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Al Cierre
El suicidio pol?tico colectivo
terra nostra
Jueves,  7 de Mayo, 2009

 

Daniel A. Pasquier Rivero  Vivimos tiempos de incertidumbre. Lo que ocurre en cualquier rincón de la Patria debe interesar a todos, porque es parte de un guión meticulosamente elaborado que sigue un plan para desarrollar el  programa que debe llevarnos al Estado “marxista, leninista, socialista, comunista”, sintetizado magistralmente por el Presidente del Estado Plurinacional, sucesor de la República de Bolivia. Lo que el “castrismo” consiguió implantar en Cuba lo intenta el “evismo” para Bolivia.
La revolución cubana fue traicionada por ese proyecto, y fueron también traicionados los que lucharon por derrotar al dictador  Fulgencio Batista. Muchos de los que sobrevivieron y marcharon triunfantes sobre La Habana ese 1 de enero del 59,  entonando cantos a los nuevos tiempos de libertad y progreso, pronto despertaron sorprendidos al escuchar de su líder, Fidel, en declaración pública, los mismos términos del líder cocalero Evo Morales en la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago. Y no llegaron los  tiempos de libertad y menos de progreso. Cuba se convirtió en una cárcel para  millones de sus habitantes, y las cárceles trocaron a tumbas para miles de combatientes que se atrevieron a exponer su descontento. Cincuenta años después la libertad no se ha recuperado y las cárceles albergan todavía viejos y nuevos disidentes políticos sentenciados casi de por vida, por el simple hecho, pero vital, existencial, de tener opinión propia frente a  la “voz oficial” parapetada detrás de esa oscurísima burocracia partidaria que conforma el Partido Comunista Cubano, el único permitido.  La libertad es un secreto.
El progreso esquivó a la isla, que ha sobrevivido en la dictadura sólo por su sometimiento, vaya paradoja de un movimiento revolucionario liberador, a los subsidios de la URSS en primera etapa y, ahora, al del petróleo venezolano. Los avances en educación y salud pública, no pueden ocultar las enormes carencias en el resto de la economía nacional y en la satisfacción de las necesidades básicas del pueblo cubano. Sobre todo, el estricto control de la vivienda y su calidad; las limitaciones al consumo individual y familiar; la imposibilidad de acceder a comodidades simples, aceptadas hace medio siglo por la mayoría de las sociedades de todo color ideológico en cualquier punto del planeta; y la prohibición explícita y absoluta hasta hace muy poco de utilizar adelantos técnicos de comunicación universal, por el miedo a la contaminación doctrinal política y social. Cincuenta años después de implantar el sistema comunista el subdesarrollo se asentó en una de las economías más florecientes del mundo de entonces y hoy Cuba, con mucha dignidad, sigue buscando los subsidios y  donaciones de la comunidad internacional para subsistir. Ayuda que llega en grandes cantidades, incluso de países “imperialistas, capitalistas, neoliberales”, por solidaridad humanitaria, por encima de la discrepancia con el sistema político imperante.
Hugo Chávez, un paso adelante de Morales, en diez años siguiendo las huellas de Castro ya muestra los resultados políticos, sociales y económicos que confirman el fracaso del modelo. Venezuela sobrevive, porque Dios así lo dispuso, gracias a los hidrocarburos. 
Es tiempo de reflexionar con Ayn Rand. El poder político se ha lanzado con todo  contra el que produce, dictando reglas negativas, limitantes en lugar de promotoras, que coartan y hasta hacen imposible trabajar, producir, comercializar, vender y exportar, principalmente en el sector privado. Deciden los que no producen, e improvisan en las empresas estatales. Aunque la corrupción no nació cuando Alvarado estuvo al frente de YPFB, hay que reconocer que se ha multiplicado cual hongo venenoso en toda la gestión de este gobierno, el contrabando encontró protección oficial, y hasta uniformada. La venta de cargos en la administración pública dejó de ser noticia, y la coima se exige con sangre si es necesario. Familias enteras se ocupan de entidades públicas ante la pasividad de los órganos fiscalizadores, mientras otras forman grupos eficientes ligados a la producción y tráfico de drogas, de la que se confiscan toneladas pero pocos son aprehendidos y casi nadie llega a juicio. La nueva riqueza es ostensible y escandalosa en personas de Potosí, El Alto o Chapare que producen nada de día, nada de noche.  
Es tiempo de evitar el suicidio político colectivo, mostrando la realidad sin polvo ni paja. No la que trata el gobierno y todos sus medios de hacernos ver y creer, acomodada en función del proyecto de sociedad que tiene el MAS para Bolivia, si no en función de la defensa de la libertad y de la democracia, que ahora ha retrocedido para unir fuerzas en  defensa del derecho a la vida. Para Evo, “la tierra es más importante que el hombre”, de donde quizás ha concluido que, para darle más valor, haya que echarle un poco de tierra encima, si no, como explicar la fría ejecución de los supuestos terroristas. Él “seguirá “luchando por la igualdad y la unidad de los bolivianos” a pesar de su CPE que reconoce ciudadanos de varias categorías, distintos en derechos y deberes, al punto que se puede repetir como en la película MATRIX, que “si ves un agente, corre, corre, corre sin descansar”, ya sabes que estos no necesitan identificación ni orden judicial, porque aplican, finalmente, “si no eres nuestro, eres de ellos”, como desconoce el Secretario Ejecutivo de la COB “somos masistas, no fascistas”. Como el presi, que “lucharía contra la corrupción”, pero no, por “falta de plata” (¿).
Hoy vivimos una Bolivia con leyes que no están para ser aplicadas a los que las infringen, si no contra los que se empeñan en cumplirlas. Puede parecer locura, pero mejor es ser conscientes de que se ha perdido el Estado de Derecho en vez de seguir insistiendo en entender la reencarnación de Napoleón o de Bolívar. Un mínimo de realismo señala a la unidad como requisito sine qua non para enfrentar al proyecto del “evismo”. Lo contrario, amarrados a egoísmos  personales, partidarios o regionales, será el suicidio político colectivo, la vida y el futuro de todos los bolivianos.

autor : -Daniel-A.-Pasquier-Rivero-
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