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Miércoles
 18 de Septiembre de 2019
OPINION
La fase militar del masismo
miradas
Sábado,  18 de Abril, 2009
Ovidio Roca  La fracción blancoide y ultraizquierda del MAS, que es la que realmente conduce el proceso político en Bolivia, conoce muy bien la receta terrorista de tomar el poder, llevar al paredón, destruir al enemigo de clase (ahora de raza), y construir un estado totalitario. Lo confirma en forma prepotente el Linera cuando declara y sentencia, “No hemos venido a realizar gestión, hemos venido a hacer la revolución” y también, “hemos llegado para quedarnos toda la vida”.
Esta su vocación totalitaria les niega la posibilidad de gobernar en el marco democrático con el que llegaron al poder, no gracias a ellos sino a la identificación étnica de la población que votó por  Evo el “indígena originario”. Ahora estos “revolucionarios” que se colgaron del indio a última hora, se ven obligados a guardar algunas formalidades democráticas, pero fiel a su ambición avanzan rápidamente en su proyecto de poder, destruyendo todo aquello que significa libertad y democracia y lo que les limite ejercer el poder absoluto. Para esto eliminaron el Tribunal Constitucional, el Consejo de la Judicatura, la Corte Suprema de Justicia, prostituyeron la Contraloría y la Corte Nacional Electoral, pues su proyecto de cambio, usando a los indígenas, se reduce a una cosa muy simple, poder total y exclusivo para la elite revolucionaria. Evo Morales dijo hace poco: “imagínense si tenemos el 70 por ciento de la Asamblea Legislativa con nosotros, todo lo que podemos hacer”. Imagínenselo realmente.
A este avance totalitario se viene oponiendo tenazmente la ciudadanía democrática y autonomista de los pueblos del oriente, del sur, clases medias urbanas de todo el país, agrupaciones cívicas, organizaciones políticas, las que con movilizaciones en las calles y en el parlamento vienen  poniendo frenos a los deseos desesperados del MAS de implantar su hegemonía. A la par de esta resistencia y oposición de la ciudadanía democrática, la economía también empieza a complicar el proyecto masista. Al margen de su reconocida incompetencia y corrupción en el manejo de la economía, luego de tres años, los altos precios de las materias primas empiezan a bajar. La política “nacionalista” de expulsar las inversiones esta dando sus frutos y ahora la producción gasífera y de hidrocarburos declina. Se están eliminando los mercados para el gas, gracias a la inseguridad en su provisión. Petrobras anuncia que no están dispuestos a depender de los humores de los vecinos y  manifiesta que sólo cumplirá el contrato y desechará luego la provisión boliviana. Chile anuncia, ninguna molécula de gas desde Bolivia. Los mercados reales, gracias a la política pendenciera y antiempresa han desaparecido, las exportaciones a EEUU con el ATPDEA han dejado a miles de desocupados, lo mismo a la Unión Europea. Se han anunciado mercados potenciales en Cuba, Venezuela e Irán y obviamente no se les vende nada, porque las condiciones cambiarias y otras no lo permiten. Lo que si esta en auge es la cocaína y el flujo de dólares que ingresa por esta exportación que es superior al de la época de García Mesa.
Durante su tercer año y cumpliendo su estrategia, el MAS  trata de mostrar un barniz democrático y se dota de una Constitución y mecanismos electorales para afianzarse en el poder,  apariencia que desgraciadamente acepta la diplomacia internacional.
Aprobada la Constitución trucha, este año 2009 se inició la contienda electoral, y como los masistas necesitan en forma urgente mantener contento o por lo menos tranquilo al pueblo, nada mejor que pan y circo. Usando las reservas monetarias se importará algo de combustibles y los alimentos esenciales, habrá nuevos bonos y miles de proclamas, discursos, manifestaciones, marchas, miles de horas de televisión y radio.
