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OPINION
El tacú de papel
El inventor del bisexto
Martes,  28  de Febrero, 2012

Cuentan los que saben que uno de los inventores más prolíficos de todos los tiempos fue Thomas Alva Edison, que nos legó importantes ingenios. Uno de los más conocidos y preferidos es Leonardo da Vinci, un genio para muchos, pero no hay que olvidar a Nikola Tesla, a Arquímedes, Alexander Graham Bell, Benjamín Franklin, citados como comienzo de una larga nómina de personajes creativos y curiosos que nos han proporcionado las comodidades que gozamos en nuestros tiempos. La gente que se comunica por celular con alguien ubicado en el otro extremo del globo terráqueo, o la que se entera de hechos al vivo en su televisor pantalla plasma olvida a los inventores.

Inventor es aquella persona que encuentra una solución   inédita a un problema. Recordemos la oración: “la necesidad es la madre de la invención”, y entenderemos que gracias a las personas creativas se han resuelto grandes dificultades. Pero quién diría que el emperador romano Julio César pasaría a la historia como el hombre que incorporó el año bisiesto (doble sexto) para resolver la pérdida de un día cada cuatro años en el tiempo calculado para el giro del planeta Tierra en torno al Sol. El año bisiesto, de esa manera surge como una necesidad para arreglar el tiempo. El papa Gregorio XIII lo incorpora definitivamente a su calendario –que es el que usamos- y santo remedio. Así el año normal tiene 365 días y cada cuatro años el bisiesto 366 días.

Con razón mi abuelo Román, que nació un 29 de febrero, nos decía a todos –jactándose- que era el más joven de todos. En su momento no entendí que al festejar su nacimiento cada cuatro años, su edad juvenil era la menor entre todos los jóvenes y no tan jóvenes de la familia. Intentar comprender el misterio del bisexto o bisiesto me llevó a conocer a los grandes descubridores que explicaron a costa de perder la libertad o la vida, que el globo terráqueo gira en torno al Sol. Recordemos a Copérnico, Kaplan y Galileo Galilei que sostuvieron la teoría heliocéntrica donde la Tierra no es el centro del Universo, sino un simple y pequeño planeta girando en torno a una estrella también diminuta, el Sol.

Los estudiosos sostienen que las pirámides egipcias arrojan resultados increíbles en la medición de su arquitectura. La distancia de la Tierra al Sol, la circunferencia del planeta, el simbólico signo Pi: el 3,1416, el tiempo de traslación alrededor del Sol, la distancia de la Tierra a la Luna y otras lindezas matemáticas. Esto nos lleva a aceptar que los antiguos poseían saberes que se han perdido en la nebulosa de los tiempos. Los fundamentalismos políticos y religiosos han llevado a quemar la famosa biblioteca de Alejandría, y con ella se ha perdido el conocimiento humano acumulado durante siglos. Sí, un auténtico crimen. Los bombardeos a ciudades históricas como Irak son lapidarios.

Porque los inventores de todos los tiempos son terrenales en su vida física, pero su herencia intelectual y cultural es tan valiosa y sublime que merecen todo nuestro respeto y consideración. Gracias a ellos y ellas, tenemos las computadoras, la propia energía eléctrica, los rayos x, los celulares, televisión, cine, vacunas, antibióticos, instrumentos de música, calculadoras, fotografías digitales y siga usted. Alva Edison decía que la genialidad del hombre era 99 por ciento de transpiración y 1 por ciento de inspiración. Por ello, entre los inventores se cuentan un observador de estrellas, una enfermera visionaria, un músico loco, un buscador de microbios, un monje horticultor, pero también tenemos entre ellos a un papa, un emperador, que nos han dado el año bisiesto.

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Fernando-Luis--Arancibia-Ulloa-
Fernando Luis Arancibia Ulloa
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