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Miércoles
 19 de Septiembre de 2018
OPINION
Tribuna
Críticas al sistema educativo universitario
Sábado,  20  de Febrero, 2016

Actualmente existe una crítica verosímil en la enseñanza y formación profesional que se imparte en la mayoría de las Universidades del sistema privado boliviano. Pero ¿qué dicen las críticas u observaciones? 1ro. Que éstas se han convertido en “vendedoras” de ilusiones y “traficantes” de la educación porque a sus propietarios sólo les interesa conseguir el mayor lucro posible a través de la captación de estudiantes con oferta de toda clase de facilidades y baúl de mentiras. 2do. Otras han bajado su nivel de exigencia académica porque la educación se ha convertido en un “negocio” al mantener a capa y espada a los estudiantes en sus recintos, presionando a sus máximas autoridades y el plantel docente para que éstos aprueben a sus estudiantes sin excepción porque “pagan” la mensualidad y aunque estén aplazados porque si no se les va el “cliente”. De esta forma el docente vende su conciencia porque por mantener el trabajo traiciona sus principios y se somete al bandolerismo convirtiéndose en cómplice de algunos jefes académicos y coordinadores, formando malos profesionales en cantidad sin calidad en la mayoría de los casos.

En las Universidades públicas y privadas debe  profundizarse materias cada día más recurrentes y actualizadas que toquen aspectos de enorme importancia en lo nacional e internacional  porque el mundo globalizado ha favorecido la internacionalización de la educación universitaria en el campo de la investigación y tecnología que nos afecta y condiciona nuestros actos. La Universidad debe ser concebida como una respuesta a las demandas culturales, sociales y económicas. Estudiosos y entendidos sostienen que la Universidad como institución social, debe organizarse como una empresa educacional con altos niveles de calidad que responda a postulados ideológicos del “desarrollismo constante”. Así, experimentará un acelerado proceso de crecimiento y modernización estructural y funcional que eliminará progresivamente los aspectos “tradicionales” que antes la habían caracterizado y que encerraba a los estudiantes universitarios en un círculo vicioso y cavernario.

Todo ello para proveer “los recursos humanos que el sistema demanda en el siglo XXI”, con una orientación técnica que sitúe a la Universidad como políticamente neutral frente a la sociedad en que se encuentra inserta. Pero éste tipo de Universidad debe también tener rasgos propios que la identifiquen, como ser: “la racionalización de los servicios”, lo que implica: planificación administrativa y docente, a fin de lograr un uso más eficaz de los recursos financieros, materiales y humanos que se traduce en prestigio y valor. Una modificación de la importancia de las carreras en el sentido de incremento de status y ampliación de las especialidades técnicas y de las ciencias sociales. Un ajuste del “producto” de la Universidad a los requerimientos del “sector moderno” con docentes de calidad y creativos para desarrollar las actividades de investigación y de extensión, convirtiendo al docente en líder transformativo comprometido con la formación de competencias en los estudiantes en su profesionalización y en sus actitudes éticas y morales siendo protagonistas activos en el mejoramiento de la calidad de vida de la sociedad.

Las Universidades deben conseguir la calidad en sus procesos, funciones y resultados, así como la vinculación estrecha con los centros de producción científica extranjeros y adecuación de los contenidos de la enseñanza a las pautas de desarrollo de la ciencia y tecnología a nivel internacional. Vivimos una etapa de cambios profundos, fundados en la universalización impulsada por los avances tecnológicos; en la consolidación de los derechos esenciales del ser humano; en la preocupación por el ecosistema y la suerte natural del planeta Tierra; en el perfeccionamiento de los mecanismos políticos de convivencia pacífica.

Nuestras Universidades públicas y privadas deben formar profesionales capaces de encarar los grandes desafíos del siglo XXI, pero además, deben también aspirar a ofrecer a todos los que se profesionalicen otras opciones destinadas al perfeccionamiento y actualización de sus conocimientos para bien de la sociedad. De lo contrario nuestros profesionales serán simples “titulados” en el laberinto de un pasado irremediablemente agotado e intrascendente.

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Pablo Gutiérrez Urgel
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