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Impresiones y pareceres
Los burdeles y la literatura
Martes,  7  de Febrero, 2017

La coyuntura política –casi siempre– nos tiene obsesionados. La continua publicación de textos que refieren al paraíso del incario y a los males heredados a través de más de 500 años de opresión colonialista son claros ejemplos. En fin, vivimos tiempos de cambio. Pero toda sociedad no necesariamente rige en su diario vivir por el acontecer político (no sólo de política vive el hombre). Sino, en los seres humanos también afloran sentimientos arcanos, deseos clandestinos, instintos ocultos, inclinaciones recónditas y pasiones varias. Esta conjunción –muy humana– está reflejada por ejemplo en los placeres que conlleva la expresión epónima de burdel.

La prostitución no es algo nuevo, sino todo lo contrario, forma parte de nuestra historia, es parte de nuestra realidad social. Al rastrear un poco la literaria boliviana –sobre el tópico de la prostitución–  brota el gusto a la vida lujuriosa, clandestina y peligrosa. Este escenario pecaminoso sirvió de inspiración en distintos cuentos, dramas y novelas a nivel universal.

Se puede mencionar por ejemplo al escritor y periodista Claudio Cortez A. (1908-1954). A finales de la década de los treinta publicó la novela La tristeza del suburbio (1937). Esta trama tiene como escenario las calles pobres de la urbe paceña. En ellos transitan ebrios, mendigos, excombatientes de la Guerra del Chaco (1932-1935) y mujeres libertinas. “Una calle ancha sin empedrar, donde hay casitas pequeñas, tiendas, pisquerías y chicherías, iluminadas en su entrada con lamparillas rojas. El ambiente festivo de esa calle con sus postes de luz a grandes intervalos, con trechos penumbrosos, oscuros y malolientes, inspiraban asco y terror (...). En ese barrio se manifestaba la alegría que proporcionaba los organillos, pianos, cantatas y bailes de esas mujeres sucias que festejan a quienes visitan esas casas”. El autor hace referencia al callejón Conde-Huyo en el cual sus visitantes se extasiaban entre el placer y el peligro. Numerosos testimonios literarios señalan insistentemente la gran relevancia de esta curiosa calle, sobre todo en relación con las noches paceñas hasta finales de la década de los cuarenta.

También el afamado escritor y político Gustavo Adolfo Navarro (1896-1979), conocido con el seudónimo de Tristán Marof publicó la novela La ilustre ciudad: historia de badulaques (1950). El propio Marof considera que La ilustre ciudad “es un libro festivo, que pretende interpretar el lado humorístico de una de las sociedades más conservadoras del país”. El relato de La ilustre ciudad trata de condensar la vida cotidiana de la culta e histórica Charcas, llamada también La Plata, Chuquisaca y finalmente Sucre. La trama acontece durante la presidencia de Ismael Montes. Los personajes que pinta Marof van desde distinguidos caballeros y damas de la más alta alcurnia chuquisaqueña, estudiantes universitarios de la antigua Casa de estudios (Universidad de San Francisco Xavier), extranjeros, clase media y el sector cholo (mestizo). Uno de los personajes de la novela es Manolito del Tejar. Es descrito como un joven de la aristocracia chuquisaqueña. Elegante en su forma de vestir y elocuente conversador. Acababa de llegar de Chile. Uno de sus temas favoritos de Manolito era la “Casa de las niñas” (prostíbulo chileno). Este personaje resalta animosamente la diferencia entre las cholas chuquisaqueñas que tenían el pudor hipócrita y las chilenas liberadas al placer febril. Estas “niñas” se desnudaban de manera natural, eran bellas, elegantes, chiquillas deseosas de complacer al eventual acompañante. A diferencia de las cholas que eran timoratas, difícilmente se despojaban de su vestimenta, toscas en atención y descuidadas en su higiene. El grupo de oyentes quedaba electrizado con los relatos de Manolito y crecía su deseo por estar en la “casa de las niñas”.

Desde los tablones el dramaturgo Raúl Salmón de la Barra (1926-1990) reflejo esta temática en su obra teatral La calle del pecado. Salmón fue el creador de lo que llamó “el teatro social”. Dramas de fácil comprensión, escritos con el propósito de mostrar los males de la sociedad y ofrecer una solución moralista. Los personajes y el dialecto que trazó Salmón son prototipos de la sociedad fácilmente identificables: cholas, birlochas, pitucos, ricos, comerciantes, hampones y prostitutas. El conocido catedrático Mario T. Soria relata en su estudio sobre el Teatro boliviano en el siglo XX (1980) las peripecias que asumieron Raúl Salmón y su elenco. “Tuvieron que defenderse hasta con los puños por llevar adelante su obra teatral”. Una de las piezas teatrales que tuvo éxito y provocó gran polémica social, cultural y artística fue La calle Conde-Huyo o la calle del pecado, estrenada en enero de 1944. El relato se desarrolla cerca de las diez de la noche en el callejón Conde-Huyo (en la actualidad ya demolido por ampliación de la Plaza Alonso de Mendoza), que consistía en dos cuadras llenas de boliches y burdeles. La calle del pecado por las noches albergaba a estudiantes universitarios, artistas, zapateros, albañiles, músicos, homosexuales, policías y bohemios. Todos buscaban sexo, libación y diversión. Pero a la vez Salmón refleja algunas realidades latentes de la época que pueden ser extensibles hasta el presente. La calle del pecado también causó la propagación de enfermedades venéreas (en la actualidad el SIDA), el proxenetismo se hace latente en las líneas que trazo Salmón (“!Todas estamos atrapadas aquí! ¡Las dueñas nos atrapan!”). La miseria conduce a la calle, la falta de empleo, la necesidad de comer, familias desintegradas o simplemente a quienes les gusta el sexo por placer.

Este breve recorrido por lenocinios a través de la literatura nos muestra nombres y rostros anónimos: adúltera, cortesana, prostituta, hetera, ramera, querida, manceba, entretenida, meretriz, relajada, mujer de vida fácil. Todas estas denominaciones, con ligeras variaciones en cuanto a la función y a la actuación, han descrito a la misma mujer: la prostituta que sirvió de inspiración a muchos autores nacionales y extranjeros. Por otro lado, estos lugares de lujuria no solamente exhiben alegorías del placer sino también son el reflejo de las “tristezas del suburbio”, la desesperanza, la subsistencia o el acorralamiento que son retratados continuamente a través de la literatura.

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Freddy-Zarate-
Freddy Zárate
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