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OPINION
Miradas
Socialismo Mcdonalizado
Viernes,  7 de Agosto, 2009

Paúl Tapia Goya • Ecuador Ironía postmoderna: la formula maquiavélica que Marx perfeccionó, el “divide y vencerás” (la lucha de clases) se vende cual comida chatarra, gracias al socialismo Mcdonalizado del siglo XXI.
En su libro, “la Mcdonalización de la Sociedad” George Ritzer sostiene que la estandarización consumista, aplicada por las cadenas de restaurantes de fast food se ha extendido “irracionalmente” a toda la sociedad.
Al hablar de los precursores de esta masificación, Ritzer cita a Frederick Taylor, con el trabajo a destajo, -que tornó en mercancía la mano de obra-, y a Henry Ford con su cadena de montajes, que reproduce productos industriales idénticos en volúmenes grandes.
La obra de Ritzer nos sirve para criticar la “irracionalidad” de “radicalizar” en Ecuador el socialismo express (del siglo XXI), de la franquicia ALBA® bolivariana.
A pesar de declararse antiimperialista y antioccidental, esta marca política marxista, utiliza avanzados métodos de fast-food-ización con fondos públicos. El objetivo, al igual que vender comida chatarra, es alimentar  a las masas con resentimiento social -de la manera más rápida posible. Esto es “lucha de clases to go”.
Vemos así que la Fast-food-ización postmoderna no es sólo una norma para restaurantes de comida rápida, sino que invade hasta el arte del estado.
La “irracionalidad consumista” en el caso de la ALBA® se expresa en su rapidez sumaria por crear una clientela cautiva que mantenga partidos oficiales en el poder indefinidamente. Crear una “Clientela cautiva” quiere decir, “evitar que el consumidor abandone determinada franquicia”.
Esto se logra homogenizando la oferta y demanda masivamente, con clubes de consumo. En el caso del Socialismo siglo XXI®, citamos en Ecuador su “voto duro”, el exclusivo “bono-club” por U$s 35 al mes, que “coincide” con el número de la lista del partido oficial. Otro ejemplo es el logotipo full color de “la revolución ciudadana®” (la empresa electoral del partido oficial) impreso en las planillas monocromáticas de los servicios públicos para usarlos como merchandising del partido oficial.
Los clubes de consumidores conducen a un completo control por parte de la franquicia o lo que Ritzer llama “consumidor enjaulado”. El riesgo mayor es que se busque “enjaular al mercado entero” y  luego a la sociedad, de lo que muchos acusan a Bill Gates con Windows.
ALBA® receta a los partidos oficiales terminar con la independencia de poderes, tomarse los bancos centrales y los entes de control, y colocar allí empleados, listos para reproducir el socialismo siglo XXI®.
Por suerte, el autor afirma que hay formas de paliar cualquier proceso masificante, alertando a la sociedad sobre sus “irracionalidades”.
Una de las cosas por hacer frente a la lucha de clases Mcdonalizada consiste en presionar al partido de la revolución bolivariana –capítulo Ecuador- para que reduzca la “irracionalidad”, de adaptar a rajatabla la franquicia chavecista: “Conartel” en Ecuador, “Conatel” en Venezuela; “la patria ya es de todos”, “Venezuela ya es de todos”. ¿Quién dijo “coincidencia”?
De hecho, Fritzer recomienda medidas que lograron reducir, en diferentes industrias, presiones irracionales  como la abusiva “Ley de delitos mediáticos®”, producto nuevo cuyo test market es Venezuela, y que Ecuador, Bolivia y Nicaragua importarán como pan caliente. Se trata de la vieja ley mordaza “descafeinada” con marca exclusiva ALBA, para socializar® el espectro radioeléctrico es decir, repartir frecuencias a los auspiciadores de la franquicia. (Como consta en la declaración de Cochabamba).
Cita Fritzer acciones concretas como el ausentismo sincronizado, los boicots de consumo, etc, que contribuyen a evitar, o al menos a  ralentizar, el proceso de “irracionalidad” consumista en marcha.
Algunas franquicias de comida rápida se han visto forzadas a ampliar sus populares –aunque poco nutritivos- “menus” ante la resistencia militante del consumidor. La introducción de ensaladas y healthy options en los patios de comida, la negativa de abrir locales de comida chatarra en colegios, o la impopularidad de los gobiernos que buscan criminalizar el libre pensamiento, son signos de la resistencia exitosa ante el auge de estas cadenas fast-food-izadas, no importa si la franquicia es un restorán de pizzas o un club de partidos neocomunistas.

autor : Pa?l-Tapia-Goya-?-Ecuador
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