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 18 de Noviembre de 2018
OPINION
Tribuna
Mitos y mentiras que ayudan a engañarnos
Viernes,  13 de Julio, 2018

Los políticos y especialmente los populistas, trabajan apelando a la emoción y no a la razón, por esto suelen minimizar los problemas económicos y técnicos de la sociedad y creen que con promesas y discursos voluntaristas van a resolver los asuntos que requieren de trabajo, conocimiento y ciencia. Esta estrategia de los políticos se aprovecha de la conocida propensión de las personas por guiarse por las ilusiones y las esperanzas, pues si no fuera así no tendríamos políticos demagogos y tampoco licenciados maniobreros, saca suertes, yatiris y curanderos.

Olvidamos que el objetivo personal es el de una vida creativa, plena y grata en sociedad, para lo que necesitamos una formación integral basada en principios y valores éticos, que propicien la educación de los ciudadanos y también con aquellos que impulsan el conocimiento técnico y científico, la innovación y la competitividad para que las personas puedan desarrollar todo su potencial.

En nuestras escuelas, seguimos impartiendo una educación formalista y memorista, cuando necesitamos formar a los jóvenes para afrontar el futuro en un mundo cambiante, cada vez más interrelacionado y que avanza a grandes saltos impulsado por la ciencia y la tecnología.

Como información, el nuevo Índice Mundial de Innovación, publicado por el INSEAD y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, sitúa Bolivia a la cola, en el puesto 117 de un total de 126 países a nivel mundial y como el menos innovador de Sudamérica con excepción de Venezuela.

Como ejemplos del estilo de la propaganda gubernamental, distorsionadora y envolvente, están las informaciones sobre el control presupuestario en las que solo se refieren a la cantidad de la inversión pública y no a los resultados, ni a la calidad y oportunidad de la misma; se preocupan por medir la ejecución, el gasto, pues el que gasta todo y se endeuda en esta lógica plurinacional es el capo; pues no interesa el producto como realmente lo valora una buena ama de casa que compra lo necesario, al menor costo y de la mejor calidad.

También hablan del PIB, aunque el pueblo no conoce este índice, o no le cree o poco le interesa, pues lo que ellos ven y sienten es el cómo la economía afecta sus tripas y su calidad de vida. 

En ese juego de indicadores y estadísticas, nos dice un Ministro que estamos felices con el bajo índice de desempleo: 3.3%, aunque sabemos que en los países con un gran mercado laboral informal (el nuestro bordea el setenta por ciento) una baja tasa de desempleo solo señala que “la gente se las busca” en mercados de trabajo precarios e informales y hasta delincuenciales. Tampoco se habla ni se toma en cuenta la calidad, la estabilidad y los beneficios sociales de la fuente de empleo.

Pero lo que es incomprensible es que luego de conocida la hilacha de los gobernantes populistas y de haber sufrido por el fracaso de su mala gestión, la gente se empecine en seguir apoyando algo que sabe o debería saber que no funciona para bien. La conclusión es que en una población enferma de populismo, mientras la economía y la crisis no toque fondo, no aceptara cambiar de modelo lo que confirma el dicho: “Todo pueblo tiene el Gobierno que se merece”.

El reto es que luego del triunfo del: ¡Bolivia dijo No!, pasemos a: Construyamos una nueva Bolivia democrática, próspera y sostenible para todos.

Acerca del autor:
Ovidio--Roca-Avila
Ovidio Roca Avila
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