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Tribuna
Estado versus Fe
Jueves,  12 de Abril, 2012

Los egipcios se están preparando para tener elecciones generales el próximo mes. Una de las candidaturas, la de Khairat al- Shater, prominente miembro de los Hermanos Musulmanes, extiende un sombrío panorama sobre el avance de los fundamentalistas en esa parte del mundo, donde la “primavera árabe” se extendió para dar fin a la dictadura política pro occidental de Mubarak.

En el yugo de la esclavitud egipcia, los musulmanes usan y abusan de las condiciones de pobreza y desigualdades con su muy efectiva pose como las únicas victimas de la dictadura, pretendiendo masivo apoyo conciencial de los demás. Pero esta manipulación  de indecisos, está dejando a los promotores de la movilización “Basta” que buscaba profundas reformas democráticas, a merced de la “charia Alá” (justicia de Dios) muy alejada de la posibilidad de lograr un Egipto moderno, libre y progresista. Esto convierte a las venideras elecciones, en una contienda de orden religioso, muy por encima de lo político.

Es sabido que la cultura islámica en general, no reconoce la separación Estado-Iglesia, por el contrario, la influencia religiosa en la vida política de muchos países de esa religión es absoluta. La Sharia, emana directamente del Corán, lo que hace indivisible las funciones del manejo del Estado y la fe que se profesa.

Hasta acá nada nuevo, considerando que la composición misma de esas sociedades está basada fundamentalmente en las creencias religiosas. Pero cuando asalta una duda razonable de las escasas posibilidades del casi seguro contendiente de Barak Obama en las elecciones presidenciales norteamericanas de noviembre Mitt Romney por la desconfianza que despierta su formación religiosa, ya es llamativo considerando que estamos hablando de una de las sociedades más avanzadas del mundo.

Miembros del Partido Republicano, con poco disimulo, están manifestando su poca disposición de favorecer a Romney con su voto, aun ante la posibilidad que sea el único contendiente con alguna probabilidad de desplazar a los Demócratas de la Casa Blanca.

¿Qué es lo que hace que los americanos conservadores no se sientan tan confortables? Romney es un hombre de muy buena formación académica. Berkley inicialmente y luego las Escuelas de Leyes y Administración de Harvard, sumadas a su exitosa carrera como millonario hombre de negocios, debieran ser credenciales más que suficientes para que se le considere el candidato conservador ideal.

Son muchos los críticos que, sobre cierta doble moral de los norteamericanos, sonríen con sorna con la severidad que se juzgan entre ellos por una indiscreción conyugal, en el país de la libertad ilimitada y de la publicidad de altísimo contenido erótico al que la ciudadanía está sometida aunque de simples productos alimenticios se trate.

Muy liberales para ciertas cosas y extremadamente atávicos para otras. No se concibe un Presidente soltero, menos divorciado, como el líder que debe conducir la primera potencia del mundo.

Hasta en eso Romney es el ideal. Casado, con extendida familia de cinco hijos y una decena de nietos, muestra hasta ahora intachable conducta moral y óptimo comportamiento.

Pero la sombra que se percibe sobre él se llama Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Vale decir, su ascendencia mormona y su militante creencia religiosa.

Es natural que sus contrincantes demócratas, se aferren a esta formación para descalificarlo como potable futuro presidente. Hace muchos años que los norteamericanos se inclinan sin duda, por una definitiva separación entre Estado e Iglesia. Son además en su mayoría anglicanos practicantes, aunque se perciban a lo ancho y largo de su vasto territorio, centros de lo más diversos cultos. Para la mayoría, los mormones no dejan de ser una secta.

Y una secta que en sus extremos practica aún la poligamia (imagínense eso en su “rígida” moral familiar) y son demasiados los secretos que mantienen sobre sus prácticas no accesibles a los “gentiles”. La consideran en su secretismo, muy parecida a la masonería. Extremos inaceptables para una gran mayoría de los conservadores y ni hablar para los liberales demócratas.

Romney ha sido hasta ahora bastante esquivo al momento de definirse hasta donde va en su creencia religiosa.

Cuando Kennedy fue candidato, enfrentó su catolicismo de una manera bastante más firme, sentando; sin embargo, que no admitiría que la Iglesia Católica le dictara cómo gobernar. En el caso de Romney,  existen serias dudas  y puede significar su segundo fracaso en su intención de llegar a la Casa Blanca. Aparentemente, el peso de las Iglesias al momento de conducir un Estado, es aún hoy, tema de inquietud capaz de inclinar el fiel de la balanza.

 

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Karen-Arauz-
Karen Arauz
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