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OPINION
Clepsidra
Ángeles y Demonios
Lunes,  18  de Febrero, 2013

Mientras los diablos retozaban en medio de las carnestolendas y Lucifer sembraba a su paso por la tierra toda suerte de caos y devastación, la noticia de la renuncia del papa Benedicto XVI a su pontificado, sacudió al mundo y a ese acervo de católicos que supera los mil doscientos millones, dejando una estela de duda y desconcierto.

Al margen de las razones expuestas por  Su Santidad a tiempo de asumir dicha determinación, han menudeado las infaltables especulaciones que atribuyen esa decisión a innúmeras causas, menos a la anunciada por el Santo Padre que es la más próxima a la realidad. Conociendo el carácter y la personalidad de uno de los hombres más inteligentes del Vaticano, como es Joseph Ratzinger, quien acompañó,como asesora su antecesor, el hoy beato Papa Juan Pablo II, por cerca a 25 años, es muy fácil entender esa sublime determinación.

Si hay algo que caracteriza al pueblo alemán es su enorme sentido de la seriedad, la responsabilidad y el denuedo con el que acomete las labores que le son encomendadas. Así como fueron fervientes nacionalistas, a un paso de dominar el planeta, también respondieron como disciplinados comunistas, cuando después de la guerra quedaron a merced de la Unión Soviética. Hoy, una dama de hierro, otrora militante de la Juventud Libre Alemana (las juventudes comunistas de la República Democrática de Alemania), conduce la política económica neoliberal que subyuga a la mayoría de los países europeos.

Entonces, resulta ocioso dudar siquiera de la pragmática, como responsable resolución papal, menos aún cuando hace tres años, en una entrevista de prensa concedida al periodista alemán Peter Seewald, el Santo Padre le aseguró: “Cuando un Papa alcanza la clara conciencia de que ya no es física, mental y espiritualmente capaz de llevar a cabo su encargo, entonces tiene en algunas circunstancias el derecho, y hasta el deber, de dimitir”. Al parecer, dichas circunstancias ya llegaron.

Empero, lo rescatable de esta histórica decisión pontificia y perfectamente aplicable a nuestra realidad política es la magnífica muestra de humildad y responsabilidad que ella conlleva. Muchos de nuestros países sufren bajo la tiranía de líderes despóticos y autoritarios que han dispuesto por sí y para sí eternizarse en el poder, manipulando ánforas desde sus hospicios de edad provecta y aún otros, desde las salas de terapia intensiva, sin que se les pase por
la cabeza dimitir o dejar que sus pueblos elijan una u otra alternativa.

A fin de demeritar la bizarra decisión de Benedicto XVI, desde las trincheras de esos regímenes totalitarios y de muchas sectas “cristianas” que amenazan la institucionalidad orgánica de la Iglesia Católica, se pretende atribuir la dimisión del Santo Padre a los escándalos que la asolaron. ¡Nada más falso y provocador! Simplemente se trata de la eterna lucha entre el bien y el mal, entre los ángeles y los demonios.

Acerca del autor:
Alvaro--Riveros-Tejada
Alvaro Riveros Tejada
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