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Miércoles
 21 de Agosto de 2019
OPINION
Editorial
Vergüenza mundial
Domingo,  6 de Septiembre, 2015

El mundo ha reaccionado con estupor ante la imagen de un pequeño niño que parece dormir una siesta sobre la arena de una playa turca. Lo decimos así porque hasta cuesta pronunciar que lo que ocurrió en verdad con Aylan Kurdi, de tres años, su hermano Galip y muchas otros decenas de miles de seres humanos que huyen de la guerra en el Medio Oriente –una matanza mejor dicho- que lamentablemente es mirada con indiferencia por el resto del mundo.

Los analistas reaccionan con aprensión por la crudeza de la fotografía que tomó una periodista turca, pero muy pocas críticas expresadas con la misma firmeza se han escuchado contra quienes están propiciando una de las peores barbaries vistas en la historia de la humanidad.

Ha tenido que ocurrir lo de Aylan, un hermoso niño que junto a su familia estuvieron peregrinando en busca de asilo, para que muchos se den cuenta de lo que está pasando en Siria y en Irak, donde los miembros del denominado Califato de ISIS vienen ocasionando un verdadero genocidio que ahora toca las puertas de Europa, con una crisis migratoria que los Estados no han sabido y no han querido enfrentar.

Lamentablemente aprendimos muy poco de hechos similares y muy recientes como Ruanda, Liberia, la crisis de los Balcanes, el conflicto en Timor y muchos otros que ahora nos causan vergüenza, porque nos hace ver que la humanidad no ha progresado lo suficiente, la comunidad internacional todavía camina muy lentamente y los países que se hacen llamar desarrollados, civilizados y progresistas, todavía le dan la espalda a estos graves problemas que ocasionan muerte, destrucción, tragedias mayúsculas y grandes holocaustos que pueden evitarse y que a la larga se vuelven difíciles de superar por el trauma que dejan detrás.

Por fortuna, el poder de la gente, la reacción de los ciudadanos a veces suele ser más humanitaria y gracias a las redes sociales y la facilidad de la comunicación digital se han observado iniciativas que buscan socorrer a las víctimas de la crueldad de ISIS, que sin embargo, debe ser enfrentada con la mayor rapidez y efectividad por los gobiernos y los organismos mundiales. En ese sentido, el Vaticano, que desde hace meses viene reclamando por el martirio de miles de cristianos a manos de fanáticos terroristas, ha dicho que por desgracia, adolecemos de la globalización de la indiferencia, fenómeno que a veces esconde algún tipo de complicidad con los grupos violentos, a nombre de las banderas antioccidentales o antiimperialistas, un absurdo que proviene de la miopía de regímenes que precisamente han estado en auge en nuestro continente.

Para colmo de males, justo en nuestras narices está ocurriendo un masivo acto de violación de los derechos humanos que goza del silencio encubridor de nuestros gobiernos, incluyendo el boliviano. Se trata de la deportación de Venezuela de miles de ciudadanos colombianos que además del desarraigo y la ruptura familiar, sufren la pérdida de sus bienes y la brutalidad ejercida por militares al mando del inefable Nicolás Maduro, artífice de una acción jamás cometida ni siquiera por el peor dictador en nuestro continente.

Ha tenido que ocurrir lo de Aylan, un hermoso niño que junto a su familia estuvieron peregrinando en busca de asilo, para que muchos se den cuenta de lo que está pasando en Siria y en Irak, donde los miembros del denominado Califato de ISIS vienen ocasionando un verdadero genocidio que ahora toca las puertas de Europa, con una crisis migratoria que los Estados no han sabido y no han querido enfrentar.

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