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Tribuna
La juventud, divino tesoro
Viernes,  25 de Marzo, 2016

L a juventud es la etapa de la vida que llamamos “los años maravillosos”, de  inocencia y ternura, de la curiosidad y aprendizaje de valores morales y espirituales para ser los forjadores de una sociedad mejor. El insigne filósofo Aristóteles enseñaba que la educación debe ser impartida desde el vientre materno, es decir, que la madre escuche música subliminal, lea, observe los jardines lleno de flores, el cantar de las aves como el espléndido tiluchi y sayubú, etc.

El padre debe coadyuvar en esta tarea, a través de palabras dulces, cariñosas, melodiosas y llenas de amor hacia la madre y repercutirá a través de la sangre hacia el nuevo ser y, esto hará que el niño se vaya gestando con paz y armonía. 

Si no hubiera sangre nueva, la sociedad se estancaría y llenaría de tristeza y aburrimiento. Hay que plasmar en la familia, colegios y universidades temas más recurrentes que despierten el raciocinio de los jóvenes, tengan claro su razón de existir y para que se le abran mayores espacios de responsabilidad y disciplina para triunfar en la vida. Pero, para ello, se necesita el apoyo de los adultos y más políticas sociales que incentiven a la juventud.

Ellos necesitan buenos ejemplos de las personas mayores. Por eso es, que culparlos de todo lo malo, es un despropósito y anacronismo artero y egoísta.  Ellos necesitan aprender el camino de la verdad. Hay que generarles cimientos sólidos en la educación de valores. No podemos permitir que la juventud pierda la nobleza y el respeto porque estaríamos  socavando mortalmente sus ilusiones y esperanzas.  Es como un ave sin alas que no podrá alzar vuelo hacia la excelsitud y la búsqueda inclaudicable de lograr sus metas y aspiraciones.

La juventud es un divino tesoro. Pero para ser ese tesoro anhelado requiere el aprendizaje de valores excelsos como la lealtad, el esfuerzo, la libertad, la solidaridad, el amor, la disciplina y el servicio. La Sagrada Biblia, palabra del Dios viviente en Salmos, señala que los jóvenes aprendiendo estos principios esenciales aunque lleguen  a ancianos no se apartarán de ellos, formando así una sociedad de estirpe y bienaventuranza.

Existe un sabio aforismo que dice que, si uno le da un pescado a un menesteroso lo estará alimentando por un día, pero si le enseña el camino del trabajo lo estará alimentando por toda la vida. Por lo tanto, ellos aprenderán, se esforzarán y lucharán por conseguir sus objetivos. Lo que más cuesta en la vida, es lo que más se valora con el tiempo. Ellos no pueden quedar en el anonimato, sino que hay que apoyarlos y hacerlos más partícipes en las decisiones gubernamentales que se tomen. En la vida hay rosas pero también espinas. Hay que animarlos, estimularlos para hacerlos optimistas y convertirlos en líderes como prototipo de su formación integral, porque nuestro país necesita de ellos. Mis queridos jóvenes nunca deben olvidar que el estudio, la templanza, el cariño y el amor confraterno nutren el espíritu y facilita la construcción de la paz entre los seres humanos.

Haz el bien sin esperar compensaciones materiales y lucha por ser mejor cada día, pero también lucha por tu familia, tus amigos y por los que te muestran el sendero de la educación y la justicia social para que lleguen a ser una primavera de virtudes y altruismo para realizarte como persona y formarte como profesional idóneo y apto en el mundo laboral contemporáneo.

Acerca del autor:
Roque--Mendez-Escalante-
Roque Méndez Escalante
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