Siguenos en:
Domingo
 16 de Mayo de 2021
Santa Cruz de La Sierra www.booked.net
+23°C
Parcialmente soleado
OPINION
Miradas
Marca, Comunicación electoral y Comunicación de gobierno en el post-evismo
Domingo,  26  de Enero, 2020

Si la anticipación del comportamiento político es ciencia o cosa de cartománticos y videntes, depende no por completo de si es producida por profesionales de la ciencia política, sino además del tipo de proceso de comunicación política en cuestión.

Hay procesos de corto plazo enfocados en producir gobierno y procesos de largo aliento que buscan generar gobernabilidad. Así, los estudios de gerencia política se dividen en análisis del comportamiento durante el proceso electoral y en estudio de las interacciones gobierno-ciudadanía durante un término o periodo de mandato.

La Comunicación Política es Comunicación Electoral y Comunicación de Gobierno. Ambas tienen como punto de referencia el antes o el después de la elección; el inestable terreno del “hasta” el día de los comicios o la extensa geografía del “desde” el día que un gobierno es constituido.

Desdeño la tendencia a sumergirse en el universo de la predicción del comportamiento electoral, para destacar el análisis del comportamiento ciudadano y la conversación sociedad-estado, como método de anticipación. Me parece un terreno más serio y seguro para hacer ciencia que la inestable elipsis del periodo preelectoral. Por eso, pese a mi reverencia por la trayectoria de Jaime Durán Barba, sostengo que el mejor y más virtuoso “Jaime D” lo hemos visto en tanto comandante de la defensa de la plaza política ganada, que mientras mariscal del fugaz y siempre incierto asalto al cielo. 

Lejos de las definiciones producidas en el ámbito de la mercadotecnia, la marca de una organización política no es cosa dada, ni un factor predefinido o un atributo adquirido y consolidado del candidato. La marca hace a factores dinámicos de la construcción de identidad política; es un dialogo vivo, una conversación abierta y una negociación permanente entre elector y oferta electoral.

En términos políticos la marca es la línea de flotación, no sólo de una campaña electoral sino del periodo político subsecuente-precedente; es el nivel de balance donde el agua señala el punto de quiebre entre carga y capacidad de la conversación gobierno-ciudadano.

Explicaciones reductivas apuntan al MAS como resultado de una dictadura fraudulenta de catorce años, cuando parte sustancial de su hegemonía política fue su efectiva interpelación de sectores clave de la sociedad boliviana y el fluido canal de diálogo político que su marca le proveyó, no sólo en el corto plazo electoral, sino en el proceso de construir consensos de estabilidad durante su prolongado régimen.

La marca fue eje de la comunicación de campaña del MAS en 2005 e hilo de continuidad en su comunicación de gobierno por más de una década. Su marca sustanció una eficaz tribalización de la política, un vuelco a lo endógeno en un momento de necesidad de reafirmación de lo nacional frente al colapso de la economía extractivista y privatizadora; el “neoliberalismo salvaje” de su narrativa.

La permanencia en el poder de Evo responde a una lógica de identificación étnico-biológica con un agente exógeno al sistema político, autor de un cambio abrupto pero percibido necesario, que llevó a empatizar con él incluso a las clases medias criollo-mestizas del occidente andino de Bolivia.

Como proceso comunicacional, la conversación-marca del evismo fue un concierto polimórfico de discursos estéticos, gestuales, prosódicos, proxémicos y sinápticos enfatizando la utopía del “gobierno de los comunes”, los outsiders al sistema político, lo plebeyo no calificado para el poder, pero de pleno y legítimo derecho expectaticio a él.

Anticipo que esa conversación, que sobrevivió aun a la dimisión de Morales, sufrirá una interrupción brusca con la nominación del binomio Arce Catacora y Choquehuanca. El círculo rojo impuso la receta “tecnócrata-indígena”, sobre la racionalidad histórica de un proyecto que interpela desde una etnicidad transversal a lo boliviano, pero además desde la asistemicidad política y la informalidad como argumentos de identificación en la conversación con el constituyente.

La fórmula del MAS es el retorno a la ecuación Goni-Cárdenas (1993) o Quiroga-Yarhui (2014), una subalternización de lo indígena a lo desarrollista-modernista que puede ser una receta más o menos efectiva en el corto plazo electoral pero que es insostenible en términos de identidad y de largo plazo.

El MAS experimentará un nivel de dispersión y desbande inédito en un cuarto de siglo participando del sistema político, no limitado a resultados electorales y sólo comparable al que vivió otro populismo histórico – el del MNR –, que, tras ser autor de la nacionalización del aparato productivo en 1952, viabilizó su privatización en 1985, perforando su marca política y clausurando una conversación prolífica de cuarenta años con el constituyente.

[i] Master en Comunicación Política y Gobernanza por GWU

Acerca del autor:
Erick-Fajardo-Pozo-
Erick Fajardo Pozo
Notas Relacionadas
©2016 Diario El Día Santa Cruz - Bolivia, Dirección: Av. Cristo Redentor, KM 7 zona ”El Remanso” - Teléfono piloto: 3-434040 Fax Comercial y Publicidad. 3-434781 - Fax Redacción 3-434041 - email: eldia@eldia.com.bo  |  Acerca de El Día