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OPINION
El tacú de papel
La democracia de cristal
Fernando Luis Arancibia Ulloa
Miércoles,  19 de Octubre, 2011

Las crónicas terrestres señalan que fue Plinio El Viejo quien comentó en su obra Historia Natural el fortuito descubrimiento del vidrio, que ahora se conoce como cristal, pero que en verdad no son la misma cosa. Según esos relatos, unos mercaderes se detuvieron a cenar a orillas del río Belus, y ante la falta de piedras, utilizaron unos trozos de natrón (carbonato de calcio) para colocar encima sus ollas. Al día siguiente, las “piedras” se habían fundido y reaccionado con la arena para formar un material duro y brillante que se conoció como vidrio.

El cristal, sin embargo, ya es un descubrimiento posterior basado en otras tecnologías de la época, para producir un vidrio sódico duro y refinado parecido al cristal de roca. Lo cierto es que ambos suelen quebrarse fácilmente.

Es sabido que la democracia es un sistema de gobierno donde las mayorías mandan, de acuerdo a mecanismos contractuales previos. La democracia, al igual que el vidrio y el cristal, ha evolucionado conforme los hombres han ido transitando las diferentes sociedades humanas que se han inventado. Ahora se habla de democracia formal, democracia real, democracia representativa, democracia popular, democracia participativa y otras. Muchos de los que se llenan la boca hablando de democracia no saben ni lo que ha costado recuperarla de los regímenes de fuerza porque ni siquiera lucharon por ella, y tampoco entienden en qué consiste su defensa y su fortalecimiento.

Los hay que gritan que la democracia está en peligro, que se puede romper y estallar en pedazos. Sin embargo, promueven los actos más antidemocráticos imaginables. De alguna manera habrá que restregar en sus narices a esos olvidadizos que en Bolivia la democracia comenzó de verdad con la incorporación de las grandes mayorías, compuestas por campesinos, obreros y clase media, al escenario de las decisiones políticas del país. Y ello ocurrió justo después de la Guerra del Chaco, donde los bolivianos descubrieron que la patria no era de ellos y que era menester recuperarla y construir una a partir de una auténtica revolución. Entraron en escenario los marginados.

Esos mismos que todavía despiertan recelos por sus rostros y cultura, por su modo de vida y por su lucha permanente en defensa de sus derechos, los que les han conculcado desde la conquista del continente, durante el coloniaje y gran parte de lo que hemos conocido como república. Son los rostros multidiversos que están construyendo su propia historia. Como están las cosas, resulta muy difícil que este tren de la  historia pueda ser detenido. El futuro, sin duda, pertenece a quienes se han descubierto a sí mismos. La democracia, en sus manos, por lógica no puede ser de la misma dimensión, alcances, valor y beneficios que aquella de la democracia “pactada”, la de las repartijas.

La democracia de cristal existe. Y es aquella que históricamente se rompe, llevándose en su resquebrajamiento las ilusiones y perspectivas de las clases sociales dominantes. La democracia, como cuerpo vivo social y político, seguirá albergando en su seno las contradicciones dialécticas de la lucha de los contrarios de la sociedad, las que más temprano que tarde se expresarán con la ruptura, en una cualidad superior de  organización, salvo que las fuerzas del retroceso lo impidan o retrasen. Tal situación es posible, pero más posible es una humanidad cada vez más participativa y consciente de sus derechos y obligaciones, orientada a la equidad, la justicia y el bienestar colectivo.
 

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Fernando Luis Arancibia Ulloa
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