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 12 de Diciembre de 2019
OPINION
Ciudadano X
Francia 1944, Venezuela 2018
Jueves,  8  de Febrero, 2018

El  secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, emprendió una gira por América Latina para, en sus palabras, “buscar una solución definitiva a la crisis venezolana”. Esta misión incluye reuniones con los mandatarios de varias potencias regionales, con el fin de encontrar consensos hacia un aislamiento integral de la dictadura de Nicolás Maduro.

Extraoficialmente, se especula que la gira de Tillerson podría tener un objetivo más ambicioso: el sondeo de respaldos políticos para algún tipo de intervención internacional que ponga fin al ominoso despotismo chavista.

Ya el jefe de la diplomacia de los Estados Unidos ha enviado señales claras hacia el estamento militar de Venezuela, alentando a una rebelión libertadora que, según se deduce de su mensaje, contaría con el reconocimiento del occidente democrático en general y de Washington en particular.

Se ha llegado a este extremo debido al fraude estructural montado por el régimen del PSUV y sus tutores cubanos, al agravamiento de la crisis humanitaria y, sobre todo, al hecho de que la Venezuela de Maduro, Diosdado Cabello y Tareck El Aissami se está convirtiendo en un auténtico riesgo para la seguridad regional, tanto por la construcción de un narco-estado como por constituir una cabecera de playa de la organización terrorista Hezbollah en el continente.

Las ingenuidades sobre la necesidad de que la transición democrática sólo pueda alcanzarse mediante las urnas y sin intervención externa no pueden hacernos obviar una dura verdad: hay tiranías que no caen sin el compromiso activo, incluso armado, de la comunidad internacional.

Este cuadro se agudiza cuando el despotismo a derribar es en realidad una satrapía, es decir, la cuasi-colonia de una dictadura madre que ocupa militarmente el territorio en cuestión. Ni más ni menos que lo que Cuba viene haciendo con Venezuela, con la presencia de un generalato de la isla que es el que realmente conduce a las Fuerzas Armadas de esa nación.

Extrapolando situaciones, esperar que el castrismo se marche de Venezuela con una farsa electoral montada por sus propios operadores es como pretender que el régimen de Vichy en la Francia ocupada de 1944 hubiera convocado a elecciones libres, para luego pedir gentilmente a las tropas de la Wehrmacht que desalojaran el territorio galo.

En vez de esto, sabemos que la ocupación sólo pudo concluir con el desembarco que dio paso a la liberación.

Venezuela ya fue invadida, de forma solapada y gradual, por una de las últimas tiranías estalinistas del planeta, con el propósito de explotar sus recursos naturales en función del quebrado socialismo cubano.

Todo esto, en asociación con mafias locales y potencias extra-regionales como el Irán de los ayatolas.

Lejos de constituir la aventura imperial que los corifeos del chavismo denunciarían, la intervención de la comunidad democrática internacional conllevaría la devolución de la soberanía al pueblo venezolano, hoy en día expropiada por sus captores cubanos.