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OPINION
Tribuna
Morales y El Imperio
Sábado,  14 de Mayo, 2016

El 12 de octubre del 2014 el presidente Evo Morales ganó las elecciones presidenciales de Bolivia con un 61% del electorado nacional. Acorde a una nota de prensa del 10 de noviembre del mismo año (publicada por el diario El Deber) el presidente en aquel momento gozaba de un índice de aprobación del 76% en la ciudad de La Paz y un 69% para la ciudad de Santa Cruz y Cochabamba (eje troncal de Bolivia), estos resultaron surgieron producto de una encuesta realizada por la empresa IPSOS, misma que en el mes de agosto del 2015 publicó que la aprobación del presidente había descendido siete puntos (desde el mes de junio), llegando a un 69%.

Esta misma empresa realizó una encuesta durante la primera quincena del mes de febrero del 2016 en la cual los resultados revelaron que un 58% de la población encuestada aprobaba la gestión del presidente Morales en el eje central del país, incluyendo la ciudad de El Alto. Sin embargo es importante recalcar que estas encuestas fueron realizadas antes del mes de febrero con miras a los posibles resultados del referéndum del 21 de febrero (21-F), por el cual el presidente buscaba modificar la Constitución Política del Estado en busca de su reelección.

Mientras IPSOS trabajaba en los resultados citados, el periodista Carlos Valverde reveló (03/02/16) un posible caso de tráfico de influencias, entre el presidente Morales y su ex pareja la Sra. Gabriela Zapata (con la cual habría tenido un hijo). La mencionada señora presuntamente habría sido la representante para Bolivia de una empresa privada de capital extranjero que se habría adjudicado millonarios contratos del Estado los cuales a la fecha son investigados. De esta forma se revelaría un posible tráfico de influencias, corrupción y otras figuras que incidirían directamente sobre la popularidad del presidente afectando los resultados del referéndum. El presidente Morales junto con el oficialismo y su presunta pareja en su afán de aclarar la situación entraron en una serie de contradicciones las cuales a la fecha siguen complicándose.

Posterior a estos acontecimientos y a tan solo días del tan esperado referéndum las redes sociales, así como los medios de prensa acapararon la noticia y de un momento a otro el índice de popularidad del Presidente se vio comprometido poniendo en riesgo la victoria del 21-F. Ante esta situación el presidente Morales atinó a decir que existía una campaña sucia de parte de la oposición al desvelar este tipo de información previo al acto electoral y justificó la acción del periodista Valverde como un acto encubierto dirigido por el imperio norteamericano, habida cuenta que C. Valverde meses atrás se había reunido con el Sr. Peter Brennan (encargado  de Negocios de Washington en Bolivia).

Valverde en su defensa explicó el motivo de la reunión, la cual no tenía nada secreto pues fue por una invitación del Representante de Washington para hablar del nuevo libro publicado por el periodista y por otra parte la reunión fue en un lugar público. Asimismo, dejó en claro la sorpresa que fue para él el hecho que el gobierno lo hubiera estado siguiendo y en ese sentido indicó: “Esto quiere decir que el presidente Morales me hace seguir y yo responsabilizo de mi vida y mi seguridad al mandatario” (El Deber, 14/02/16).

Es importante citar que el presidente Morales desde su primera gestión (2006) en reiteradas ocasiones cuestionó y atacó al Gobierno Norteamericano acusándolo de entrometerse en cuestiones internas del país, promoviendo a la vez inestabilidad en procura de beneficios para “el imperio” (siguiendo el trillado discurso chavista castrista).

Recordemos que el 2008 fue expulsado de Bolivia el embajador Philip Goldberg, mismo que fue acusado de alentar un supuesto divisionismo en el país, asimismo Estados Unidos respondió echando al representante boliviano Gustavo Guzmán. Posteriormente, en noviembre de ese año, fue expulsada de Bolivia la Agencia Estadounidense contra las drogas  y así se iniciaba un roce diplomático entre el país del norte y el país andino. En el mismo mes de noviembre ambos países pactaron una tregua diplomática que duraría poco pues en el mes de mayo del 2013 el presidente Morales expulsaría del país a la Agencia de Cooperación Estadounidense (USAID) a la cual –siguiendo su acostumbrado discurso- acusó de injerencia política.

Llegado a esta época (2016) cabe destacar que nuevamente el presidente acusó al gobierno norteamericano de haber sido el promotor del caso Zapata, lo cual nos hace llegar a la conclusión preliminar que cada vez que no tiene una justificación para algún problema coyuntural simplemente echa la culpa al Gobierno Norteamericano.

En el año 2011 los gobiernos de Bolivia y EEUU decidieron restablecer embajadores para trabajar conjuntamente por el bienestar de ambos países. A la fecha no se ha logrado el acuerdo, ante ello el encargado de Negocios de Washington en Bolivia, Peter Brennan, dijo a un medio de prensa que este proceso tiene pasos que salvar y el primero es restablecer la confianza en base a un respeto mutuo. Acorde a la nota, Brennan y Morales se reunieron en agosto del 2015 y desde entonces solo hubo encuentros protocolares. Brennan concluyó la mencionada entrevista dejando en claro que lo importante era seguir dialogando a pesar de las diferencias políticas o ideológicas pues quedaba mucho camino por avanzar (La Razón, 17/04/16).

Morales por el momento no cuenta con el mejor de los futuros a corto plazo, pues cada semana sale algo nuevo ligado a su trama familiar, al tráfico de influencias y a supuestos casos de corrupción, entre otros casos de interés social.

Asimismo, se encuentra lidiando con el incremento salarial pedido por la Central Obrera de Trabajadores y a la vez preparándose para enfrentar una posible crisis económica producto del bajón en los precios del petróleo, entre otros factores económicos.

Dicho esto, al presidente Morales le conviene dejar de lado aquella trillada excusa de la injerencia del imperialismo y seguir el ejemplo de su mentor Castro el cual (lo reconozca o no) ya abrió las sendas a un cambio en Cuba con el objetivo de promover el comercio interno y mejorar las condiciones de vida de su gente. Ese tipo de decisiones libres de resentimientos del pasado tarde o temprano el presidente Morales deberá tomar, esperemos que sea pronto y que así cumpla con su gente en procura de su tan anhelado “vivir bien”.

Acerca del autor:
Alejandra--Correa-
Alejandra Correa
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