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OPINION
Economía en línea
La diplomacia paquidérmica
Lunes,  25 de Junio, 2012

El manejo de nuestras relaciones internacionales no goza de buena salud para usar un lenguaje diplomático.  El recuento de metidas de pata es largo y persistente.  Para preservar su hígado, tan solo nos referiremos a las últimas. Asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA) en casa, donde la mayoría de los países del continente nos dicen que el tema de mar  es bilateral con Chile. De nuestra parte, confusión total: Vamos a la corte de la Haya, no, mejor renegociamos el Tratado de 1909, no, que tal si lo desconocemos.  Dos días después de este revés diplomático, otro cocacho mayúsculo: Brasil acepta el pedido de exilio del senador Pinto.

Las relaciones bilaterales se tensionan, con el aliado político más relevante de la región y con el mercado más importante para nuestro gas natural, y como prevalece el tacto de elefante en nuestra diplomacia, el presidente Morales llega, en el mismo avión con Mahmud  Ahmadineyad, a la reunión de Río de Janeiro, cuando se sabía que Dilma  Rousseff no recibiría al presidente Iraní mandando un mensaje claro que no estaba de acuerdo con el tema de los derechos humanos y el tratamiento de la mujeres en ese país. La lectura fina e inteligente de los códigos y mensaje de las relaciones internacionales no es el fuerte del Gobierno. Con mucha frecuencia, el elefante se pone a arreglar la cristalería.  Parece que solo se piensa con las entrañas ideológicas y no así con la cabeza. Finalmente, en el recuento de las metidas de pata, Bolivia ignora y es olímpicamente ignorada por la Alianza del Pacífico.

En esta oportunidad nos centraremos en este último punto y optaremos por un análisis estratégico de largo plazo de nuestra relaciones económicas internacionales.  Para comenzar visualicemos el mapa de América Latina. Bolivia, en el centro del continente, está frente a dos tsunamis económicos y políticos. Por el lado oriental del país, Brasil va camino a convertirse en un potencia económica a nivel regional y mundial. De hecho ya es la sexta economía en el mundo y uno de los sectores más pujantes son los agronegocios, en concreto, Brasil es una potencia en cereales, biocombustibles y granos como la soya, por ejemplo.  Aquí el destino geográfico es contundente. Con este país nos une una frontera de más de 3.400 kilómetros. El modelo económico agroindustrial brasileño será cada vez más influyente en departamentos como Santa Cruz, Beni y Pando. De hecho se dice que más del 50 por ciento de la producción de soya en Bolivia estaría en manos de propietarios brasileños.  Además, las relaciones políticas y económicas serán cada vez más complejas en temas como migración, hidroenergía,  madera, manejo de ríos,  castaña, narcotráfico, contrabando, entre otros. Los fenómenos descritos son hechos de la realidad y no proyecciones, por lo que la política económica internacional boliviana debe  contar con una visión clara sobre la relación bilateral y las proyecciones conjuntas a nivel internacional y regional. Aquí nos referimos a los desafíos de la integración continental y bilateral que deberían pasar por temas productivos y no repetir la historia de la exportación de recursos naturales.

Por el lado occidental de Bolivia, está el segundo tsunami económico que se origina en el Asia en general y en China en particular  y que, atravesando Chile y Perú, tiene su influencia en los departamentos de La Paz, Oruro, Potosí y Cochabamba.  Las olas más grandes del maremoto son sobre todo comerciales. Es el Made in China que se encuentra en todos los mercados del país y que se refleja, en parte, en los 9 mil millones de importaciones. Además, están las exportaciones de minerales a la región asiática que se duplicaron en los últimos años tanto en Bolivia como en el resto de los países del continente. Es decir, la influencia del modelo chino de exportación de manufacturas y compra de materias primas tendrá una influencia económica determinante en los países conectados con el Pacífico.  De manera indirecta, Bolivia no será una excepción. 

Es bajo esta lógica que los países ribereños con este océano constituyeron, a inicios de junio del 2012, la Alianza del Pacífico, un bloque regional que agrupa a Chile, Perú, México y Colombia.  Ecuador se automarginó de este proceso de integración.  La alianza supone un mercado de 207 millones de consumidores, representa más de un tercio del PIB total de América Latina y más del 50% de su comercio.  Pero sobre todo la Alianza se constituye para aprovechar y gestionar el tsunami económico chino, convirtiéndose en una plataforma tanto exportaciones como importaciones y en un mecanismo para atraer inversiones asiáticas.

Cabe recordar, además, que estos países tienen tratados de libre comercio con más de tres mil millones de potenciales consumidores, la mayoría en el Asia. Bolivia debería estar en esta Alianza del Pacífico para hacer parte del nuevo orden económico internacional que se construye, donde China ya es un polo de poder fundamental.

Brasil por el oriente boliviano y China por el occidente son y serán, más aún a futuro, factores económicos fundamentales que afectaran nuestro desarrollo. En este contexto, nuestra acción internacional debe recuperar el sentido de la defensa de los intereses nacionales, sobre todo los económicos y comerciales, y dejar de lado  la diplomacia paquidérmica que es corta de visión, carente de estrategia de largo plazo, demasiado sobre ideologizada y poco sutil en el día a día.  Cabe recordar una frase clásica de la escuela realista de las relaciones internacionales que permito adaptar a nuestros tiempos: los países no tienen amigos, compañeros o hermanos, tienen intereses.

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Gonzalo-Chavez-
Gonzalo Chavez
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