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Lunes
 9 de Diciembre de 2019
OPINION
Clepsidra
La rebelión de las cebras
Jueves,  12 de Septiembre, 2013

Luego de que los discordes en concordia, en paz y amor se juntaran y un pueblo de paz fundaran para perpetua memoria, pocos o ninguno de ellos se habría imaginado que a 465 años de ese memorable acto, en esta ciudad de Nuestra Señora de La Paz nada cambiaría y el final de las encarnizadas causas y motivos que originaron ese histórico pacto entre pizarristas y almagristas, pareciera no llegar. Siguen todavía vigentes las banderías, un poco más originarias y autóctonas que aquellas, pero con el mismo encono y rabia de entonces.

A cuatro siglos y medio de ese “pacto de cawalleros” no hay día en que los paceños no debamos reptar por nuestras calles, por la falta de un fluido servicio de transporte que nos haga llegar cómodamente a nuestros destinos. Todas las vías son gradual y sistemáticamente obstruidas, y esta arterioesclerosis vial no solo afecta nuestra locomoción, sino también a todas las actividades que impulsan nuestra economía. Los únicos beneficiarios de este demencial estilo de protesta son los fabricantes de cohetes y camaretas, adminículos infaltables en este tipo de demostraciones.

No hay un día en que los paceños no tengamos que soportar paros, bloqueos, desfiles y bailes que bloquean el centro de nuestra ciudad capital, con los más absurdos y baladíes pretextos. Si no son los gremialistas, son los mineros, los maestros u otros movimientos similares  que expresan su protesta mediante el asedio de nuestras principales arterias.  A falta de éstos, están los infaltables danzarines que se encargan de ocluir las calles en días feriados y fiestas de guardar, sin olvidar a los militares y estudiantes que para variar gustan desfilar.

Hace pocos días se ha llegado al absurdo de crear “el día del peatón”, como si no tuviésemos suficiente con caminar todos los días, con la curiosa característica de que es religiosamente respetado por todos, convirtiendo a la ciudad en un desierto donde, debido a las pocas planicies existentes, solo retozan los ciclistas y los perros.

Para mal de nuestros pesares, esta furia obstruccionista pareciera haber influido también en nuestro sistema reproductivo, ya que el último censo de población ha expresado que en los últimos diez años los paceños hemos decrecido en forma notoria, con el riesgo de percibir menos ingresos para los Planes Operativos Anuales de nuestro municipio. Por tanto, la Asamblea de la Paceñidad ha convocado a toda la ciudadanía a cumplir esta semana, cuando no, un paro de protesta contra dicho infundio, observando el debido bloqueo.

Lo lamentable de esta situación es, como dijimos líneas arriba, que nuestra actividad económica también está bloqueada ostensiblemente, con el agravante de no poder  subvenir los gastos que demanda el mantener: 130 diputados, 27 senadores, 20 ministerios, 56 magistrados, 754 jueces, 40000 militares y más de 10.000 policías. Frente a este cuadro desgarrador, solo las infaltables cebras que deambulan desocupadas por las esquinas del centro de la ciudad mitigan con su simpatía nuestro desconsuelo. Rogamos a Dios que el tedio no las lleve al extremo de urdir lo único que faltaría: La rebelión de las cebras.