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Editorial
Señales de alarma
Lunes,  2 de Abril, 2012

La reciente advertencia de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) sobre un aumento del microtráfico de drogas en el país, no puede pasarse alegremente por alto sin incurrir en un acto de supina irresponsabilidad. Si bien se considera que la lucha contra el tráfico de drogas es una responsabilidad colectiva, tampoco es menos cierto que la obligación de conducir esta tarea de colosal magnitud es una función inherente de las autoridades antidrogas pertinentes. Por ello, junto a la inevitable interdicción del narcotráfico debe jugar un rol destacado la prevención del consumo de drogas entre los grupos vulnerables, como son los escolares y adolescentes.
 
El irrefutable hecho que el narcotráfico está adoptando nuevas modalidades de acción no sólo para abrir nuevos mercados para el consumo de cocaína entre los grupos tradicionalmente receptivos, sino para llegar a grupos altamente vulnerables ubicados en las localidades fronterizas del país, debería hacer saltar las alarmas de la sociedad boliviana. En primer lugar, porque al incremento general del consumo de drogas se ha sumado el elevado riesgo del consumo creciente de estupefacientes en las unidades educativas ubicadas en el eje troncal del país. Esto quiere decir que el microtráfico de drogas está dirigido a los niños y jóvenes como sus potenciales y principales víctimas.
 
Si bien ya se han evidenciado estas señales de alarma hace tiempo, recién se ha tomado conciencia de su envergadura y negativos alcances. Por ello, no extraña que las direcciones departamentales de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN) de Cochabamba y Santa Cruz, se hayan visto obligados a buscar a los directores de las unidades educativas a fin de iniciar campañas conjuntas de control del expendio de drogas y prevención de su consumo entre los estudiantes. Se ha anunciado que este trabajo de coordinación y control ya se ha iniciado en el norte cruceño, donde los vecinos de cincuenta y siete barrios se han pronunciado con profunda preocupación.
 
El expendio en las calles y el consumo de drogas afecta a hombres y mujeres, porque el país ha pasado de productor a país de tránsito y consumo. En ese contexto, la necesidad de modificar el marco normativo legal sobre las drogas se hace imperativa, al mismo tiempo que la prevención del consumo debe involucrar con cada vez mayor fuerza a educadores y padres de familia, a estudiantes y organizaciones sociales de base. Hace falta también un plan coherente del control de expendio en las unidades educativas, sostenible en el tiempo para ser efectivo. Las tareas de prevención suelen ser de largo aliento, por lo que dar los primeros pasos ante las señales de alarma constituye un logro.
 
Sin embargo, todos los esfuerzos corren el riesgo de caer en saco roto si no se lucha con decisión y convicción en otros frentes, como es el freno a la producción de droga y la interdicción del tráfico de estupefacientes. En Bolivia la erradicación de los cultivos excedentarios de hoja de coca exige que esta se realice a marchas forzadas por el potencial riesgo que significa una producción excedentaria dirigida al narcotráfico. Conviene asumir que las labores preventivas requieren una aguda y elevada conciencia del peligro que entraña para las nuevas generaciones el expendio de droga al raleo en las escuelas, colegios y universidades. Sin duda, el capital humano del país está en peligro.

Conviene asumir que las labores preventivas requieren una aguda y elevada conciencia del peligro que entraña para las nuevas generaciones el expendio de droga al raleo en las escuelas, colegios y universidades.