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Tribuna
Nervios en crisis
Jueves,  14  de Enero, 2016

El 2016 ha entrado con gran espectacularidad gracias al referendo que busca allanar el camino de una eventual re-re-elección del binomio en el poder. El gran acróbata de las maniobras de 360 grados, dignas de esas películas chinas de grandes voleas aéreas, es sin ninguna duda el vicepresidente Álvaro García. Evo Morales, aunque con mayores limitaciones oratorias, lanza también sus dardos a diestra y siniestra en la esperanza de que alguno le dé en la madre a la estrategia opositora.

Álvaro García, con su aspecto de intelectual hábil con la palabra-sobre todo la falsa-y el histrionismo  aprendido en su época de vacas flacas, entonces ataviado con existencialista polerita negra de cuello beatle, saquito café y pusilánime cabellera, luchaba denodadamente por dar la imagen de chico bueno y bien. Su fama, -luego de su estancia entre rejas, no por nada-, necesitaba de algún medio masivo y es en
PAT, en ese entonces de Carlos Mesa y socios, donde se arrimó ladinamente con sus libritos bajo el brazo. No podemos olvidar que el presidente del Senado, -de las ligas menores-, también  fue asalariado de Mesa Gisbert y asimismo, anda dando  golpes bajos de dudosa efectividad.

Ha corrido mucha agua y esa época ha quedado en el anecdotario del hoy muy cuidado y amañado vicepresidente. Con esa lógica aprendida en el usufructo del poder casi omnímodo, no tolera la negativa frontal del exitoso vocero de la demanda marítima, de aceptar la reforma a la constitución en beneficio de solo dos. La soberbia que lo lleva a desbocarse al calificar a Carlos Mesa como un "buen comentarista de televisión, pero un político fracasado" lo hace con la liviandad de quien se dirige a una audiencia que ignora, quién es quién en este país. Con un agravante. La ira total se desata porque Mesa dijo lo que para muchos otros, es una verdad de Perogrullo. El vilipendiado Gonzalo Sánchez de Lozada, con sus luces y sus sombras, plantó las bases de lo que Morales ha estado cosechando hasta hoy.

Para el resultado anhelado del referendo al que han convertido en plebiscitario como parte de su liturgia populista, les es imperioso que todos se sumen en absoluta adhesión. Y aquellos que no están dispuestos a embargar su libertad de pensamiento, les cae el castigo perpendicular y certero. Lo que se percibe desde afuera, es esa obsesiva observación de su propio ombligo. Todo lo que no controlan, no existe. Si bien nunca han tenido pensamiento autocrítico, su endeble posición los lleva incluso, a ignorar que los radicales cambios políticos en la región, los están dejando un tanto descolocados. Y desamparados.

La frenética campaña del binomio, en la que infantilmente pretenden estar mimetizados en los movimientos sociales o lo que se llamen, pese a los gastos dispendiosos y las horas-hombre de todos los dependientes del gobierno,  les aterroriza que gane el NO más allá de toda racionalización. Es que ellos sí que tienen mucho que perder. Están poniendo todas sus fichas al 21 F. Los que se oponen por principio a la modificación de la CPE, están mucho más tranquilos y relajados por varias razones. Primero que tratar de alcanzar los niveles de gasto del oficialismo es pensar en volar. Además innecesario.  Pese a las acusaciones de que el imperio -cuándo no- y los nuevos operadores políticos del Departamento de Estado como Sánchez Berzaín y otros, están, no solo bajando línea de lo que los retardados opositores deben hacer, sino que son quienes giran un puñado de dólares para hacer poleras y banderitas. Pretenden hacer creer que a eso se circunscribe el accionar opositor, como si hubieran sido sometidos a una lobotomía. Los argumentos principistas y el apego a las  normas democráticas, no es algo que sea percibido por el oficialismo, menos sopesado.

Descreen totalmente que el NO es una movida espontánea, libre y no partidaria. Para su consumo propio, lanzan a la lengua karateka a no dejar cabeza en su lugar, llámese Defensor del Pueblo, Obispos o periodistas independientes. Las redes sociales, su peor pesadilla, no solo son un vehículo extraordinario de comunicación ciudadana, sino que llena millardos de  kilómetros de caracteres con un notable sentido del humor. Y no hay nada que desborde más a los paranoicos, que sentirse objeto de punzante sarcasmo adversario.

En todo caso, la ciudadanía tendrá una poderosa ficha para apostar. El oficialismo no. Para nadie es un secreto que el MAS sin Evo Morales el 2019, será historia, pese a las fintas de García Linera de ser él el Delfín. La oposición sabe que en el hipotético caso de llegarse a perder el referendo y se reforme la CPE, para las elecciones generales en cuatro años, el país sí tendrá alternativas democráticas y lo oscuro estará para entonces, mucho más transparentado. Gracias al MAS, la oposición no necesita de exabruptos ni de alocadas denuncias. El NO se está encarando alejado de dogmas, con libertad, por lo tanto, con mayor inteligencia. Es comprensible entonces el desbordado nerviosismo oficialista. Ecuación elemental. Sin permanencia en el poder, nula posibilidad de impunidad.