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Economía en línea
Pensando con la lengua
Domingo,  10 de Abril, 2011

D esde el olimpo del poder se ha reflexionado a los trabajadores bolivianos en paro movilizado. Tenemos que entendernos, usando nuestras lenguas y músculos, dijo algún ministro dado a los discursos barrocos. El luminoso proceso de cambio ha hecho otro de sus milagros: substituir el cerebro por la lengua.  Ahora, todos a pensar con las papilas gustativas y no con las neuronas. En el campeonato de discursos y declamación en el que se ha convertido el debate de política públicas desde el oficialismo, ciertamente, el órgano  más importante es la lengua. En efecto, haciendo uso de este noble músculo, se proclamó la nueva contradicción central de la revolución en curso. En tono paternalmente profesoral se conminó a los trabajadores en huelga, a que escojan entre: aumentos salariales o la industrialización.  Si los asalariados optaran por mejorar sus ingresos, estarían condenando al país a la miseria de los recursos naturales y lo que es peor, a que la revolución industrial, en ciernes, se lance a los brazos de las empresas transnacionales por falta de recursos. Pongamos en contexto la nueva dicotomía, que en realidad, enfrenta dos anacronismo: el salarialismo sindical versus industrialización de viejo cuño.

Como pocas veces en la historia económica del país, se acumuló un exceso ahorro nacional, es decir dinero contante y sonante, que contablemente está registrado en el incremento de las reservas internacionales del Banco Central de Bolivia, en el publicitado superávit público, y en el exceso de liquidez del sistema bancario privado. Sumando todo lo anterior algo 14 mil millones de dólares. Un chanchito repleto de plata del cual el Gobierno está súper orgulloso y dice que es de su cría y cosecha. El ahorro nacional habría crecido gracias a la nacionalización del sector hidrocarburos. 
Aunque, algunas lenguas viperinas afirman que el engorde del cerdito se explica, en realidad, por el fabuloso contexto internacional. En efecto,  los precios de las materias primas que exportamos se dispararon al cielo, para muestra dos botones: el estaño se cotiza por encima de los 14 dólares la libra fina, cuando hace cinco años apenas llega a 4 verdes. En el pasado inmediato, el gas natural con suerte llegaba a 1 dólar y ahora está cercano a 7 dólares el MMBTU.
 
Bueno, independientemente del origen del dinero, la pregunta central es qué hacer con estos recursos en un contexto en que se creó una hiperinflación de expectativas en la gente y se ofreció la felicidad económica instantánea a través de la nueva Constitución Política del Estado. Para los trabajadores afiliados a la Central Obrera Boliviana y otros sectores sociales, la bonanza económica, cantada en verso y prosa en el Woodstock político de los últimos 5 años, debe llegar a los bolsillos de la población. Se busca la distribución del ingreso hoy.

Después de haber exhibido al chanchito de la plata en sus mejoras galas de carnes, los dueños del poder descubrieron que una buena parte de la gente quiere comerse el ahorro nacional más rápido que inmediatamente. ¡Oh, gran sorpresa! Descubren un viejo mal del sindicalismo boliviano: el salarialismo. Para contrarrestarlo apelan a dos cucus para hacer retroceder a los malignos del salario, por un lado, se convocan los fantasmas  de los fracasos históricos de la izquierda boliviana (La caída del gobierno de Torres y la UDP) y por otro, se re-empaqueta el viejo mito de la industrialización. No se pueden aumentar los salarios porque podemos hacer caer un gobierno popular y porque, además  necesitamos los dineros de la bonanza para industrializar los recursos naturales. Proyecto que es sólo un buen deseo, una promesa incumplida en base a una propuesta trasnochada. Se ofrece un gigantesco programa de inversión donde subyacen ideas de industrialización de veterano cuño.

El plan de industrialización etapista y basado en los recursos naturales busca una producción en gran escala de capital intensivo y que usa tecnología cerrada, como es el caso del satélite chino. Es un camino de desarrollo que vuelve a la idea de los años cincuenta de la Comisión Económica para América Latina (Cepal). Lo que economía necesita es infraestructura básica y una industria de base a partir de sectores claves. Hoy como ayer, la propuesta oficialista intenta rehacer el camino de la revolución industrial del XIX, en pleno siglo de la revolución tecnológica y del conocimiento.

La propuesta de industrialización gubernamental recuerda los Gosplan soviéticos que buscaban hacer en cinco años, lo que otros países habían hecho en cincuenta. El salarialismo y la promesa de industrialización repiten una vieja historia.  Una vez más pensar con la lengua y refugiarse en los discurso sobreideologizados presagia frustración para la gente.      

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Gonzalo-Chavez-
Gonzalo Chavez
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