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Miércoles
 16 de Octubre de 2019
Bajo el Penoco
Tribuna
La guerra sucia en las campañas electorales
Lunes,  13 de Mayo, 2019

En las campañas proselitistas con la participación de varios  candidatos políticos “todo vale”, desde el ensalzamiento hasta el esplendor máximo de un candidato determinado y la defenestración total del adversario para languidecerlo, restarle credibilidad ante el electorado y disminuirle el voto popular. 

Sin embargo, debe haber conciencia electoral porque si no la campaña electoral se convierte en un circo nauseabundo de ataques, mentiras y mentirillas que asquea el círculo vicioso político. A mi entender, toda agrupación con fines políticos y de toma del poder, deben crear un “regente electoral político” para que conduzca fehacientemente y de forma ética y moral la contienda electoral. 

Que tenga la atribución de regular, organizar y controlar el proceso electoral y que tenga, principios de certeza, legalidad, imparcialidad, independencia y objetividad. El regente electoral diez días antes de empezar las campañas políticas, debe enviar mensajes publicitarios a través de los medios de comunicación para concientizar a todos los candidatos, voceros oficiales, jefe de campaña, militantes y simpatizantes que deben abstenerse de expresiones que calumnien, difamen, desprestigien, desacrediten con ofensas y mitomanías para que el adversario político sea odiado por el ciudadano que ejercerá el derecho al sufragio a través del voto popular, injurien e incluso, ofendan la memoria del difunto (que se constituye en delito en el Código Penal boliviano). 

Esta conducta torpe, ruin y baja tiene el propósito de lograr que la balanza de los votantes se incline a su favor. Muchas acusaciones son temerarias, oscuras y dañinas. En esta próxima gesta electoral a realizarse en el mes de octubre, observaremos como un candidato lanza todas sus escaramuzas contra los otros candidatos y viceversa, sobre todo acusaciones de tránsfugas, corrupción, influencias en razón del cargo, concusión, enriquecimiento ilícito, autoritarismo, complicidad o padrinazgo a traficantes de sustancias controladas, inepto e ignorante, decrépito, etc. Es decir, una serie furtiva y sagaz de acusaciones y contraacusaciones que en el argot político se conoce como guerra sucia, donde las súper mentiras se convierten en el turbión que arrasa con la dignidad y buen nombre de las personas.

Pero, hay veces que la guerra sucia se convierte en un arma de doble filo, porque se puede convertir en un suicidio electoral contra los guerreros sucios y malintencionados que no tienen ningún temor de dar rienda suelta a su lengua bendiciendo o maldiciendo  a diestra y siniestra. 

La bola de mentiras reventadas por el dardo de la verdad expondrá a los verdaderos mentirosos y les restará votos haciendo crecer políticamente al político víctima del oprobio embaucador. 

Muchos se aferran al eslogan: “políticos del pasado representan corrupción y prebenda”, sin embargo deben razonar y aprender que nada permanece estático en la vida. Además, la corrupción y las acciones delictivas son el caldo del pasado y del presente porque políticos negros, camuflados de terciopelo creen que política es sinónimo de enriquecimiento a hurtadillas y al margen de la ley, siendo que el verdadero ejercicio del poder político es servir de forma honesta, responsable y eficiente al pueblo depositario del verdadero poder soberano. Los políticos en función de gobierno nacional y departamental solo son funcionarios públicos que deben hacer buena gestión, y ser correctos administradores de las arcas del Estado a través de la vigilancia del poder fiscalizador de la población. 

Por lo tanto, lo que es actual mañana será pasado. Y en política, todo se regenera y cambia a través de las políticas públicas de bienestar social, así como los actores políticos que hoy ostentan palaciegamente el poder en los cargos públicos, porque se tiene que dar paso y oportunidad en base a la alternancia constitucional a otros sujetos pensantes con mejores ideas y proyectos comunes.