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OPINION
Barlamentos
El Papa Francisco en México y los indígenas (I)
Viernes,  19  de Febrero, 2016

No sé si fue un error de máquina o un lapso subconsciente. La noticia referente a la visita del papa Francisco a México, y su discurso en Chiapas fue anotado como proveniente de “San Bartolomé de las Casas”, cuando el despacho provenía de San Cristóbal de las Casas, ciudad fundada en 1528 por el español Diego Mazariegos, según el reporte. 

Fuese lo uno o lo otro, error o lapso, me dio pie para informar que Fray Bartolomé de las Casas fue un encomendero que renunció a su concesión para convertirse en sacerdote dominico; los franciscanos estaban a favor de los conquistadores, evidencia entonces de una Iglesia no tan monolítica. Asqueado de los abusos de los españoles a los indígenas, Bartolomé de las Casas denunció en 1514 a la “encomienda” como una forma encubierta de esclavitud. Sus ideas fueron simpatizadas por los monarcas españoles, desatando primero un debate y luego la revisión de las Leyes de Indias en favor de las llamadas Leyes Nuevas que reflejaban algunos puntos de vista más humanitarios para los indígenas.

Dos corolarios, uno cínico y otro irónico. Las bondades hacia los indios, entre las cuales estaba considerarles como hombres libres que no debían ser esclavizados ni sometidos a trabajos penosos, y prohibir nuevas encomiendas al tiempo de abrogar las de la Iglesia y de los funcionarios reales, fueron circunvenidas por el cinismo de los encomenderos españoles, que decían “obedezco, pero no cumplo”. Por otro lado, los escritos de Bartolomé de las Casas a favor de los indígenas fueron usados como evidencia por los enemigos de la potencia hispana, para sustentar lo que devino a ser la “leyenda negra” en contra de Madrid, de parte de ingleses y otros europeos quizá igual o más crueles con gentes autóctonas del Nuevo Mundo. ¡Qué ironía!

Coincidieron el papa Francisco en México y el Banco Mundial en referirse a los indígenas. 

El pontífice rebelde, como algunos le llaman, lamentó “como de modo sistemático y estructural, sus pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad”, considerando “inferiores sus valores, su cultura y sus tradiciones”. Lo dicho en el estadio municipal de San Cristóbal de las Casas, sin mengua de la verdad podía haberlo dicho en el estadio de Quillacollo o en el de Riberalta. ¿Sería verdad en Bolivia eso de que otros “han sido mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado” para despojar a los indígenas “de sus tierras” o realizar “acciones que las contaminaban”? “¡Qué tristeza!”, dijo y buen cura que es, instó “a hacer un examen de conciencia” y a pedir “perdón”. 

Como los encomenderos de antaño, muchos harían el examen de conciencia y pedirían perdón, para luego incidir en el cínico “obedezco, pero no cumplo”. Tal se desprende de un último estudio del Banco Mundial: “Latinoamérica indígena en el siglo XXI”. Puntualiza que “los pueblos indígenas lograron avances sociales significativos, redujeron sus niveles de pobreza en diversos países y mejoraron su acceso de servicios básicos durante la bonanza de la primera década del siglo, pero no se beneficiaron en la misma medida que el resto de los latinoamericanos”. El astro rey puede alumbrar a todos, pero a los indígenas en la sombra solo les llega la resolana. La maldita desigualdad.

En efecto, el estudio indica que en 2010 había alrededor de 42 millones de indígenas en América Latina, cerca del 8 por ciento de la población total. México, Guatemala, Perú y Bolivia representan 80 por ciento del total. Aunque los territorios de origen han sido puntos de referencia de la continuidad histórica, la identidad y la autodeterminación de los indígenas, un 49 por ciento vive en zonas urbanas, donde tienen una y media veces más acceso a electricidad, 1.7 veces más acceso a agua corriente y 1.6 veces más educación primaria completa. La educación secundaria es 3.6 veces mayor y la terciaria 7.7 veces mayor. 

Sin embargo, la desigualdad se exhibe también en el ambiente urbano. Si bien en la ciudad hay casi 40 por ciento menos probabilidad de ser pobre; casi 30 por ciento menos chance de ser pobre extremo, el porcentaje de indígenas que viven en barrios pobres o favelas es casi el doble de los no indígenas, el 36 por ciento de ellos en lugares inseguros, insalubres y contaminados. Acceden dos y tres veces menos a empleos calificados y estables; tienen menor acceso a la seguridad social, seguro de salud, jubilación, etc. 

Incluso si un indígena completa la educación universitaria, dicen, en la ciudad tiende a ganar mucho menos que una persona no indígena. Para qué hablar de la brecha salarial entre mujeres y hombres indígenas. En Bolivia, para citar un ejemplo, las mujeres indígenas ganan 60 por ciento menos que las féminas no indígenas. Para qué hablar de la brecha digital: acceso a Internet y posesión de computadoras.

Limitaciones de espacio, ¡no hombre!, la autocensura previa al referendo del 21 de febrero inhibe tratar la dimensión boliviana del tema. Lo haré en el futuro, aunque tratar de indios, indígenas, campesinos u originarios en nuestra historia se ahoga en lagunas de fuentes serias, además de sesgos del tema tratado por politiqueros. O sea, medias verdades que también son medias mentiras.

 

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Winston--Estremadoiro-
Winston Estremadoiro
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