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 19 de Mayo de 2019
OPINION
Editorial
Torpeza y vergüenza
Martes,  23 de Julio, 2013

Al haber admitido una requisa ilegal a un avión brasileño a fines del 2011, el Gobierno boliviano ha pasado de cometer una torpeza -aunque sea algo pasada- a sufrir una vergüenza. Si bien los reclamos oficiales de disculpas a los países europeos por el incidente del avión del presidente Morales siguen trayendo cola, lo acaecido con el avión del ministro de Defensa del Brasil, Celso Amorim, lo ha puesto en evidencia. En cierta manera, se puede decir que han visto la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el suyo. Comparando los casos, salta a la vista que no son similares, por cierto. El uno tiene que ver con el espionaje internacional, mientras que el otro con el celo antidroga.

De algún modo el caso del avión brasileño se ha ocultado y en su momento ha pasado desapercibido. Por su parte el caso del avión del incidente europeo sigue en boga con bastante ruido pero pocas nueces. En ambos casos se ha cometido excesos y torpezas, por motivos distintos. Sin embargo, es justamente esta última semejanza la que le quita fuerza al reclamo de Bolivia y los demás países frente a Europa a través de la OEA, Unasur y Mercosur. La primera lección es que no se puede señalar a nadie de haber cometido un error si también se ha cometido el propio, especialmente si se ha ocultado o pretendido olvidar en aras de mostrar una imagen que no corresponde a la realidad.
 
Vistas así las cosas, no debe extrañar a nadie que la oposición del país se sienta en su pleno derecho de reclamar al Gobierno una postura que no condice con los valores que pregona. Desde esta perspectiva surgen las acusaciones de doble moral, sin que puedan ser rebatidas de manera convincente. La actitud hipócrita que le endosa al Gobierno una oposición que, si bien apoya con reticencias la reacción nacional frente al error europeo, se basa en la idea fija de no dejar pasar la oportunidad de advertirle al oficialismo que no le permitirá forjar una imagen libre de máculas. Ello implica también, un mensaje subliminal para que el Gobierno deje de usar a su gusto el caso del avión presidencial.
 
Ha sido una torpeza de grado mayúsculo haber vulnerado el estatus de inviolabilidad de una aeronave militar extranjera, así sea cometida por efectivos policiales antidroga, y declarar que tales agentes lo hicieron por su cuenta, llevados por un exceso de celo funcionario. Asimismo, resulta otra torpeza pretender achacar toda la responsabilidad a los mismos, cuando es sabido que existen mandos superiores y que estos últimos responden a otras instancias más elevadas, de donde provienen las instrucciones. Una ruptura de la cadena de mando, como se pretende hacer creer, se parece mucho a lo acontecido en Chaparina. Tales semejanzas han tejido un justificado manto de sospecha.
 
Pero peor parece ser la vergüenza de verse sorprendido reclamando a viva voz por algo que también se ha cometido. Esa es la situación del Gobierno al solicitar sanciones para los países europeos involucrados en el incidente del avión presidencial. La oposición ha sido lo suficientemente oportuna para colocar el asunto Amorim sobre el tapete de la dialéctica política y dejar malparado al oficialismo. Vergüenza, porque de pronto se perfila una figura de doble moral que no le sienta bien a nadie, y menos a un Gobierno que libra una inédita batalla diplomática internacional, donde el ejercicio de la ética, los principios y los valores juegan un rol destacado en la credibilidad de quienes participan.

La figura de doble moral no le sienta bien a nadie, y menos a un Gobierno que libra inédita batalla diplomática internacional, donde el ejercicio de la ética, los principios y valores juegan rol destacado en la credibilidad de quienes participan.

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