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 19 de Septiembre de 2018
OPINION
Barlamentos
Politiquería y bien público
Viernes,  13 de Julio, 2018

Pronto serán diecisiete años que escribo una columna semanal. Con mi sardonia usual y una buena dosis de sarcasmo añadida, reviso la receta de este caldo de bruja en que se ha convertido la política nacional, después de un 30 de octubre del año 2001 en que publiqué un análisis de la hoy demonizada capitalización. Sigue vigente la observación de un amigo gringo, de que “a Bolivia le falta orden, todo el mundo hace lo que le da la gana”.

Yo diría que lo que falta es respeto a las leyes. Respeto de todos los bolivianos, porque los bienes públicos son asaltados por nuevos montoneros, esta vez por aquellos que pregonaban un proceso de cambio. El abuso de poder se ha vuelto generalizado para los oficialistas, con el sistema judicial castrado. Los proyectos existen, sí, pero con un sello personal del mandamás prorroguista y el acelerado deterioro de las obras mal hechas. Pululan los delincuentes de cuello blanco, quizá porque no ha cambiado la valoración de la honradez entre moros y cristianos, entre oficialistas y opositores. Nuevos caciques de “republiquetas” privilegiadas son fuente de tránsfugas asombrosos por cínicos, mientras los poderosos andan de viaje lujoso en viaje lujoso.

¿Han mejorado las cosas con el capitalismo de Estado? Antes las empresas estatales no existían o eran feudos que beneficiaban a sus mandamases y poco al país. Para dar poder a leales desplazados, se crearon burocracias estatales hasta de esa almendra que siguen recolectando los esforzados campesinos de sendas selváticas. En YPFB había nepotismo en dar pega a sus centenas de empleados; ahora son miles, porque comprar lealtad al dar empleo es práctica de los nuevos poderosos. Como palomas del parque que espantan bulliciosos niños, migraron las empresas dueñas de la plata y la tecnología. Como rige una distorsión de prioridades, YPFB no dispone de equipos de perforación modernos, se ruega con incentivos antes prohibidos para que retornen los otrora satanizados en el altar de la estatización.

¿Ha cambiado la iniciativa privada con el cambio de patrones foráneos? Bueno, se ha trocado la ingenuidad astuta del gringo por el asiático inescrutable igual o más de matrero. Igual primará el interés capitalista de algún país poderoso que hizo cerrar una fábrica nacional de electrodos nada más que para anular la eventual competencia a la producción de sus empresarios. Recuerdo a un amigo que vendió su mina, y con el nuevo régimen tramitó una credencial de miembro del partido de gobierno. Para evitar abusos, la flamea cuando le visitan funcionarios estatales exigiendo tal o cual requisito.

Sigue vigente lo que decía Walter Lippmann, y pregono yo, empeñoso que soy: “los gobernantes deberían meterse en la mollera que los procesos democráticos solo pueden salvaguardarse a través de un sólido gobierno central, que haga cumplir las leyes a todos los ciudadanos y que no tenga miedo a la opinión pública”. Nuestra democracia tendrá sentido y Bolivia progresará y será equitativa, solo cuando elijamos funcionarios que no puedan ser sobornados, aplacados, o intimidados por grupos privados de interés. Cuando nuestra clase política se conduzca de acuerdo a la filosofía del bien público y de una visión común de patria.

Acertado el antiguo dicho de que la procesión se lleva por dentro. Así contesta la impertérrita madre, que quizá ingirió un par de tranquilizantes en la mañana. Nuestro nieto distrae con el reciente grupo musical “Nanamakashay” donde él toca el piano y yo la curiosa guitarra japonesa cantando mi versión de la jerigonza de ése idioma.

Me acuerdo del nacido en Okinawa. Cada domingo, en Riberalta, cultivaba melodías niponas en una victrola de cucurucho para nutrir su nostalgia. Hay que mantenerse ocupado para que no duelan los ojos y asomen las lágrimas: esta tarde nuestra hija Rocío parte a España, a defender su tesis de doctorado en Salamanca. La vida es un río profundo que a veces acarrea ramas, troncos y piedras en su perenne discurrir.

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Winston--Estremadoiro-
Winston Estremadoiro
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