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OPINION
Tribuna
Como en carrera de caballos
Miércoles,  16 de Septiembre, 2020

Apenas se dio la señal para empezar, los partidos se lanzaron a las calles en pos de los indecisos y de  los incautos.  En un país de carambolas, por ahí le cae a uno, por azar,  un curul. Vivir cinco años  percibiendo una jugosa dieta por sólo levantar la mano, es una gran tentación. En la campaña, sólo  hay que  caminar detrás del jefe,  cantando y gritando como un evadido del gran Hotel Pacheco, de Sucre. 

También hay  milagros. Los candidatos son más gentiles, más educadas; te saludan desde la vereda del frente. Antes ni te miraban, ahora  eres su amigo, su camarada, su compañero. Todo, con tal de que le apoyes. Para no equivocarte,  tienes que ser un poco yatiri  y  escoger  con acierto el partido. Es preciso   arrimarse  al  ganador, sin ver  de qué lado sea; puede ser de  izquierda,  de derecha o todo lo contrario. Es lo de menos. 

La masa cree que  los habladores son  inteligentes, por más que en verdad sea al revés. Los políticos quieren demostrar que son unos genios. Para ellos, el silencio sería una pena  capital, por eso nunca están callados. El discurso es su  mejor elemento. No importa que no digan nada o digan disparates. La masa domesticada tampoco sabe mucho de discursos; sólo aplaude  sin entender nada.   

 El prófugo de Chimoré es el  fundador de esta alta escuela de hablar mucho  sin decir nada. Hoy en día tiene  muchos seguidores.  Un economista que por su profesión era de pocas palabras, ahora se ha vuelto un caudillo populista.  Le han enseñado una cosa muy útil: mentir. ¿Cómo puede no ser mentiroso un político? Oigamos lo que nos dice al respecto Vargas Llosa,  el Nobel de literatura: la política es ante todo “una praxis que exige continuas transacciones con el engaño y la mentira para ser exitosa”

Los sujetos  de marras habían sido  inmunes al  tiempo. Debe ser cierto aquel refrán que dice “Maña y figura hasta la sepultura”. Ello es que ya Azorín, un escritor español de los mejores, que pertenece a la llamada “Generación del 98”, en España, ha trazado esta etopeya: “No hay una cosa más abyecta que un político: es un hombre que se mueve mecánicamente, que pronuncia  discursos y  estrecha la mano de personas a quienes no conoce; que sonríe, sonríe siempre con una estúpida sonrisa automática”. 

Y parece que aquí  no teníamos otro  mejor. La descripción que sigue es del autor de Raza de bronce, Alcides Arguedas: “Sólo a las gentes ordinarias,  sin elevación moral, vanidosas o de poco lastre espiritual atrae la política…Pertenecer a un partido es preocupación de gentes pobres de  espíritu  y de cultura”.

No todos son así, claro está. Pero los de hoy  se parecen mucho a los de ayer.  Y no es que les tengamos ojeriza; hasta ese extremo, no nos interesa. Lo que deseamos es que para no parecerse a aquellos, se corrijan    y actúen con otro perfil; que sean más honestos y más sinceros. Bolivia merece mejor destino; otros líderes, otros políticos.

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Demetrio--Reynolds-
Demetrio Reynolds
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