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 25 de Mayo de 2019
OPINION
El tacú de papel
La muerte del carnaval
Lunes,  18  de Febrero, 2013

Afirman los que más han vivido, que el carnaval cruceño nace antes que las demás fiestas carnestolendas del país, luego lo entierran en el carnavalito o “yapa”, pero cosa de mandinga, increíble, no se muere. Al otro año vuelve el carnaval, quizás con más ganas. Se han recogido coplas de esta fiesta popular, que en la pluma del escritor vallegrandino Hernando Sanabria Fernández se lucen graciosas y expresivas: “Carnaval quisiera dos veces al año: Uno de a piecito y otro de a caballo”. Con estas palabras se intenta graficar la peculiar y explosiva alegría cruceña por la llegada del carnaval, la Fiesta Grande. “Estos carnavales quién inventaría, un borracho dicen, qué alegre sería”.
 
Sanabria Fernández nos sigue ofreciendo las coplas de carnaval en su Cancionero Popular de Vallegrande, donde se anuncia el tradicional “entierro” de la Fiesta. “El carnaval viene y después se va. ¿Por qué todo el año no se quedará?”. Los que saben describen el Domingo de Tentación, día del Carnavalito, ocasión para despedir la fiesta con un churrasco al aire libre y música de banda como ambiente de fondo. En los pueblos se estila enterrar un muñeco como símbolo de la fiesta. “El carnavalito ya se me está yendo; traíme mi caballo, voy tras de él corriendo”, reza la copla que pinta de entero el ánimo de los querendones del carnaval, que dicho sea de paso, van escaseando.
 
Le decía un compadre auténtico a otro, a propósito del carnaval: Diga usté, pariente, diga usté su verdá. O yo estoy chipao del tari o nuestro carnaval, el verdadero carnaval cruceño, se nos está muriendo sin que a nadies le importe una pitajaya. Y el cumpa le respondía: Cómo puej, si recién nomáj el Gobierno lo ha declarao Patrimonio Cultural del país. Creo que está máj vivo que nunca y máj alto que piyo bravo. La respuesta no se dejó esperar por parte del primer compadre: Mire usté, pa’ mí lo están acabando aquellos que no respetan a la gente –ya han matao a uno por tirarle un globazo en la cara cuando manejaba su moto- ni a la ciudad, porque la han dejao mugre, de pura maldad.
 
Para otros observadores, el carnaval no tiene un desentierro, simplemente no muere porque solo duerme. Al respecto Aldo Peña canta: “Pero a nuestro carnaval nunca lo van a enterrar, porque el camba nació pa’ bailar, pa’ cantar taquirari y pa’ enamorar”. Y las coplas de Sanabria entonan: “El carnavalito ya se fue volando y a mí me ha dejado mis gustos pagando”. Pero no le voy a mentir al caro lector que estas expresiones reflejan la vivencia de los que aman el carnaval sobre la base de las tradiciones, las que lamentablemente se están perdiendo de manera irremediable. En lugar de la alegría y la confraternidad para disfrutar de estas fiestas, hay quienes han elegido el vandalismo.
 
El alevoso ataque a los frontis de los edificios considerados históricos y patrimonio cruceño en el Casco Viejo de la ciudad, por parte de ignorantes comparseros, cuyas agrupaciones deben hacerse cargo de los destrozos ocasionados, es una muestra de la cara fea del carnaval, la misma que asusta y disgusta a los cruceños de verdad. Por ese camino, la muerte del carnaval camba, tal como se lo conocía de manera tradicional, será un hecho. Siendo así, muy pronto lamentaremos  afirmar que de nada servirán los “entierros” en Domingo de Tentación, donde las coplas dicen su verdad y esperanza: “Ya se va, ya se va y nos deja sin un rial. Ah mamay, ah tatay, hasta el año, carnaval”


*El autor es Periodista, Médico Pediatra, Magíster en Educación Superior
y en Salud Pública.

Acerca del autor:
Fernando-Luis--Arancibia-Ulloa-
Fernando Luis Arancibia Ulloa
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