Pero el año 2010, pasadas las elecciones y si el MAS logra imponerse en las mismas, la situación económica y social se pondrá catastrófica. Ya no habrá reservas monetarias para importar alimentos, con la disminución de reservas no podrán sostener el tipo de cambio y vendrá la inflación, tampoco habrá gasolina por la disminución de la extracción de gas, tampoco habrá diesel ni gas licuado y colapsará el transporte y la agricultura. Lo que continuará y se incrementará será la incapacidad y corrupción en el manejo de las instituciones del Estado, el auge de la economía cocalera, el contrabando, el narcotráfico y aparejado una violencia extrema e internacionalizada. Y sin nada que echarle a la olla, empieza el drama pues es en estas circunstancias, cuando ya no se tiene nada que perder, que la gente reacciona y exige pan y libertad y lo que queda al gobierno es darles libreta de racionamiento, palo y represión.
La experiencia de las fracasadas revoluciones comunistas y ahora la de Cuba nos muestran que resulta más fácil gobernar sobre un país sometido, en ruinas, con gente empobrecida y con hambre pues “la libreta de racionamiento” y regalos que el Gobierno reparte a sus seguidores es el mecanismo de chantaje que controla cualquier disidencia, esto ya lo conocemos con los bonos Juancito Pinto, Dignidad, Juana Azurduy, que seguramente no podrán pagar.
Pero siguiendo la historia de las revoluciones comunistas y ahora la masista. Es en esta fase de crisis económica y reacción del pueblo que se inicia el terror y la militarización. Durante los años anteriores el Gobierno ya ha venido excluyendo a los militares institucionalistas, ha comprado a los sumisos con bonos de lealtad (venezolanos) incorporándolos al redil masista. A estas alturas el ejército y la policía son los órganos de represión que el partido de gobierno usa para golpear y amedrentar al pueblo empobrecido y engañado.
Contando con las fuerzas represivas y si logran un parlamento mayoritario en las elecciones de Diciembre, ya no necesitaran mas consultas y llega la hora de frenar la insurgencia popular aplicando la política de fuerza y el “terror jacobino”. Los movimientos masitas seguirán asaltando y avasallando las tierras del oriente buscando la toma de los recursos naturales, expropiando predios urbanos y usando para ello a la etnia aymara como base de apoyo popular. Bajo la consigna gubernamental “no importa si es legal o ilegal”, “le meto nomás”, ejércitos de fiscales y jueces del gobierno asechan y encarcelan a los opositores por el delito de pensar diferente.
A medida que se agudice la crisis económica, radicalizarán su accionar, multiplicarán el uso de las bandas de fiscales y jueces, de terroristas, de militares y policías encapuchados, como ya lo han venido haciendo, para castigar la disidencia y atemorizar a la población. Las cárceles y campos de concentración (en La Paz y el altiplano) se multiplicarán, la crisis alimentaria será disimulada con las tiendas del Gobierno y avanzarán con las “libretas de racionamiento” mecanismo que controla y mantiene sumiso a los hambrientos.
Para evitar el totalitarismo masista que nos amenaza y para no caer en él, se hace urgente y necesario realizar todos los esfuerzos para evitar llegar a la fase crítica de la miseria económica y del terror desembozado. Para empezar tenemos al frente las elecciones de Diciembre y para éstas, la ciudadanía y las instituciones y partidos políticos deben organizarse sobre la base de un plan de gobierno democrático, de unidad nacional con autonomías departamentales y un modelo de economía social de mercado. Es urgente lograr para la democracia el mayor número de curules para evitar el control masista del parlamento. Se debe promover como candidatos de la democracia a los mejores ciudadanos y apoyar en forma unitaria a los que tengan las mejores posibilidades, votando por ellos (al margen de la sigla política que los promueva) y sobre todo evitando dispersar el voto.  
En contraposición al proyecto totalitario y racista del MAS, lo que interesa a los bolivianos es vivir y trabajar en paz, con libertad, con prosperidad y para ello debemos clarificar y compartir el proyecto de país democrático que queremos construir para todos los bolivianos, en el marco de un pacto social para combatir la pobreza y la exclusión, reconociendo al ciudadano boliviano con sus derechos civiles y políticos en un país que asume como un valor positivo la diversidad cultural, evitando así la división y enfrentamiento que nos trae el MAS, entre regiones, entre razas, entre culturas, entre campo y ciudad, que es la vieja formula de dividir para reinar.
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