacionales de las materias primas ha generado una avalancha de recursos nunca antes vista en el país. Crecen las reservas sin que el Gobierno mueva un solo dedo y lógicamente hay plata para satélite, para construirles una carretera privada a los cocaleros, para barcazas invisibles, para un lujoso avión presidencial y ahora para un costoso teleférico, cuyo presupuesto es trece veces mayor al funicular más grande que se haya construido en el mundo.

Si “no hay dinero” para aumentarles sueldos a los trabajadores no es porque las autoridades sean insensibles o porque las arcas estén vacías. Su frágil entendimiento de la economía, que siempre cuenta con el auxilio del FMI  y del Banco Mundial, les alcanza para darse cuenta que un incremento salarial desmesurado generaría un alto crecimiento de la demanda; y como no se ha fortalecido la capacidad productiva en el país, todo derivaría en una escalada inflacionaria, el “cuco” de cualquier Gobierno.

Ha sido tal el mal manejo económico, el derroche y la discrecionalidad, que justo en el período de mayor bonanza, Bolivia experimenta un incomprensible endeudamiento, con un aumento de más del 54 por ciento entre 2008 y 2012.

Las cosas pueden seguir sobre ruedas siempre y cuando las economías emergentes, especialmente la de China sigan manteniendo niveles de crecimiento récords como los de la última década. El riesgo es que los chinos terminen de contagiarse de la recesión europea y de los remezones de Estados Unidos, fenómeno que ya comienza a observarse. La última tasa de crecimiento de China, del 7,6 por ciento, es la peor de los últimos tres años y la tendencia es al declive, lo que podría agravar aún más la crisis mundial. De hecho, Bolivia percibirá unos 500 millones de dólares menos por exportaciones mineras en el 2012, como efecto de la caída de los precios de los minerales en el mercado internacional.

No obstante, la peor amenaza para la economía nacional se encuentra dentro del país. Con las últimas nacionalizaciones obligadas, Bolivia ha consolidado su condición de paria en lo que respecta a la atracción de inversiones. El último episodio, el de Mallku Khota, ha ahuyentado una inversión cercana a los mil millones de dólares que estaban por ejecutarse en un proyecto que se encontraba en la fase de exploración, lo que hace inviable que esa mina alguna vez llegue a producir mineral en manos del Estado o de los cooperativistas.

El caso del Mutún ha puesto de manifiesto que la recuperación de la industria del gas será un proceso muy lento que no alcanzará para acompañar el crecimiento de los mercados, lo que obliga a presupuestar cantidades crecientes de recursos para la importación de combustibles. En este momento, casi la mitad del dinero que Bolivia recibe por la exportación gasífera se invierte en la compra de diesel, gasolina y GLP. Recientemente, la Aduana admitió que no intervendrá en el contrabando de autos, actividad que sigue viento en popa, lo que presupone más importación, más subsidios y más “sangrado de las arcas públicas” (palabras del presidente).

Es evidente que todo el período de bonanza ha servido muy poco para el país. Los recursos no fueron aprovechados para fortalecer la capacidad productiva del país y en todo caso, se incrementó la dependencia del mercado internacional.

La peor amenaza para la economía nacional se encuentra dentro del país. Con las últimas nacionalizaciones obligadas, Bolivia ha consolidado su condición de paria en lo que respecta a la atracción de inversiones.