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OPINION
Tribuna
Reflexiones peripatéticas septembrinas
Lunes,  2 de Octubre, 2017

Hemos transitado por más de once años por la senda del indigenismo y populismo cocalero y ahora sus beneficiarios por nada quieren soltar la mamadera. Si rememoramos la historia, el Foro de Sao Pablo contribuyo a crear un Icono con la etiqueta #evo indígena, el que posicionaron  con éxito pues lo folclórico tenía predicamento nacional e internacional. Usando esta marca registrada, el grupo palaciego detenta actualmente el poder total del país y además tuvieron la suerte de recibir como herencia de los gobiernos neoliberales: reservas probadas de gas y minerales, gasoductos hacia los mercados, buenos contratos de exportación y  de yapa el mercado internacional les regalo unos precios antes nunca vistos. Si a eso le añadimos la “coca nostra”, tenemos un cuadro de altísima bonanza económica que les ha permitido gastar a troche y moche y hacer que las inversiones en empresas fallidas y los gastos dispendiosos del gobierno pasen desapercibidos. Pero ahora esto se está acabando y ahora ante el rechazo viene la segunda fase: carestía para los trabajadores y clase media, expansión del narcotráfico y represión dura.

Actualmente la gente ve el futuro, cada vez con mayor incertidumbre, en una sociedad donde el indigenismo y el racismo enfrentan los pueblos y  solo queda el discurso populista que ofrece falsas esperanzas. La anarquía es total, cada corporación, o grupo de interés interpela a la autoridad, en la que no cree y por tanto bloquen diariamente para imponer sus intereses particulares y en este ambiente la ciudadanía carece de garantías y seguridad para transitar libremente. 

Durante este proceso de cambio, se ha distorsionado la democracia y entre sus instrumentos, el sufragio, que es una herramienta y no el objeto de la misma; pues de lo que se trata es de elegir bien y con conciencia y no simplemente votar. A su vez las políticas estatales aplicadas no fomentan las actividades productivas, ni dan seguridad al que trabaja y produce bienes y servicios que requieren un tiempo de maduración. Son inexistentes las políticas que garantizan la propiedad y el fruto del trabajo; se promueve el estatismo y el mercantilismo.

También se mantiene un tipo de cambio fijo y sobrevaluado respecto al dólar, mientras las monedas del resto de nuestros vecinos se vienen adecuando al mercado de divisas.

Con el crecimiento poblacional, en el mundo entero el territorio se ha convertido en un objeto escaso y por tanto es tomado y avasallado por los grupos más dinámicos para afianzar su dominio y poder. Los indígenas andinos y los movimientos campesinos cocaleros han venido tomado posesión del territorio amazónico y chaqueño, usando el aparato estatal, las leyes y su reconocida capacidad de movilización.

Para esta estrategia de mitimaes el gobierno usa sus normas y sus funcionarios, como un instrumento de colonización para tomar las tierras del oriente y sur. Usan como arma la Función Económica y Social (FES) que debe cumplir toda propiedad privada del área rural y como la FES es agropecuaria y no contempla criterios ecológicos y de preservación del medio ambiente, los bosques y las tierras, los propietarios se ven obligados a desmontar para demostrar el uso agrícola y ganadero.

Con esta su política el gobierno hace que el negocio más interesante sea contrabandear, importar y se castiga al productor y al exportador. Así se ganan como aliados a aquellos grupos dedicados a actividades ilegales, coca y contrabando, mientras que no se llevan bien con aquellos emprendedores de las regiones donde predominan las actividades legales, agricultura e industria.

Esta toma del control del país se facilita pues el populismo está en la impronta nacional, los bolivianos tenemos una cultura socialista y populista muy arraigada y esto lo notamos cuando leemos o escuchamos las críticas de los opositores. Estos opositores no defienden el liberalismo democrático, más bien critican a los masistas, afirmando que no son verdaderos socialistas pues asumen prácticas neoliberales y les piden mantener la ortodoxia socialista.

Durante estos once años, siguiendo la receta del castrochavismo los países populistas de Latinoamérica cada uno de ellos con sus propias especificidades, han venido practicando un capitalismo de estado y el mercantilismo, asociados con empresarios serviles a los que favorecen con privilegios y monopolios, siempre y cuando sean sumisos al poder y paguen las comisiones correspondientes.  

Con esto han construido un Estado burocrático y devenido a empresario; un Estado frondoso e ineficiente, pésimo administrador, que genera corrupción, burocracia y clientelismo y no cumplen en lo más mínimo las funciones que le competen, como el orden público y la administración de justicia, dejándonos expuestos a la inseguridad y a la violencia. Para el control de su población, han recibido de los cubanos las técnicas del Estado policial: la represión constante pero selectiva, la compra de conciencias a través de la extorsión y el soborno, el espionaje y la delación.

Otro aspecto que llama la atención de los populistas  bolivianos, es que tienen una obsesión por elaborar normas, leyes y reglamentos, los que aprueban a mansalva pero que después ignoran y no cumplen, aplicando el axioma de un expresidente militar: Para mis amigos todo, para mis enemigos la ley y también la declaración Evista: le meto nomas y que después arreglen los abogados.

La oposición hasta ahora no logra organizarse y ponerse de acuerdo y el empresariado nacional y el cruceño  que en un principio pretendió resistir, se acomodó como pudo, aplicando ese dicho pragmático: “si no puedes vencerlos, únete a ellos” y ahora son socios exitosos. Al respecto, escuché en una reunión el sentir de muchos empresarios que en confianza comentaban su convencimiento de que si Evo y su combo no continúa, el país se derrumba pues no hay otro líder que exprese y pueda manejar el sentimiento indigenista de gran parte de la población boliviana y consiga controlar la situación de una economía primaria, extractivista, nada diversificada y poco competitiva y que ellos logran dirigir aplicando esa su política pluriforme, que concede a cada sector: los informales, los cocaleros, los mercantilistas, los financista, etc, el modelo acorde a sus intereses.

A la pregunta ¿Qué hacer?, la respuesta es fácil; todo lo contrario del actual modelo populista: Necesitamos un Estado reducido y con servidores públicos seleccionados por mérito, idoneidad y honestidad; libertad plena y seguridad jurídica para las personas y su propiedad, establecer los límites al ejercicio del poder político y particular, y esto solo se logra si todos nos ponemos de acuerdo en un frente único y un proyecto para aplicar la democracia real y el desarrollo sostenible.