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Tribuna
Retorno inaceptable a la intolerancia
Domingo,  12  de Noviembre, 2017

La información periodística nos trae la noticia de que en Venezuela, el régimen actual de gobierno aprobó en su Asamblea Constituyente “una ley que restringe la acción de los medios de comunicación y fija sanciones hasta de 20 años de cárcel para quien promueva delitos de odio e intolerancia”. Esta ley fue solicitada por el presidente de Venezuela para evitar los supuestos mensajes de odio, intolerancia y racismo que estarían utilizando los adversarios del gobierno, y amenaza por supuesto con el cierre de los medios de comunicación e incluso la ilegalización de los partidos. Hasta aquí el resumen que hacemos de semejante medida totalitaria, pues viene a ser algo así como castigar a quien dé opiniones contrarias al gobierno, fácilmente de ser interpretadas como “delitos de odio”, lo que siguiendo a un ilustre pensador del siglo XX podría calificarse como “pedantesco fanatismo”.

La referencia de tal hecho nos trae a la memoria el aciago período del nazismo que antes y durante la Segunda Guerra Mundial causó graves ultrajes a la dignidad humana bajo un sistema totalitario. No olvidemos que para este régimen los actos contrarios a su gobierno debían considerarse delitos contra el “sano sentimiento del pueblo” y con esta calificación, esencialmente política, facilitar la eliminación de toda forma de disidencia proveniente de las corrientes opositoras al régimen. La relación histórica de estos hechos es y seguirá siendo fuente permanente de información y de análisis a fin de que los pueblos no caigan en situaciones que ofenden a la dignidad humana.

Surge pues el convencimiento de que la extraña y forzada figura del “delito de odio”, impuesta por el régimen venezolano en su legislación penal, no sea otra cosa que trazar una línea autoritaria para justificar represalias políticas contra la disidencia, aparte de las que ya existen, seguramente bajo la censurable complacencia de órganos propios del poder judicial que, según se conoce, carecen de la independencia necesaria como para ser una firme garantía de un estado de derecho.  Este antecedente debe servir a los países empeñados en mantener su gobierno democrático es decir para preocuparse en todo momento por una real separación de poderes.

La tolerancia inteligente de las ideas ajenas es una característica que habrá de enaltecer a cualquier régimen civilizado de gobierno o a cualquier persona o grupo que aliente una determinada ideología. Entre tanto que reprimir las ideas por la fuerza, solo puede darse en sistemas de intolerancia, dictatoriales, peor aún si para ello acuden a la aprobación de leyes y de procedimientos que atentan contra la libertad de disentir.

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Rene-Baldivieso-
René Baldivieso
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