Siguenos en:
Jueves
 17 de Octubre de 2019
OPINION
Tribuna
El problema de la justicia boliviana
Martes,  23 de Octubre, 2018

La justicia es uno de los valores excelso del Derecho. Luego tenemos el orden, la paz, la seguridad, el bien común. La ley es una regla de conducta social obligatoria para todos los estantes y habitantes que viven en un determinado territorio, con excepciones de aquellos funcionarios diplomáticos que cumplen funciones activas al servicio de su gobierno (lo cual es discutible en el Derecho Internacional del siglo XXI, porque en base al principio de extraterritorialidad se han cometido delitos como por ejemplo el tráfico ilícito de sustancias controladas u homicidios en el domicilio donde el agente diplomático cumple su función).

El gran dilema, en estos casos, es ¿qué ley le aplicamos si el diplomático es extranjero y su esposa pertenece al país donde el funcionario cumple sus funciones? Este es un tema que debe ser tratado y revisado en el campo internacional. En la actualidad, hay un desprecio por los funcionarios públicos que se encargan de aplicar la ley a las controversias que ocurren en la vida diaria entre las personas.

La ley puede estar escrita muy bien, sin embargo, los que cometen fallas son los aplicadores que por presión política, parentesco, cohecho o prevaricato, tuercen su aplicación provocando injusticias dolosas y malsanas. Existe un lema sagrado que dice: el sometimiento a la ley es la única que no mancilla.

En Bolivia, se observa todo lo contrario porque existen muchas denuncias falsas que despedazan la honorabilidad de las personas y se presume su culpabilidad antes que la inocencia, lo cual constituye una violación a las garantías constitucionales. También existen otras denuncias que son aparentemente verdad, pero que no se las escucha porque se favorece a la otra parte por favoritismo partidario o vínculos familiares o de amistad oculta o por sus muchos recursos económicos que posee.

Para demostrar la verdad o falsedad de los hechos hay que peregrinar y sufrir una ordalía judicial atroz y despreciable hasta el cansancio. Entonces, es evidente que, uno de los grandes problemas de nuestro país es la justicia que se ha entrelazado con la corrupción como dos gemelos univitelinos. Se escuchan exabruptos de gente indolente y corruptor que expresan de forma lisa y atrevida que: “la  justicia  es para los que tienen dólares e inyectan dádivas de color verde, y, por lo tanto la injusticia es para la muchedumbre (pobres) que no aportan su toco correspondiente y, por lo tanto, no tienen la razón”.

Esta aseveración cruel y despiadada es absurda y maniobrera, además de estúpida y malcriada y, demuestra la soberbia de quienes buscan privilegios de la justicia. Es decir, que hay un asedio a la justicia por culpa de los políticos en función de gobierno (nacional y/o departamental), por ciertas personas corruptores, por la avaricia de ciertas autoridades que tratan de enriquecerse ilícitamente del cargo que ostentan, por el maltrato a los litigantes de escasos recursos, el irrespeto a la ciudadanía, la pobreza moral y descrédito de los administradores de justicia, la violencia, etc. Necesitamos una revolución de comportamiento para transformar la sociedad boliviana para volver a creer en nosotros mismos y en las instituciones bajo el respeto a nuestra Constitución y demás leyes vigentes.

No podemos seguir de espectador e impávidos ante el manoseo legal. Tenemos que ser actores y fiscalizadores activos para que se respete el principio de legalidad y la decisión ciudadana porque es el soberano ineludible. El poder no puede ser despótico y terco porque genera confrontación social. La ley debe aplicarse para todos por igual sin favores políticos ni compadres camaleónicos.

•Vicedecano- UAGRM.