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OPINION
El tacú de papel
¿Dónde está la frontera?
Miércoles,  2 de Octubre, 2013

Los seres humanos se han inventado las fronteras, estimado lector. A lo largo de su historia han impuesto fronteras geográficas a sus semejantes, y al mismo tiempo todo tipo de otras fronteras, como las ideológicas, las económicas, raciales, políticas, científicas, morales y religiosas. Las fronteras, absurdas algunas de ellas, han contribuido al retraso del progreso de la humanidad, hasta el punto que muchos hombres y mujeres tuvieron que rendir la vida por luchar contra las fronteras. Con demasiada frecuencia se olvida a esas adelantadas y valientes personas que a su turno han destrozado tabúes, pulverizado dogmas y abierto el camino a otros paradigmas.

Ellas nos han demostrado que, a menudo, las fronteras han separado a los hombres, sumiéndolos en la ignorancia, sino en la confusión. Así, en determinado momento se ha creído que la Tierra era plana, y que al final de los mares estaba el abismo infinito. El miedo a caer en él ha hecho que solo unos pocos intrépidos se aventuren hacia mar adentro, porque además creían en la existencia de formidables y monstruosas criaturas que los devorarían allende el horizonte.

También creían que nuestro pequeño planeta era el centro del sistema solar. Y encima, que éramos los únicos habitantes del Universo. Fronteras, invisibles hilos que todavía aprisionan con sutileza a los seres humanos.

Sin embargo, el Libro de los Hombres tiene marcada una página donde las dudas se hicieron certezas: el momento preciso en que se celebró la visión cósmica de Copérnico, la audacia de Johannes Kepler para defenderla y el miedo a morir de Galileo ante la amenaza de la Santa Inquisición, que le obligó a retractarse bajo pena de muerte. Ese momento tuvo dos fases históricas: la primera ocurrió en el último vuelo de Apolo a la Luna, cuando se obtuvo la primera y famosa imagen fotográfica del Planeta Azul, que viéndola una y otra vez, es una maravilla porque es nuestro único y delicado hogar. La segunda fue cuando las naves del Proyecto Voyager obtuvieron fotos desde Saturno.

Entonces surgió la pregunta: ¿Y dónde se acaba todo? Descubrimos que somos un minúsculo punto azul en un Universo sin límites, donde existen infinidad de galaxias y sistemas planetarios, donde nuestro Sol es una pequeña estrella cuyo fin ya tiene fecha. El hombre de la era actual está cavando su propia tumba medioambiental. Los expertos de la ONU coinciden que el 95 por ciento del cambio climático se debe a la acción del ser humano. Hoy sabemos que el calentamiento global elevará gradualmente la temperatura del planeta y que por el deshielo aumentará el nivel de los mares con el elevado riesgo de extinción de la vida en el planeta. Está sucediendo demasiado rápido.

Pese a esa grave amenaza, los hombres siguen encerrados en fronteras que los dividen y separan. Los poderosos se reparten el mundo, se inventan guerras para hacerse con recursos naturales que bien pueden compartirse. Contaminan mares y ríos, queman bosques y selvas, envenenan el aire, matan a sus semejantes. Quienes solo buscan poder efímero y riquezas que no se llevarán a la tumba medio ambiental que están cavando, impiden a la humanidad de reconocerse como unidad diversa. Podemos frenar el desastre, pero si el fin es inevitable, recordemos el optimismo de Engels: “Y por una férrea necesidad la vida florecerá otra vez, victoriosa, en otro lugar y en otro tiempo”.

(*) Fernando Luis Arancibia Ulloa es periodista. Médico pediatra. Magíster en Salud Pública y Educación Superior

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Fernando Luis Arancibia Ulloa
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