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OPINION
Tribuna
'¿Dónde está la plata?'
Martes,  21 de Octubre, 2014

La Fundación Milenio, prestigioso Think Tanks boliviano y del continente, ha presentado en La Paz, en pasados días, una publicación fruto de un equipo de investigación coordinado por el Dr. Juan Antonio Morales, para responder a la pregunta que se formulan los bolivianos en torno a los recursos extraordinarios de la bonanza y los créditos que fluyen al país. Esta cuestión, tratada con la mayor objetividad y solvencia técnica, da para varios análisis. (Konrad Adenauer Stiftung).

La historia económica de Bolivia está caracterizada por la monoexportación y la exigua asignación de recursos a la diversificación productiva del país. Empezó con la plata de Potosí, siguió con el metal del diablo hasta nuestros días, el guano, el salitre, los hidrocarburos y el gas coronaron la histórica explotación de los recursos naturales sin resultados reales.

En el último boom, “la bonanza tuvo como principal protagonista y beneficiario al gobierno nacional, cuyos ingresos aumentaron más de lo que cualquier gobernante se hubiera atrevido a soñar en los años previos. El sector público ha dispuesto entre el 2006 y el 2013 de más de 525 mil millones de bolivianos, gastando un promedio anual que es el triple del gasto promedio en los años previos”, según el documento referido.

Lo paradójico es que –no obstante la bonanza– reaparece la deuda pública, siendo más importante la bilateral y privada que la multilateral. Los créditos bilaterales son significativos con China y Venezuela, y la emisión de bonos al sector privado, con destino a proyectos viales, por diez años y cupones con intereses de 4,875% y 5,95% que comparados con los promedios de endeudamiento anterior del 1,47% y 1,54% se reflejan claramente altos. La política monetaria ha sido subordinada a la política fiscal, con la obligación impuesta al Banco Central de Bolivia de otorgar créditos a empresas públicas estratégicas. Cualquiera que sea el caso, hay una contradicción no resuelta entre mostrar superávit fiscal y seguir acumulando deuda pública y a un rápido ritmo. “Las explicaciones de la autoridades no son convincentes”.

El Dr. Armando Méndez Morales, en un artículo titulado ¿Deuda pública, crisis en el futuro?, sumando todos los conceptos de deuda externa, interna y comprometida, concluye que el Estado Boliviano se mueve hacia una deuda total del orden de los 16,686 millones de dólares, monto nada despreciable –que hubiese sido mucho mayor– si es que no consideramos las varias condonaciones de deuda externa con las que el país se benefició en el pasado. A fines de la década de los años noventa, Bolivia ingresó al denominado grupo de países HIPC (Países Pobres Altamente Endeudados). “La experiencia vivida debería ser una enseñanza para el gobierno de Bolivia. No debemos endeudarnos”.

El libro agrega: “Una política fiscal en tiempos de bonanza económica recomienda utilizar presupuestos estructurales, empleando solo los ingresos ordinarios para cubrir los gastos, de manera que los ingresos extraordinarios se destinen a un fondo de estabilización para financiar gastos en los tiempos de crisis. En Bolivia se expandió el gasto público con tasas de crecimiento de dos dígitos” (¿?)

Informaciones recientes sobre el precio del gas (boliviano) exportado a Brasil y Argentina registra un espectacular descenso en los últimos doce meses: de 7,97 dólares descendió a 4,20 por millón de BTU en el primer caso y de 10,35 a 4,32 dólares en el segundo. Buena parte de la depreciación se debería al desarrollo de las grandes reservas estadounidenses de hidrocarburos de fuentes no convencionales, o sea de yacimientos de “shell gas”. Estados Unidos ya no importa gas, y está en vísperas de ser autosuficiente en petróleo.

En conclusión, los efectos importantes del crecimiento de la economía son notorios, no obstante el periodo inflacionario. También se observa una reducción de la pobreza y una disminución de la desigualdad en la distribución del ingreso. Finalmente, los ingresos extraordinarios han conducido al auge de la construcción, la informalidad y los servicios intensivos en mano de obra no calificada y semicalificada, en desmedro del trabajo calificado con estudios universitarios; por otra parte, el sector cooperativo minero, en razón de los altos precios de los minerales, así como algunos sectores campesinos, resultaron beneficiarios. “La pregunta es si estos desarrollos favorables se sostendrán si cambian las condiciones de la economía”.

Acerca del autor:
Juan-Jose--Bonifaz-B.-
Juan José Bonifaz B.
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