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Bajo el Penoco
Editorial
Energía para el mercado interno
Domingo,  8  de Noviembre, 2015

Cuando el gas boliviano se haya acabado, el país quedará lleno de agujeros inservibles y con gente llorando como pasa con los potosinos y su Cerro Rico. Lo mejor que podemos hacer con nuestra energía es usarla, como hacen los argentinos y los brasileños, que crecen y progresan con nuestro gas, mientras que nosotros nos dedicamos a malgastar el dinero. Eso va a pasar siempre, ocurre en todos lados y sucedió nada menos que con Holanda, donde aprendieron la lección, al igual que los noruegos y... pare de contar. El resto de los países que se dedican al extractivismo son miserables, conflictivos, ingobernables y llenos de problemas.

El comentario surge a raíz de una buena noticia y otra mala. La primera es que por primera vez en lo que lleva en marcha el nuevo boom del gas que empezó con el inicio del contrato de venta de gas a Brasil en 1996, se concreta el primer gran negocio privado que se aprovisionará de este energético que prometió recuperárselo para los bolivianos en el 2003.

Se trata de la fábrica de cemento de Yacuses que lleva esperando casi una década para que YPFB le confirme la venta de 250 mil metros cúbicos de gas diarios, lo que representa un 0,41 por ciento de la producción nacional, que en un 80 por ciento se destina a la exportación. Y así como este emprendimiento, que invertirá más de 216 millones de dólares y que dará trabajo a 500 personas, hay cientos de proyectos en el país que hacen fila por gas sin esperanzas de conseguirlo. Y no solo se trata de grandes industrias, que tanta urticaria le causan el “proceso de cambio”, sino de pequeñas fábricas de cerámica, panaderías, granjas, plantas de lácteos y muchos otros que podrían generar un inmenso poder multiplicador en la economía y cambiar de una vez por todas nuestra historia de fracasos que hoy nos tiene en ascuas ante la disminución precisamente de los recursos que provienen de la venta de ese gas que tanto ensalzamos y que deberíamos aprovecharlo para nuestro progreso y no el de otros.

Y no es que se trate de anular los contratos y concentrar el ciento por ciento en el mercado interno. Eso sería imposible y suicida, pero el problema es que Bolivia se niega a romper su vieja tradición de mirar hacia afuera, de enfocarse en el sector primario exportador, sin darse cuenta que la solución está en el mercado interno, que no solo se debe estimular a partir del consumo, como se lo hace ahora, sino al revés, a partir de la creación de empresas, de puestos de trabajo y de la diversificación.

De acuerdo a los anuncios que se vienen repitiendo, Bolivia intenta especializarse y eternizarse en la venta de energía (ahora la moda es la electricidad) y descuida la ventaja y la obligatoriedad constitucional de priorizar el mercado interno. La muestra más patética de este fenómeno es Tarija, el nuevo emporio gasífero que no ha conseguido avanzar ni un ápice en la transformación de su riqueza energética, lo que pone al departamento bajo la amenaza de repetir la triste historia de Potosí.

El Gobierno ha prometido incrementar hasta el próximo año de 20 a 34 por ciento la incidencia del mercado local en la producción nacional de gas. Esperemos que noticias como la de Yacuses comiencen a repetirse todos los días.

De acuerdo a los anuncios que se vienen repitiendo, Bolivia intenta especializarse y eternizarse en la venta de energía (ahora la moda es la electricidad) y descuida la ventaja y la obligatoriedad constitucional de priorizar el mercado interno.