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Bajo el Penoco
Editorial
Promesas y mentiras
Martes,  23 de Octubre, 2018
Promesas-y-mentiras

Todo el drama que hemos estado presenciando alrededor del cáncer, y que tuvo como clímax la conmovedora historia del adolescente Fernando José Suárez (Chumita), pinta de cuerpo entero el funcionamiento de nuestro Estado en relación a los problemas sociales, a la mentalidad de las autoridades y, lamentablemente a la ingenuidad de la ciudadanía que todavía cree en las soluciones mágicas y en las propuestas improvisadas que hacen los políticos.

Durante años, el Ministerio de Salud ha estado ignorando sistemáticamente el avance del cáncer, como lo hace con muchas otras situaciones apremiantes. Procede así por una cuestión práctica, por una lógica elemental de la política que siempre evalúa las cosas en función del “costo-beneficio”. Para ellos, el número de enfermos que hay en el país no representa mayor peso electoral y, en consecuencia, más “rentable” es construir una de esas obras faraónicas en algún páramo desolado, que invertir en un nada fotogénico aparato que quedará guardado en un hospital, con pocas posibilidades de sacarle rédito mediático.

Durante años, los enfermos han marchado, bloqueado y se han crucificado sin despertar un mínimo de sensibilidad hasta que ocurrió lo de Chumita, una noticia que se “viralizó” inmediatamente y que le brindó la oportunidad al régimen de aprovechar las cámaras de televisión, derramar lágrimas, prometer y cobrar protagonismo para que el show sea completo. 

Resulta cómico que los principales jerarcas del “proceso de cambio” admitan que no saben nada del cáncer, que no habían caído en cuenta de la gravedad del problema y que a continuación anuncien una serie de medidas destinadas a enfrentarlo, con garantías de tratamiento gratuito, de pago a los sanatorios privados y compra de equipamiento de última generación.

Lo más incongruente es que pese a todos los antecedentes, la gente se lo cree; la prensa repite los discursos y lo pone en grandes titulares, sin preguntar cuál es el plan que hay detrás, cuál es la política pública que se ha diseñado para enfrentar el cáncer; dónde está el diagnóstico y principalmente, quién va a pagar todo; de dónde saldrán los recursos.

A nuestra ciudadanía, muy afecta a los dramas como el de Chumita (antes que muera nadie hizo nada por él y por su familia), le gusta que le mientan; todavía cree que el Estado es una especie de Papá Noel que saca la plata de algún lugar en el espacio y que parte y reparte sin pedir nada a cambio. Por eso es que nuestros gobiernos son improvisados, por eso malgastan y derrochan, prometen, no cumplen y los problemas siguen sin resolverse por años, como lo seguirá estando el cáncer, desafortunadamente.

Resulta cómico que los principales jerarcas del “proceso de cambio” admitan que no saben nada del cáncer, que no habían caído en cuenta de la gravedad del problema y que a continuación anuncien una serie de medidas destinadas a enfrentarlo.