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OPINION
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Por las 'pegas': patria o muerte ¡venceremos!
Domingo,  15 de Junio, 2014

A principios del siglo XX aconteció un caso peculiar con el jurista Juan Misael Saracho, Ministro de Justicia e Instrucción Pública durante la primera presidencia de Ismael Montes (1904-1909). Fue el funcionario que permaneció mayor tiempo en ese cargo. El ministro Saracho recibía frecuentemente recomendaciones de personajes influyentes en la política para dar cargos públicos dependientes a su autoridad. Una vez se le presentó un joven muy bien recomendado y que insistía mucho para obtener un cargo. El ministro ante la impertinencia de aquel, abandonó calmadamente el sillón ministerial y le dijo: “Mi joven amigo, en este ministerio, no hay cargos vacantes y el único cargo que le puedo ofrecer es mi puesto de ministro y si usted quiere, desde luego puede ya ocuparlo”. Le brindó con un ademán despectivo el asiento que había dejado momento antes. El joven aspirante, confundido por el irónico ofrecimiento que le hizo el ministro Saracho, tuvo que darle las gracias y haciendo algunos circunloquios, salió del despacho del ministro para no volver más a molestarlo.

Para evitarse nuevas incomodidades, Juan Misael Saracho hizo colocar en la puerta del ministerio, en un marco grande, el aviso siguiente: “Aquí no hay más cargo vacante que el de Ministro”. Está sugestiva advertencia le dio excelentes resultados. Desde ese día el ministro Saracho se vio libre de la acechanza de los numerosos solicitantes a la función pública.

En la actualidad probablemente ni esa advertencia daría buenos frutos, porque no es extraño que muchos “militantes” impacientes por cargos públicos recurran a los ministerios, viceministerios y direcciones con avales, recomendaciones o estar apadrinado por un influyente hombre público para obtener un preciado cargo. En todos los regímenes y en todos los tiempos lo escaso en la burocracia estatal resultan los cargos, los puestos y las “pegas” para sus “fieles” militantes del partido de turno o para la gente en general que necesita un empleo. Cada cambio de Gobierno o crisis de gabinete (por encima de la ideología) implica pugnas internas por los cargos. Las lecciones de la historia nunca terminan de enseñarnos y recordarnos ciertas similitudes con la actualidad.

Todas las crónicas de la época colonial registran que en el Alto Perú era común comprar cargos para la administración de la corona, como lo era, por lo demás en toda la administración española hasta las reformas borbónicas. En la república la empleomanía fue en todo el siglo XIX el apego masivo a vivir de las finanzas estatales y a estar empleado en un cargo público que distaba de ser un trabajo productivo. En el actual Estado Plurinacional y a pesar del proceso de cambio continúan las pugnas por “pegas”. Como exhortó el presidente Evo Morales: “Algunos están pensando más en cargos y pegas, y aquí, por encima de cargos y pegas, están nuestros principios [que] han dejado nuestros antepasados empezando desde Túpac Katari que dio su vida”.

En lo teórico, en lo ideológico y en el discurso todos los políticos son enemigos del compadrerío, del favoritismo, del nepotismo y del patrimonialismo. Estos mismos personajes en su accionar (una vez encaramado en el poder) actúan no necesariamente mejor que las criticadas y enraizadas prácticas de nuestra política. Los principios éticos, el respeto a la institucionalidad y los valores democráticos se los grita al viento. El poder en la praxis hace que queden en el discurso lo ético y las buenas intenciones. La cruda realidad establece que es más favorable ser amigo, compadre, ahijado, pariente, “llunku” (adulón) de alguna autoridad del oficialismo para obtener algún cargo en la estructura de gobierno. Siguiendo el consejo del viejo refrán: “Quien a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija”.
*Abogado

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Freddy-Zarate-
Freddy Zárate
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